LUTO EN EL PERIODISMO

David era del pueblo

01.05.2021 | 01:19
David era del pueblo

David tenía un secreto. Un súper poder. Bueno, técnicamente no era un secreto, porque él mismo se encargaba de pregonarlo a los cuatro vientos. Era de pueblo. Para ser exactos, de dos: de Artajona y de Uterga. Y, si bien hay personas que tienden a utilizar esta frase de un modo despectivo, David fue un magnífico ejemplo de lo que realmente eso significa. Él mismo lo explicaba en una charla que ofreció en la localidad natal de su padre –me lo estoy imaginando sonriendo al decirlo–: "Cuando fui a la Universidad me di cuenta de que tenía una ventaja evolutiva muy grande: era de pueblo. Porque cuando alguien vive en una ciudad grande, te juntas con la gente que es como tú. Aquí no es así, te tienes que juntar con los que hay, y con diferentes edades. Aprendes a entender a las personas, a ser capaces de hablar con gente de todo tipo. Esta es una habilidad muy importante en la vida. Y cuando sales al mundo no es más que un pueblo un poco más grande". Esa capacidad de empatizar con el individuo que tenía ante sus ojos, bien sea un sicario, un narco, un terrorista o uno de sus paisanos, era uno de sus rasgos más distintivos. Era patente en sus memorables documentales, pero también cuando regresaba a casa. David era una especie de pegamento; un imán para los suyos, que eran muchos. "Ha venido David. Tenemos comida". Era una frase mil veces repetida por su hermano Eduardo o por sus amigos de La Putada, como si de un día marcado en rojo en el calendario se tratase. Un ser humano excepcional que exprimía esos ratos con intensidad antes de cada uno de sus trepidantes viajes. Porque para él, Artajona era un refugio en el que cargar pilas y para Artajona David era el mejor de sus embajadores. Siempre sonriente, acompañado de Rosaura, era habitual verlo algo descolgado del resto de la cuadrilla cuando estaban poteando por la calle empedrada, pero porque le faltaba tiempo para hablar con cada una de las personas que se encontraba por el camino, de preguntarle por las cosas que sabía que les interesaban y de escucharles. Y es que sabía escuchar como nadie, prestaba atención. Era un fuera de serie y no sólo por ser un gran maestro en este viejo oficio de contar historias, como prueba la última entrevista que concedió a Enara; un pequeño tesoro que enternece por su forma de empatizar con una niña de 6 años y explicarle cuestiones complejas de un modo muy sencillo. Por todo, su asesinato se vivió el martes como una bomba en la villa de El Cerco. En pleno corazón de África unos terroristas habían matado a David Beriain, Roberto Fraile y Rory Young. Nuestro David, el hijo de Javier y de Angelines la de la Bodega. Desde entonces su pueblo –también el mío de adopción–, del que tanto presumía, ha reaccionado arropando a su familia con innumerables muestras de cariño que estoy segura no van a cesar. Los abrazos, tan inusuales en estos últimos meses, se antojan estos días necesarios, aunque duelen como nunca y parten el alma. David, una vez más, has vuelto a unir a tus vecinos. Siempre estarás con nosotros, pero creo también que todos estaremos de acuerdo en que te debemos una: no estaría mal que, por ejemplo, el colegio, la biblioteca o la pista llevaran tu nombre. David, gracias.

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