Un año más la Itzulia ha recorrido la Comunidad Foral en la segunda jornada de su 65ª edición, después de que el lunes diera el pistoletazo de salida en Bilbao en una crono individual. De esta manera, el pelotón ha llegado a tierras navarras, para recorrer 164,1 kilómetros entre Pamplona y las cuevas de Mendukilo, acompañados de un gran ambiente a lo largo del día.
El primer punto de encuentro para los aficionados fue el Parque de la Runa de la Rochapea, donde los protagonistas del día estaban citados a las 11.00 horas para realizar la presentación de los equipos y el habitual control de firmas. Además, de la foto de autoridades con el alcalde de Pamplona, Joseba Asirón. En este punto se ha congregado el grueso de los aficionados pamploneses, –entre amantes del ciclismo y familias con niños pequeños que apuran sus últimos días de vacaciones– aprovechando la cercanía a Mikel Landa, Ion Izagire o Paul Seixas para inmortalizar el momento antes de que entraran en acción.
Una vez cortada la cinta y dada la salida –encabezada por Seixas– el pelotón ha encarado la Cuesta de Santo Domingo hacia las 13.10 horas, donde unas 500 personas esperaban en la Plaza Consistorial con ansias, nervios e incertidumbre cuando han aparecido un vehículo y siete motos de la Guardia Civil cortando el tráfico. Medio minuto después, los aficionados han roto el silencio a base de aplausos con la aparición 152 de los 154 ciclistas, en lo que era una salida neutralizada. El español Carlos García Pierna (Burgos Burpellet BH) y el italiano Filippo Fiorellin (Team Visma-Lease a Bike) se quedaron rezagados unos diez segundos y la ciudadanía reunida en el Ayuntamiento de Pamplona-Iruña animó con más intensidad su paso por el Casco Viejo.
Posteriormente, el pelotón ha cogido rumbo hacia los puertos de Etxauri, Zuarrarrate, Aldatz y San Miguel de Aralar, lugares destacados para la afición, donde no han faltado los típicos aplausos y gritos de apoyo hacia el pelotón en las fuertes subidas. Irurtzun, que acogió el Kilómetro Red Bull, tampoco fue menos y los ciclistas recibieron una calurosa bienvenida a su paso por el pueblo.
Y finalmente, en la subida a las cuevas de Mendukilo, más de un centenar de seguidores golpeaban las vallas de la organización al paso de los corredores para dar una última bola de oxígeno antes de encarar la meta.