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Redacción creativa

Redacción creativa

La última aportación terminológica de los maestros del periodismo contemporáneo ha sido la de redacción creativa, con el consiguiente guirigay entre tirios y troyanos que ha terminado como el rosario de la aurora, cada uno en su posición empecinada y todos manchados del chapapote discutidor que no tiene ni pies ni cabeza. Todo ha venido a cuento de fijar los límites de narración periodística y coqueteo con el quehacer literario.

Prensa y literatura tienen en común un eficaz y diario ejercicio de manejo del idioma y sus posibilidades. Periódicos y novelas se apoyan en un dominio lingüístico y sus secretos narrativos, pudiéndose establecer paralelismos y semejantes en el uso de los códigos de cada lengua pero debe de estar meridiana la diferencia entre periodismo y literatura por mucho que se cite a Wallraff, Kapuscinski o Talese.

La frontera separadora entre novela y periodismo es nítida y no debe traspasarse por los oficiantes del periodismo: la novela es ficción, el periodismo son hechos ocurridos y comprobados. Sólo así podremos leer el periodismo escrito, sabedores de que lo que se cuenta es real como la vida misma y que las imaginaciones, suposiciones o recreaciones son técnicas de escritores que hace de la imaginación la fuerza creativa.

No es admisible en aras de una mejora del estilo literario del periodista que se alteren los parámetros de un quehacer profesional que consiste en contar historias reales, ocurridas, contrastadas y comprobadas. Lo demás es producción de la mente que como ya dijera Francisco de Goya: "El sueño de la razón produce monstruos", que son necesarios para la factoría de redacción creativa. La realidad de actualidad no se crea, se cuenta. Lo demás, son ganas de enredar entre Espadas y Cercas; como dice una madura colega no es igual literatura que lenguaje literario.