Del estudio individual al aprendizaje en red: así afronta la generación Z la selectividad
Vídeos, anotaciones compartidas y grupos de mensajería forman parte de una preparación cada vez más colaborativa y digital. El reto es convertir el consumo rápido de contenidos en aprendizaje profundo
La inteligencia artificial es capaz de realizar en segundos tareas que antes requerían horas de estudio, lo que ha convertido la capacidad de aprender a aprender en una de las competencias más importantes del siglo XXI. Esta paradoja afecta especialmente a la generación Z en etapas como la preparación de la selectividad (Ebau), según la experta en innovación educativa Laia Lluch Molins, profesora e investigadora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Diversos estudios apuntan a que el uso moderado de la tecnología puede mejorar el rendimiento académico. Según el informe PISA 2022 de la OCDE, el alumnado que utiliza dispositivos digitales hasta una hora al día con fines educativos obtiene de media 14 puntos más en matemáticas. Sin embargo, un informe de la Comisión Europea (2025) advierte también de efectos negativos como distracciones, dificultades para filtrar información y aumento del estrés por exceso de contenidos.
La experta señala que no es correcto pensar que la generación Z estudia peor, sino de forma distinta y, en muchos casos, más sofisticada. Las herramientas digitales han democratizado el acceso al conocimiento y han transformado la forma de estudiar: vídeos explicativos, resúmenes compartidos, documentos colaborativos y grupos de mensajería forman un ecosistema de aprendizaje constante. Esto ha cambiado tanto las herramientas como la lógica del estudio, que ahora es más híbrido, flexible y multimodal.
"Por favor IA, ayúdame a estudiar para aprobar la Ebau"
Múltiples fuentes
El problema no es el acceso a la información, sino su procesamiento. Frente a modelos más lineales del pasado, hoy un estudiante puede combinar múltiples fuentes: vídeos, apuntes compartidos, explicaciones entre iguales y recursos creados por otros alumnos. Esta diversidad puede enriquecer el aprendizaje, pero exige una habilidad clave: saber discriminar, organizar y transformar la información en comprensión real.
"El estudio en grupo es un antídoto contra la ansiedad frente a la selectividad"
En este contexto aparece uno de los grandes retos del aprendizaje digital: la inmediatez. El acceso rápido a respuestas puede generar la llamada “ilusión de fluidez”, es decir, la sensación de haber entendido algo solo por reconocerlo. Pero la comprensión profunda requiere tiempo, esfuerzo cognitivo y elaboración activa. No basta con consumir contenido: es necesario cuestionarlo, reformularlo, relacionarlo con conocimientos previos y explicarlo con palabras propias.
Las herramientas digitales, bien utilizadas, permiten estudiar de forma más flexible: repetir explicaciones, pausar contenidos o adaptar el ritmo de aprendizaje. Sin embargo, su eficacia depende de lo que el estudiante haga después: tomar notas, hacerse preguntas o contrastar información es lo que convierte un recurso en aprendizaje real. Esto es aún más importante con la irrupción de la inteligencia artificial, que puede generar en segundos esquemas o respuestas. El riesgo, según Lluch, no es la herramienta en sí, sino confundir obtener información con aprender o delegar el pensamiento en la tecnología.
WhatsApp, Discord, Telegram
Otro rasgo clave de la generación Z es la dimensión social del estudio. Grupos de WhatsApp, Discord o Telegram, documentos compartidos y explicaciones entre compañeros forman parte habitual de la preparación académica. Lejos de ser un elemento accesorio, el aprendizaje colaborativo es fundamental. El psicólogo Lev Vygotsky ya defendía que el desarrollo cognitivo ocurre en interacción con otros, en la llamada zona de desarrollo próximo.
"El mayor error que podemos cometer es pensar que la generación Z estudia peor que las anteriores. Estudia de manera diferente, y, en muchos aspectos, de forma más sofisticada"
Estudiar en grupo permite explicar conceptos, detectar errores, reorganizar ideas y consolidar conocimientos. Enseñar a otros es una de las formas más eficaces de aprender. Además, este tipo de dinámicas tiene un efecto emocional importante: reduce la ansiedad, mejora la confianza y ayuda a gestionar la presión de pruebas exigentes como la selectividad. Compartir dudas y experiencias normaliza las dificultades y hace el proceso menos aislado.
No obstante, el aprendizaje colaborativo también tiene límites. Puede generar dependencia del grupo o una falsa sensación de dominio compartido del temario. Por ello, es fundamental combinar el trabajo individual con el colectivo. Los estudiantes más eficaces no son quienes estudian más horas, sino quienes saben alternar momentos de concentración personal, contraste con otros y revisión activa del contenido.
En definitiva, la forma en que la generación Z estudia refleja un cambio profundo en la educación contemporánea. La tecnología amplía el acceso al conocimiento, la colaboración fortalece el aprendizaje y la inteligencia artificial acelera los procesos, pero ninguna de estas herramientas sustituye el esfuerzo mental necesario para comprender, conectar ideas y hacerlas propias. El reto educativo actual consiste en aprender a utilizar estos recursos sin renunciar al pensamiento crítico, la elaboración personal y la autonomía intelectual.