Camino de Siena, en las arterias blancas de la Toscana, bella estampa de viñedos que maceran el Chianti, el vino que perfuma un paisaje de lomas, de cipreses altaneros, de cuellos almidonados, de vías de grava, de ceniciento manto que invoca al cielo grisáceo, donde el viento está lleno de polvo en suspensión, polvo del camino, polvo del trabajo, polvo de los sendas de tierra, polvo que cubre rostros, polvo que ensucia, polvo que decora bicis, polvo en el Palio, polvo en los ojos, polvo que acaricia la Strade Bianche, la clásica de las estradas blancas.

Ese polvo que a todos ciega es el polvo de estrellas que emana de las entrañas de Tadej Pogacar, un cometa de otro tiempo y lugar, un ciclista de otra dimensión.

Es de ciencia-ficción el esloveno, que es magia e incredulidad, una criatura mitológica que emparenta con los dioses, convertidos los humanos en estatuas que entierra en el sterrato de la Toscana, un hogar para el esloveno, Alfa y Omega del ciclismo.

Pogacar alza el puño para celebrar su cuarta victoria en la Strade Bianche. UAE / Sprint Cycling

El inexplicable Pogacar, el misterio pelo teñido de rubio platino, alzó el vuelo en Monte Sante Marie, el tramo de tierra que talla su leyenda en la clásica italiano.

Febril, implacable, a 80 kilómetros del corazón de Siena, de la Piazza del Campo, latió con fuerza Pogacar para saludar en solitario otro laurel con el maillot de campeón del Mundo. 

Repitió la escena del pasado curso. Lo nunca visto. Se coronó por cuarta vez en la Strade Bianche, senda de oro blanco para el esloveno, de nuevo sideral en su entrada triunfal a la ciudad medieval tras su aventura en el sterrato.

El esloveno es un ciclista del Renacimiento, dominador de todas las artes del ciclismo. Sumó otra actuación descomunal, otra gesta de su infinito catálogo de victorias inverosímiles para entronizarse por cuarta ocasión (2022, 2024, 2025 y 2026) bajo la Torre del Mangia, una estrecha torre del siglo XIV con vista panorámica desde su característica corona blanca.

Imparable Pogacar

Blanco sobre blanco. Fundido a negro para el resto en un ciclismo bipolar, a dos tintas. Pogacar y los demás. El esloveno inició el curso en la clásica italiana con su pose de siempre: la de ganador. Lo retomó en el mismo punto en el que colgó la campaña precedente. Subrayó su jerarquía con el estilo de siempre.

Él, la nada y más atrás la desesperanza. Intimidante y dictatorial en otro recital para los anales del ciclismo, que el esloveno completa con caligrafía de oro. El imperio Pogacar continúa. 

Podio final de la Strade. UAE / Sprint Cycling

"En Monte Sante Marie, me dije que iría a por todas y que, o Paul Seixas se pondría a mi rueda o explotaría. Al final, vi que era suficiente”, apuntó el esloveno.

A su espalda, tras el aire y un minuto, brotó la constancia y la determinación de Paul Seixas, la sensación francesa. Con apenas 19 años, en su debut en la Strade Bianche, se sublimó Paul Seixas, que mantuvo un debate estupendo con Isaac del Toro, otro veinteañero, compañero de Pogacar, que completó el podio en el latifundio del esloveno, el imperio de las tierras blancas de la Strade Bianche, que le pertenecen.

Cuando Siena esperaba a 80 kilómetros, un terremoto desgarró el grupo de los mejores, donde se dolieron todos, ante la sacudida de un extraterrestre con aspecto de ciclista. El último en claudicar fue Seixas, orgulloso, joven y talentoso. El futuro que zarandea el presente.

Pogacar, en el momento de soltar a Seixas y con Del Toro al fondo. El podio de la carrera. UAE / Sprint Cycling

Gran actuación de Seixas

El francés mostró la grandeur ante Pogacar hasta que el esloveno agrietó del todo el ímpetu de Seixas, valiente y corajudo. Tres minutos de debate, de algo parecido a la competencia.

Pogacar elevó el tono y el francés, un principiante, tuvo que refugiarse en el grupo de Pidcock, Del Toro, Jorgenson y Grégoire, que después engordó con la llegada de Van Aert, Healy o Pello Bilbao, entre otros. 

Lejos, en otro planeta, en el suyo, del que es el único habitante, el arcoíris de Pogacar ondeaba enérgico por los tramos blancos, a juego con el buzo, el casco, los calcetines y las zapatillas.

Caballero andante en otra exhibición extraordinaria. Estrategia de tierra quemada la suya. En Colle Pinzuto, el esloveno tenía una ventaja de 1:28.

Nada humano derrota al esloveno, tan sobrado que parece competir contra niños frustrados, que solo pueden elevar los hombros y bajar la cabeza ante la supremacía del esloveno.

Strade Bianche


Clasificación

1. Tadej Pogacar (UAE) 4h45:15

2. Paul Seixas (Decathlon) a 1:00

3. Isaac del Toro (UAE) a 1:05

4. Romain Grégoire (Groupama) a 2:04

5. Gianni Vermeersch (Red Bull) m.t.

18. Pello Bilbao (Bahrain) a 7:01

Pogacar es un fenómeno, un misterio inescrutable incluso para la ciencia. Nadie sabe qué es el esloveno, un concepto inexplicable si se atiende a la lógica y el sentido común.

Escapa el esloveno a cualquier patrón, minimizados sus colegas a meros espectadores de sus hazañas y gestas sin parangón.

A cada año, mejor, sin un resquicio para la fatiga, sin poros para el estrés o para el cansancio. Vuela Pogacar mientras el resto gatea.

Else Chabbey vence la Strade Bianche femenina


Si en en la Strade Bianche masculina, todo se redujo a Pogacar, en la versión femenina, la carrera no se decidió hasta las calles de Siena, donde la suiza Elise Chabbey pudo con Niewiadoma, Koch y Longo Boghini en un apretado final en el tramo definitivo.

En los caminos blancos de la Toscana, Pogacar era otra vez libre, salvaje, imperial, imparable. Un jinete al galope que lanzó el puño al cielo para festejar su póker en la Strade Bianche y su 109 victoria en el palmarés en Siena. Pogacar extiende el imperio.