El calor arrastraba su cola de fuego por Sabiñánigo, el termómetro sudoroso, 30 grados. El junio del cambio climático es todos los veranos calurosos de julio y agosto. Paula Blasi, la sensación que llega, la campeona de la Vuelta, la nueva estrella, no tenía dorsal.
Dolorida por la caída en el reconocimiento de la crono del jueves, con las costillas tocadas, la catalana y los médicos decidieron que lo mejor era parar, descansar y rehabilitarse para medirse al Tour, que espera el 1 de agosto.
Sin la certeza de Blasi en el tablero, el juego era otro. Se abría una ventana de oportunidad. Una grieta por la que la luz podía iluminar un escenario distinto. Inopinado.
En ese hábitat se encendió Mireia Benito, que se elevó por encima del resto de favoritas. Doblete para la catalana. Campeona en crono y ruta. Benito, nueva campeona de España. Se impuso en el repecho final a Sara Martín y Paula Ostiz, a la que le aplastó un directo al mentón.
La sacudida de Mireia Benito. “No me lo creo. Creía que la carrera estaba hecha. Es una victoria muy bonita y única. Es muy emocionante”, expuso la nueva campeona.
La navarra obró de forma notable tácticamente, pero Benito despegó con más ímpetu para alcanzar el trono entre el grupo de seis que se personó en la llegada, en la que Maite Urteaga fue sexta después de una actuación colosal. No se llevó el oro pero consiguió la gloria.
Inteligente, estupenda su lectura de carrera y de la situación, Maite Urteaga comprendió de inmediato el novedoso esquema. No le asustó el sol que hacía tenaza, tampoco el paisaje, el trazado del Campeonato de España femenino, 129 kilómetros.
Quijotesca, imaginando un mundo mejor, esperanzador, se lanzó la ciclista del Eulen-Amenabar a la aventura con el amanecer de la carrera. No necesitó a nadie a su lado.
Se agarró al mantra del que dice que en mi hambre mando yo y decidió pedalear su misión. Una ciclista a una escapada pegada. Impregnada de coraje, brava y valiente, eligió el camino más largo. El de una odisea. Urteaga, zumaiarra, remó con las piernas en el oleaje de un recorrido exigente. Sin miedo a las olas. Determinación y un rumbo fijo.
El arrojo de Maite Urteaga
Devoró tres cuartas partes de la carrera y su renta superaba los tres minutos. Volaba Urteaga, un metrónomo. La respiración y el juego de piernas acompasado. Sinfónica.
Dispuesta a derribar los límites con el ariete de la ilusión. Por detrás, gobernaba el Movistar, el equipo más numeroso hasta que se fue disgregando entre el kilometraje y la fatiga.
Urteaga luchaba contra el mundo. Fue haciendo palanca. Iurani Blanco se movió para rastrear a la de Zumaia, una roca. Se mantenía el pulso.
En los restos del pelotón, donde respiraban Mavi Garcia, Mireia Benito, Sara Martín, Sandra Alonso y se anclaba Paula Ostiz, los nervios y las dudas se entreveraron porque el debate era un asunto privado. Sin muletas de apoyo.
Urteaga, una oda a las pioneras, no se rendía. Gestionaba de fábula el esfuerzo. Impecable su rodar. Su fortaleza mental. A solas con el horizonte. Estaba escribiendo con caligrafía dorada la carrera de su vida. En el retrovisor de la persecución, se activó la guerra de guerrillas.
Sara Martín y Sandra Alonso abrieron gas para enlazar con Iurani Blanco. Las cazadoras se reunieron de nuevo. Giraba la ruleta. Urteaga, más agobiada, reducida la diferencia a la mitad, resistía para encarar la última vuelta al circuito.
Emocionante persecución
Urteaga se refrescó con el agua. Necesitaba refrigerar el motor. Mavi Gacía, tantas veces campeona del estatal, demandaba más rigor para acabar con el atrevimiento de la guipuzcoana, que continuaba con el jaque.
Paula Ostiz, arrullada en cierto anonimato, calculaba sus opciones porque el final, con un repecho, le beneficiaba. La navarra jugaba la carta de la paciencia. Tamborileaba los dedos a la espera del chasquido.
En el grupo de favoritas se imponía el resquemor. Las miradas de desconfianza. La de Urteaga era limpia. No tenía que pensar en el resto. A solas con sus pensamientos en la montaña rusa del recorrido. Mavi García pasó a la ofensiva.
Arrastró a Paula Ostiz, Mireia Benito y Sandra Martín, la campeona en curso. Urteaga buscaba la meta, una travesía por el desierto. Ante la laceración del calor, hielo. Urteaga, seguida de cerca por el Laboral Kutxa-Euskadi, la dignidad por bandera, perseveraba ante cuatro ciclistas del WorldTour. Medio minuto les separaba. Conmovedor su esfuerzo. A un palmo de Sabiñánigo, Urteaga tuvo que capitular tras una actuación descomunal. Apresada por la fatiga y la voracidad de las favoritas, que convergieron en el muro. Allí, al asalto, en un baile a seis de agonía y frenesí sobre un muro, descargó Mireia Benito para coronarse.