pamplona. Dice que suele ir "en dirección contraria a la habitual", porque en su concepción de la fotografía no hay vocación de instantaneidad ni interés por el exotismo. Al contrario: hay reposo, detenimiento, y gusto por los parajes cercanos, por esos escenarios que están a la vuelta de la esquina, y a los que muchos ojos no prestarían atención, pero en los que Carlos Cánovas encuentra poesía y redescubrimiento.
En este caso, el fotógrafo se ha limitado a un espacio de apenas dos kilómetros cuadrados, en los términos municipales de Zizur Mayor, donde reside, y Zizur Menor. Allí ha capturado las imágenes que ahora comparte con el público en el Polvorín de la Ciudadela. Séptimo cielo -así se titula la serie que exhibe- nos sitúa frente a escenarios cercanos pero que han perdido aquí su condición de cotidianos en favor de una atemporalidad y una universalidad que detienen el tiempo del espectador, posicionando a éste en el mundo contemporáneo, más que en un paisaje concreto, y ofreciéndole la oportunidad de experimentar qué se siente al contemplar esos escenarios como lo hizo el fotógrafo. Las imágenes de Séptimo cielo, serie en la que Cánovas lleva trabajando desde 2007 y de la que muestra ahora una selección de una treintena de obras, son "reflexiones sobre los escenarios que construimos para vivir", dice su autor. Lugares comunes que nos hablan del hombre de hoy, de su paso y de su huella en el mundo, pero siempre desde el paisaje, urbano o natural, que es el protagonista. Los parajes inmortalizados son cercanos al fotógrafo, a los navarros en general, pero podrían ser sitios de cualquier ciudad occidental del mundo de hoy. "Son modelos, prototipos", apunta el autor, quien concibe estas imágenes como "propuestas poéticas". "Creo que la fotografía está más cercana a la poesía que a la pintura. Muchos fotógrafos lo creemos, entre ellos Paco Gómez, cuya obra también puede verse ahora en la Ciudadela", cuenta Carlos Cánovas, nacido en Hellín (Albacete) en 1951 pero vecino de Pamplona desde el mismo año de su nacimiento, cuando se trasladó con sus padres a Navarra.
El título de la exposición, que se enriquece con un catálogo editado por el Ayuntamiento de Pamplona con textos de Miguel Leache, tiene que ver con una de las fotografías que se muestran. 7º cielo son las palabras impresas que se pueden leer sobre el cierre de una parcela sin construir en Zizur Mayor, escritas por algún grafitero y encuadradas por Cánovas. Técnicamente, la originalidad de esta serie, de la que ya se mostró anteriormente parte en las galerías Mikel Armendia de Pamplona y Kalon de Tudela, radica en que es el primer trabajo de la trayectoria de casi 40 años de Cánovas abordado de una manera exclusivamente digital. Y el primer trabajo íntegramente en color, lo que le ha suscitado "muchas dudas y muy pocas respuestas... ha sido una verdadera experiencia que espero que continúe", asegura.
búsquedas y hallazgos Las imágenes de Séptimo cielo, serie que "está todavía abierta, aún faltan muchas cosas por contar", se vinculan con trabajos anteriores del autor, como Extramuros, sobre la periferia de Pamplona, o Paisajes anónimos. "Cada proyecto es una continuidad de lo anterior", reconoce. De todo lo aprendido, experimentado y vivido.
En sus búsquedas -o hallazgos-, el fotógrafo sale al mundo "cargado con sus conocimientos, sus obsesiones y sus neuras, y dependiendo del momento, descubre de repente algo, como un flashazo, o lo encuentra intencionadamente, porque a veces se trata de experiencias de construcción", cuenta. Tal y como dice un texto del propio Cánovas que da la bienvenida al visitante a la exposición, "el fotógrafo es simplemente un tipo que pasaba por allí, a veces con intención, otras por casualidad".