Iñaki Arrizabalaga Etxegoena: "Los suicidios se dan más en hombres porque nos cuesta más pedir ayuda; nos han educado para no llorar y ser fuertes"

11.09.2021 | 17:21
Iñaki Arrizabalaga posa en la sede de Osasunbidea en Pamplona.

Iñaki Arrizabalaga destaca la importancia de la red social y familiar de las personas para prevenir y hacer una detección precoz del riesgo de suicidio

Iñaki Arrizabalaga Etxegoena asumió el pasado febrero la Gerencia de Salud Mental de Osasunbidea cuando se cumplía un año de la pandemia de covid-19. Enfrente se encontró un servicio con una alta demanda a consecuencia en gran medida de la crisis sanitaria, que está provocando un aumento del sufrimiento en la población. Fruto de este "malestar y crispación general", desde Salud Mental están alerta ante un posible repunte de un problema social de primer orden como es el suicidio. De momento, las cifras no hablan de aumento de casos, pero la pandemia ha incrementado los factores de riesgo. Para prevenir estas conductas, Arrizabalaga lo tiene claro: "saber escuchar y saber comunicar que se está mal".

De las 43 personas que se suicidaron el año pasado más de la mitad estaba en tratamiento activo, personas que ya estaban diagnosticadas...

–Sí. Algunas de ellas llevan mucho tiempo y otras, muy poco, hay de todo. Desde el sistema asistencial desarrollamos estrategias y protocolos para prevenir las conductas de suicidio, pero hay veces que no surten efecto y es muy doloroso para la gente que trabajamos con estas personas. Aunque más lo es para sus familiares y su entorno cercano.

¿Qué mecanismos se activan para prevenir conductas suicidas?

–Primero se hace una valoración y después se aplica el tratamiento que se considere más oportuno. En los casos más graves se necesitaría una mayor contención y, según el análisis de la gravedad, si es una situación de alto riesgo se puede plantear la posibilidad del internamiento. En otros casos de menor gravedad se ponen en marcha estrategias de apoyo, de control desde la propia familia, etc.

La familia es un ámbito fundamental para prevenir suicidios, ¿no?

–La familia puede colaborar en todo el proceso. En los casos de riesgo la colaboración de la familia es fundamental para favorecer la comunicación, para tratar a las personas de forma respetuosa, para apoyarles en situación de crisis, de dificultades para tomar decisiones... Los familiares también son importantes para no dejar sola a la persona, algo que cuando hay una red de apoyo es más fácil. La soledad es muy complicada y muy dura. Esto es algo que se ve más en personas mayores, de hecho, hay un índice importante de suicidios en mayores de 70 años, porque la soledad está ahí y es un elemento de riesgo.

¿Qué le lleva a una persona a querer quitarse la vida?

–Sobre todo la desesperanza, el ver que lo que le atormenta no tiene solución, que el sufrimiento que tienen no lo van a superar es lo que precipita el suicidio.

En esa situación desesperada, ¿cuesta pedir ayuda?

–Por lo general, sí, pero hay muchas circunstancias. Por un lado, son personas que están mal, que tienen dificultades para poder expresar su malestar, sus sentimientos, sus ideas... También está el estigma y pueden entender que hablar de su malestar es algo negativo, algo vergonzoso. Luego también hay personas más introvertidas que no tienen tendencia a la expresión emocional o personas que están en contextos de mucha conflictividad con ambientes poco acogedores para hablar. Los suicidios se dan más en hombres también precisamente por eso, porque las mujeres son más propensas a pedir ayuda o a acudir a Salud Mental que los hombres. A los varones nos educan para ser potentes, no llorar y no mostrar debilidad.

¿Hay señales antes de un intento de suicidio?

–Hay señales, sí, todos podemos darnos cuenta. Por ejemplo, cuando un amigo o un familiar no quiere salir a la calle o últimamente está raro, se aísla, etc. Pero es algo que no siempre se percibe. De alguna manera, quizá nos falte esa empatía de preocuparnos por el otro. También la capacidad de admitir que estamos mal, acabar con el estigma y ser capaces de pedir ayuda.

Tras el suicidio quedan la familia y los amigos, ¿cómo es ese duelo?

–Es un duelo traumático y obviamente son personas que necesitan apoyo y hay que trabajar mucho con ellas. Los familiares tienen muchos sentimientos, muchas emociones asociadas a esa pérdida, como la culpa. Además del trabajo que hacemos desde Salud Mental, es muy importante el trabajo de asociaciones de autoayuda como Besarkada en las que hablan personas de igual a igual, gente que ha sufrido una situación muy similar.

¿Qué diferencia hay entre un duelo habitual y uno traumático?

–Cuando hablamos de duelo, hablamos de la pérdida de una persona muy cercana y el sufrimiento que eso conlleva. Pero tras un suicidio se habla de duelo traumático porque la pérdida se da en una situación muy dramática, muy compleja, en la que además se añaden otros sentimientos como la culpa o el estigma. Todo ello hace que la gestión de esto sea muchísimo más compleja.

En el caso de los jóvenes, es la principal causa de muerte, ¿no?

–Sí, es algo que depende del año, de los fallecidos en accidentes de tráfico, etc., pero ahora mismo sí. La gente joven es más vulnerable, porque es una etapa en la que se dan cambios en los ciclos vitales y cuando no se ve, no se ve, da igual que tengas toda la vida por delante. Porque a veces no es fácil tener un alto nivel de autoprevención y habilidades para hacer frente a situaciones. Me explico, es difícil ponerte a pensar que el sufrimiento que tienes ahora está relacionado con este tema concreto y ahora no veo salida pero seguro que si busco apoyos y soluciones en un futuro lo habré superado. Es muy complicado hacer ese análisis cuando estás mal. El suicidio de un joven es muy duro y tiene un impacto a nivel de familia y amigos muy fuerte.

Entiendo que se está trabajando en centros escolares, universidades...

–Sí, claro. Tenemos desarrollados programas de apoyo, de resiliencia, de gestión emocional, de resolución de problemas... Creo que es la vía para prevenir esto, dar recursos a las personas para que puedan afrontar estas situaciones.

Y a nivel de sociedad, ¿qué se puede hacer?

–El suicidio es algo multicausal y es un problema de la sociedad, no solo de individuos concretos. Además, muchos de los factores de riesgo son de tipo social, económico, de exclusión, de marginación, de maltrato, etc. Por eso hay que trabajar a nivel de valores sociales y también en la detección precoz y de factores de protección a nivel general.

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