PAMPLONA. El escritor turolense, que con su anterior obra, "La última cena", ya alcanzó el puesto número tres en la lista de los libros más vendidos en Nueva York, con "El ángel perdido" ha llegado al número uno de la lista Nielsen, noticia que el autor acaba de conocer y que ha dado personamente a Efe, asegurando que "aterrizar en Pamplona" le ha dado "suerte".

Sierra ha matizado que "saber que las novelas se venden implica también que se están leyendo", algo que juzga como "lo más importante para un creador y una sensación casi mágica, porque significa que estás compartiendo un universo interno con el mundo y que al mundo le gusta".

Sierra ha explicado que la idea para la novela le sobrevino "viajando", en un paseo por el Museo Británico: "en una vitrina dedicada a Isabel I vi unas reliquias, unas piedras utilizadas por un mago inglés para comunicarse con los ángeles, y me interesé por esta historia, y ése es el germen de la novela".

A partir de ahí, comenzó un proceso de investigación que duró siete años, por lo que Sierra lo ha calificado de relato "elaborado a fuego lento", y aspira a que sea un "long-seller", es decir, que no sólo se venda mucho, sino que se "mantenga y se pueda leer durante mucho tiempo, siendo apreciado en todas partes".

Sierra ha defendido que, frente a "El código Da Vinci", que trata una temática similar a la de su anterior novela, "La última cena", y que, según él, "estaba concebido como puro entretenimiento", sus libros, aunque también "persiguen entretener", contienen además "elementos para pensar y reflexionar".

Sierra ha achacado el gusto por la literatura sobre "teorías de la conspiración" y de corte sobrenatural a un "proceso de transformación social" por el que, según él, existe una "desconfianza hacia las versiones oficiales de la Historia o de la ciencia, reticencia que hace que el lector, que es un espíritu libre por naturaleza, busque alternativas".

Ha señalado a la literatura como un "buen campo para aprender cosas que no se les han enseñado a los lectores en el colegio" y ha situado el inicio de esa desconfianza en "la segunda guerra del Golfo y en los atentados del 11-S, que provocaron que su presidente mintiera a los norteaericanos sobre las armas de destrucción masiva".

Eso supuso, para Sierra, "una fractura en la forma de ver el mundo y una ola que ha inundado a Europa y ahora al norte de África" y ha señalado el "enorme paralelismo" que existe entre épocas como la actual y la medieval, por ejemplo en el "fenómeno del milenarismo, en la sensación de que el mundo se va a acabar y la civilización, a extinguirse".

Sin embargo, Sierra se ha definido como un "optimista crónico" que defiende que "el ser humano es capaz de reconstruir todo", y ha apuntado que en "El ángel perdido" reflexiona sobre el fin del mundo acudiendo al mito más antiguo que trata sobre ello, el del diluvio universal, pero indicando que "la lección con la que hay que quedarse es con la de que, aunque se arrasó todo, al poco nos levantamos".

Para transmitir este mensaje se vale de ángeles, una criatura que, según Sierra, "necesitamos en estos tiempos", al contrario que otras muy populares en la literatura contemporánea, como los vampiros o los hombres lobo, que "sólo aportan terror, algo que ya nos da la vida cotidiaa".

"Los ángeles, en cambio, son los mensajeros de los dioses que traen noticias positivas y cambian el curso de la historia, y en ellos han creído todas las culturas", ha explicado Sierra.