Quemaduras solares infantiles: cómo prevenirlas y por qué no deben tomarse a la ligera
La exposición al sol en niños requiere medidas específicas para evitar daños en la piel y problemas futuros de salud
El verano es sinónimo de playa, piscina y largas jornadas al aire libre. Sin embargo, también es la época del año en la que aumentan las quemaduras solares, especialmente entre los niños. Aunque muchas veces se consideran una molestia pasajera que desaparece en unos días, los especialistas recuerdan que sus efectos pueden ir mucho más allá del enrojecimiento de la piel.
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La infancia es una etapa especialmente sensible frente a la radiación ultravioleta. La piel de los niños es más fina y vulnerable que la de los adultos, por lo que se quema con mayor facilidad. Además, los daños provocados por el sol son acumulativos, lo que significa que la exposición excesiva durante los primeros años de vida puede tener consecuencias décadas después.
Por ello, la prevención se ha convertido en una de las principales recomendaciones de pediatras y dermatólogos durante los meses de verano.
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La piel infantil es más vulnerable al sol
Los niños pasan gran parte del verano jugando al aire libre, muchas veces sin ser conscientes de la intensidad de la radiación solar. A ello se suma que el agua, la arena o las superficies claras reflejan los rayos solares y aumentan la exposición.
Según recuerda la Asociación Española de Pediatría (AEP), los menores de seis meses no deben exponerse directamente al sol. En los niños de más edad, la protección debe mantenerse incluso en días nublados, ya que las nubes no bloquean por completo la radiación ultravioleta.
Una quemadura solar puede manifestarse con enrojecimiento, dolor, inflamación e incluso ampollas en los casos más graves. Sin embargo, el problema no termina cuando desaparecen estos síntomas visibles.
Las quemaduras que dejan huella
Uno de los aspectos que más preocupa a los expertos es el efecto acumulativo de la radiación solar. La piel tiene memoria y cada quemadura deja una huella que se suma a las anteriores.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que las quemaduras solares sufridas durante la infancia aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de piel en la edad adulta. Por este motivo, los especialistas insisten en que no deben considerarse un incidente normal del verano ni algo inevitable cuando los niños pasan muchas horas al aire libre.
Además del riesgo a largo plazo, la exposición excesiva al sol puede provocar deshidratación, agotamiento por calor y otros problemas asociados a las altas temperaturas.
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Cómo prevenirlas este verano
La mejor estrategia sigue siendo la prevención. Los expertos recomiendan evitar la exposición solar durante las horas centrales del día, especialmente entre las 12.00 y las 16.00 horas, cuando la radiación ultravioleta alcanza sus niveles más elevados.
La protección solar debe combinar varias medidas. El uso de crema fotoprotectora es fundamental, pero no suficiente por sí sola. También conviene utilizar sombreros de ala ancha, gafas de sol homologadas y ropa ligera que cubra parte de la piel.
La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) recuerda que el protector solar SPF 50 debe aplicarse de forma generosa unos 30 minutos antes de la exposición y renovarse cada dos horas, así como después del baño o cuando el niño sude de forma intensa.
Buscar zonas de sombra y fomentar descansos frecuentes también ayuda a reducir la exposición acumulada durante el día.
Qué hacer si un niño se quema
A pesar de las precauciones, las quemaduras solares pueden producirse. Cuando aparecen los primeros síntomas, lo más importante es retirar al niño del sol y enfriar la piel con agua templada o fresca, evitando siempre el agua muy fría.
También se recomienda aumentar la hidratación y utilizar productos calmantes adecuados para la piel infantil. Si aparecen ampollas extensas, fiebre, dolor intenso o signos de malestar general, conviene consultar con un profesional sanitario.
Las quemaduras solares pueden parecer un problema menor, pero los expertos insisten en que la protección durante la infancia es una inversión en salud a largo plazo. Disfrutar del verano y del tiempo al aire libre es perfectamente compatible con una exposición responsable al sol, siempre que se adopten medidas adecuadas para proteger una piel especialmente vulnerable.
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