Concierto de nova lux ensemble

Intérpretes: Nova Lux Ensemble, de la Coral de Cámara de Pamplona. Director: Josep Cabré. Programa: monográfico dedicado a Miguel de Irízar y Domenzain; Lamentaciones, motetes, y tonos para el Miserere. Programación: Agrupación Coral de Cámara de Pamplona. Lugar: Museo de Navarra. Fecha: 26 de abril de 2011. Lleno.

PARA situarnos un poco en la época, un año más tarde de morir el artajonés Miguel de Irízar (1635-1684), nacía Juan Sebastián Bach. Así que estamos en ese período musical situado entre la esplendorosa polifonía renacentista y los primeros adornos del barroco. En Irízar participamos un poco de todo. De los enrevesados y magníficos coros polifónicos, de la aparente sencillez de las coplas que parecen surgidas de la calle, de la elaboración de ricos acompañamientos instrumentales, o de la austeridad del canto llano. Un compositor-maestro de capilla que parece componer para todos los estamentos. Los más intelectuales y los más populares. Una música hermosa en su complejidad, a la que hay que acercarse con solemnidad, pero también, con cierta gracia y soltura, cuando se trata de los "tonos" y sus coplas.

Josep Cabré, con su Nova Lux Ensemble, aborda el concierto -exactamente con el mismo programa que el disco recién presentado- con un ensemble pletórico de sonido. A diferencia de algunos grupos de este mismo cariz, afina con el diapasón convencional, no lo baja, y, aunque pueda ser más fatigoso para los cantantes, el resultado es más brillante. Respeta el estilo. O sea, huye del empaste, entendido como unificación de los sonidos, prevaleciendo en todo momento, ese despunte de las voces que van tomando protagonismo. Hay momentos en los que el sonido parece descarnado, sobre todo en algunos agudos, pero se impone el resultado final, el diálogo entre las voces. El acompañamiento de un bajo continuo, a menudo reforzado por el bajón, es el que cimienta y da solidez a la elevación vocal.

Los tonos, a sólo, a cuatro o a dos, con sus coplas, son de especial afectividad y ternura. Se prestan a una interpretación cercana, más teatral, también más terrenal. Con la excelente intervención de la tiorba de Miguel Rincón, se diría que son canciones amorosas. Aunque aquí tengan tema religioso. Sin lugar a dudas son uno de los tesoros más originales que se conservan de la música del XVII español. Cantadas en castellano, nos transportan a los cantos procesionales.

Las lamentaciones son obras más elaboradas. En la Lamentación del Jueves hay juegos y diálogos a dos y a tres muy interesantes. El dúo de voces blancas con la tiorba es uno de los fragmentos más deliciosos. Lo mismo ocurre en la Lamentación Primera del Viernes, muy espiritual, contemplativa, de rica polifonía, que se detiene en el texto. En ambas obras el coro, siempre con elevado compromiso individual, mantiene esa tensión alta que es el verdadero empuje de la polifonía. Sin decaimiento. Sin que asome el cansancio.

El Miserere mei es una obra que alterna el canto llano con la polifonía. Un canto llano poderoso y en matiz fuerte en hombres, muy bien entendido. Y un desarrollo polifónico que, de nuevo, pone a prueba las voces.

Se lucieron las sopranos Ivette González y A. Graffigna; las mezzos Beatriz Aguirre y Lidia Vinyes Curtis; los tenores Jorge Morata y Víctor Sordo; y el barítono X.A. Hoyos. En el grupo instrumental, además del tiorba ya mencionado, hay que destacar a María Crisol y Meritxel Ferrer en el bajón, y a Patricia González en el órgano.

Sin duda una feliz recuperación del patrimonio musical más cercano, que queda grabada no sólo para el deleite, sino también para el estudio.