"Durante la obra, al espectador le preguntamos su opinión y reaccionamos con él, para bien y para mal"
El Teatro Gayarre de Pamplona acoge entre hoy y mañana tres representaciones de la obra 'La función por hacer', dirigida por Miguel del Arco. La actriz Bárbara Lennie, una de la integrantes del reparto de este montaje, desgrana las claves del espectáculo y resume su particular desarrollo
pamplona. La gestación de La función por hacer,
Nosotros empezamos a ensayar el verano pasado, después de que Miguel del Arco nos reuniera a todos; a algunos nos conocía y a otros, como era mi caso, no. Por lo tanto, la única certeza que teníamos era el texto y el montaje; el resto estaba todo por ver. Tuvimos cerca unas 35 sesiones de trabajo, de tres o cuatro horas cada una, y posteriormente hicimos tres días de muestra a compañeros, amigos y programadores. Ahí es cuando apareció Adrien Tabarini, responsable de programación del Teatro Lara de Madrid, que directamente nos contrató para diciembre, mes en el que empezó a bullir todo esto.
Bullir es una palabra que se queda corta si nos atenemos a las críticas que habéis cosechado, en las que los críticos afirman salir entusiasmados de la representación. ¿Cómo está viviendo este éxito teatral?
Con mucha felicidad... Ha sido un viaje muy intenso. Para mí, además es la primera vez que estoy en una función, con una compañía más o menos grande, con un papel que no tiene nada que ver con lo que había hecho antes... Y con esta respuesta tan brutal de los críticos y de la gente. Ha sido muy, muy bonito. Además, como todo esto parte de la voluntad de querer juntarnos y trabajar, de repente, recibir este regalo alucinante es como un premio doble, ya que en ningún momento pensamos que iba poder llegar hasta aquí. O al menos yo no lo pensé.
La obra es una versión de "Seis personajes en busca de autor" de Pirandello, un texto que para muchos ha sido el fundamento del teatro moderno y en la que puede decirse que se rompió por primera vez la cuarta pared. ¿Cómo habéis gestionado la responsabilidad de trabajar con un texto que se puede calificar de histórico?
El texto de Pirandello lo hemos dejado bastante al margen, porque es una adaptación libre y bastante trabajada; y yo creo que para bien. Eso no quita para darte cuenta que, de alguna manera, estás en un texto histórico, que en algunas partes es muy moderno pero en otras quizá se ha quedado atrás. En este sentido, la versión de Miguel y Aitor nos trae a la actualidad, a una compañía del siglo XXI que juega con otros referentes más cercanos a nosotros y que, de alguna manera, movilizan más al espectador. Y, precisamente, en lo que más ha hecho hincapié Miguel ha sido en tratar de que fuera una obra que emocionara al espectador, lo que nos exigía a los actores trabajar en la cuerda floja, al límite de todo. El resultado es un función muy ágil, muy jugada, muy dinámica y en la que romper la cuarta pared es básico; de hecho el montaje no la rompe, la hace añicos. Para nosotros, el espectador y su participación es una parte fundamental del espectáculo. De hecho, les preguntamos sus opiniones y reaccionamos con ellos, para bien y para mal, cuando les gusta y cuando no.
Una agilidad y dinamismo que incluso acerca una obra trascendente al humor, ¿cómo sucede esto?
Depende de los días, la obra se transforma en una comedia. Es algo muy raro pero hay un funciones en las que la gente se ríe muchísimo mientras tú te preguntas que está pasando; es algo que te desconcierta, sobre todo teniendo en cuenta que nosotros venimos con una tragedia a cuestas. De todas maneras, este punto es muy característico de Miguel del Arco, él siempre rompe con los estados de ánimo y con las atmósferas para aturrullar al que lo ve; no te da tiempo a pensar si lo que estás viendo es en serio o en broma. Mientras la mitad del público se ríe la otra mitad está pensando porqué se ríen si están viendo algo terrible. Esta tragicomedia es constante, es un marca del espectáculo porque, de otra forma, sería difícil de digerir por su dramatismo.
Su personaje, además de intenso, no tiene pelos en la lengua y suelta por la boca todo lo que piensa. Algo que, visto lo visto, es mejor hacer sólo en el escenario, sobre todo en el caso de los actores.
Sí, no es fácil. Todo depende de cómo seas tú. En esta profesión estamos expuestos y lo que dices, a veces, puede tener más eco o ser cubierto por los medios de forma específica, lo que hace que se le pueda dar más importancia. Pero no por eso creo que haya que tener miedo a decir nada. Creo que siempre hay gente que opina libremente, algo que me parece admirable, sobre todo en las personas inteligentes.
Habitualmente a los actores se les pregunta por el triunvirato formado por cine, teatro y televisión. Pero, actualmente, habría que sumarle otra variante más, el paro, en el que muchos estáis sumidos durante meses.
Es algo muy duro, es raro... Este trabajo tiene esa cosa tan inestable, tan incierta, que hace que de repente se te junten tres proyectos en medios diferentes y al poco tiempo estés en tu casa esperando que suene el teléfono y alguien te quiera ver para algo. Creo que son dos cosas que hay que vivir con toda la alegría y paciencia que se pueda; y las dos partes tienen su lado para disfrutar. Además, hay que asumir que esto es así y que será así siempre. El trabajo está complicado para todos y para todo el país; y en este medio que siempre está en la cuerda floja, sobre todo en el cine, las cosas están complicadas.