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De la Tierra a la Luna: el dilema de los miles de millones de la NASA

El proyecto Artemis supone grandes costes, mientras la Administración Trump quiere recortar en ciencia y se intensifica el debate sobre la carrera espacial

De la Tierra a la Luna: el dilema de los miles de millones de la NASANASA

La nueva carrera espacial comenzó este miércoles con el despegue de Artemis II, la primera misión tripulada hacia la Luna en más de 54 años. La nave Orion ya está en órbita con el objetivo de volver a pisar nuestro satélite y preparar los cimientos de una futura misión a Marte. Pero la conquista del espacio se libra también en la Tierra: qué hacer con el dinero público que financia la exploración espacial y si su destino es compatible con las urgencias sociales y científicas del planeta.

El programa Artemis de la NASA está en el epicentro del debate. El proyecto para devolver a los humanos a la Luna y dar el salto a otros planetas supone miles de millones de dólares que chocan con los recortes que quiere aplicar el Gobierno de Donald Trump en ciencia, investigación y desarrollo y que, por el momento, han tumbado tanto el Senado como el Congreso de Estados Unidos.

Según estimaciones oficiales, el proyecto acumula ya unos 93.000 millones de dólares hasta 2025, una cifra que lo sitúa entre los programas más costosos de la historia reciente de la agencia. Artemis II es solo parte del programa y avanzadilla de lo que vendrá después. Cada misión inicial tiene un coste aproximado de 4.100 millones de dólares —el cohete SLS y la nave Orion—, y los informes de supervisión de la propia Administración Trump han advertido de que el sistema es difícilmente sostenible a largo plazo.

El magnate pretendía un recorte drástico en las cuentas de la NASA, del 24% sobre un presupuesto de 24.900 millones, hasta los 18.000 millones, el más bajo desde 1961. Finalmente se asignaron 24.440 millones de dólares.

Voluntad y dinero

Estos vaivenes presupuestarios alimentan el debate sobre si realmente es necesario regresar a la Luna, para lo cual es necesario mucha voluntad política, que viene condicionada por el dinero, como sostiene Teasel Muir-Harmony, historiadora y curadora de la Colección Apollo del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano. "Se necesita mucha voluntad política para enviar humanos a la Luna. Se trata de inversiones nacionales extremadamente complejas, muy costosas e importantes. Debe ser una prioridad a largo plazo", señalaba en una entrevista a la CNN.

The Planetary Society, que impulsó las protestas contra Trump por sus recortes, sostiene que Artemis es un ejemplo de que la humanidad puede ganar invirtiendo en la NASA. Bill Nye, embajador principal de esta asociación, destaca el hito que supone esta misión "cuando solo hace unos meses la NASAse enfrentaba a recortes presupuestarios devastadores para decenas de misiones científicas destinadas a explorar el Sistema Solar y más allá". Nye recuerda que el presupuesto de la agencia "representa una ínfima parte del gasto federal, pero inspira a generaciones de exploradores. ¡Volveremos a la Luna!".

La NASA insiste en que la exploración espacial genera retornos tecnológicos y médicos concretos, desde avances en el estudio de enfermedades en condiciones de microgravedad hasta mejoras en dispositivos de monitorización y administración de fármacos. Además, defiende que el programa Artemis impulsa un modelo basado en la colaboración con empresas privadas, generando un ecosistema industrial con impacto económico.

Por contra, otras voces mantienen que todos esos recursos deberían destinarse a problemas más terrestres. Insisten en que podrían invertirse en sanidad, biomedicina o lucha contra el cambio climático, cuestionando si la actual carrera espacial responde más a prioridades geopolíticas que a necesidades científicas urgentes.

Contrarrestar a China

El componente geopolítico es clave, sin duda. No se trata solo de ciencia, sino de poder e influencia; y de volver a la Luna antes de que lo consiga China. Los expertos en política espacial Scott Pace, director del Instituto de Política Espacial de la Universidad George Washington, y Dan Dumbacher, profesor adjunto de la Universidad Purdue, indicaron en una ponencia en el Congreso de Estados Unidos que regresar a la Luna era imperativo porque los chinos planean su propio alunizaje tripulado antes de 2030.

"Nuestros competidores globales, principalmente China y sus aliados, están planificando y adelantándonos en su afán por dominar el espacio. Esto representa una preocupación crítica para la seguridad nacional y la economía", declaró Dumbacher.

Pekín ha acelerado su programa espacial con hitos como la misión Tianwen-2 en 2025, orientada al retorno de muestras de asteroides, y el desarrollo sostenido de su estación espacial Tiangong. Si EE.UU. se retrasa, China podría adelantarse, añadiendo presión política a un programa ya tensionado por sus costes.