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"No hay cosa más satisfactoria que viajar en el arte y pisar territorios desconocidos"

Si hay algo que no le cansa a Juan Navarro Baldeweg es el arte, quepara él es a un mismo tiempo trabajo y descanso, reto y compensación.Sólo esa mentalidad explica una obra tan polifacética, cuyas claves se muestran hasta septiembre en el Museo Oteiza de Alzuza

"No hay cosa más satisfactoria que viajar en el arte y pisar territorios desconocidos"IBAN AGUINAGA

pamplona. El tiempo es su gran tesoro, y Juan Navarro Baldeweg está acostumbrado a invertirlo con pasión, sea en la faceta que sea. Cuando mira atrás, le gusta ver su trabajo como "un espacio mental" en el que todo está conectado.

En su obra es difícil ver dónde empieza la arquitectura, dónde termina el arte...

No sólo difícil, sino que no quiero que haya límites. A la larga, lo que más me gusta de mi trabajo es que se muestra en esa polifonía, o en ese ser polifacético, una totalidad de trabajo mental. Un espacio imaginario que puede ser al final una obra de obras, cada una con sus maneras específicas de hacer. Porque el hacer en arquitectura es distinto al hacer en escultura, en pintura o en instalaciones. Cada uno de esos actos reclama un espacio mental diferente. Pero cuando los miro en conjunto, veo una mente más o menos completa. Y pasado ya tiempo, eso es lo que más me gusta de mi propio trabajo. Porque pienso que hay algo natural en los seres humanos, que hace que nos guste ejercitar la mente en todas las facetas.

Arquitectura, pintura, escultura, ¿de dónde saca el tiempo para tanta actividad artística?

Bueno, eso tiene una explicación, y es que unos trabajos son casi el descanso de otros. A lo mejor en lugar de hacer un viaje o irme a la playa en agosto, pues yo estoy pintando ese mes también por las tardes. Hay mucho tiempo, mucho más del que creemos.

También el arte es una manera de viajar...

Sí, es viajar en territorios incluso desconocidos. No hay cosa más gratificante que viajar en el arte, porque encuentras lugares que no existían antes. Ese valor de pionero tiene muchas gratificaciones. El llegar a un punto y poder decir: me parece que esto no está pisado por otras personas.

Suele decir que la arquitectura debe hacer emocionante la vida. ¿Eso se cumple en general?

En general se cumple, sí. La arquitectura debe alertarnos sobre ciertos principios que están a nuestro alrededor, en nuestra mano, y de los que no somos conscientes. Debe hacer más intensa la percepción de la vida.

En su última visita a Pamplona, invitado por la Cátedra Oteiza en el año 2009, aseguraba que era necesario un cambio de valores, a raíz de esta crisis que vivimos. Con todo lo que se está moviendo últimamente en torno al 15-M, ¿es optimista al respecto?

En efecto, siempre lo he pensado, deberíamos cambiar nuestros valores, porque el mundo en esa carrera que se ha llevado es imposible de sostener. Es un problema también de supervivencia, de sostenibilidad. Seguramente hay valores que se están concretando con movimientos como el 15-M. Y no es un tema sólo de la gente joven, es algo que deberíamos pensar todos y cada uno de nosotros. La crisis debería hacernos ver que hay otras maneras de vivir, en un mundo con más respeto hacia el entorno físico, hacia los demás, más igualitario, y sobre todo, hacernos ver que hay formas de tener una vida muy completa sin contar con el dinero como único modo de conseguirlo.

La arquitectura tiene un papel importante ahí, puede acercarnos a la naturaleza, al respeto a la naturaleza.

Sí, pero a la naturaleza entendida como todo lo físico. La arquitectura tiene como fin precisamente eso, hacer que las experiencias de lo que nos rodea, de lo físico, sean más intensas y gratificantes. Hacer que experimentemos la maravilla que es estar en la tierra, la maravilla de lo terrenal, por así decirlo, como un designio propio del arte. Que cualquier momento sea una celebración. Y eso no cuesta dinero.

¿Ha notado el efecto de la crisis económica?

Bueno, como todos los arquitectos, pero tengo obras entre manos fuera de España, así que sigo teniendo bastante que hacer en la arquitectura.

¿En qué proyectos está ahora?

Estamos terminando ya el trabajo de ejecución y van a empezar las obras de un proyecto en Basilea para Novartis, donde tienen un campus muy interesante, con obras de arquitectos muy conocidos internacionalmente. Estamos terminando también un proyecto que lleva muchísimos años, la Biblioteca Hertziana de Roma. Y el Auditorio de Burgos, unos juzgados en Mahón, y estamos a punto de empezar una segunda parte para la Pompeu Fabra en Barcelona, enfrente del parque de la Ciutadella. También está a medio camino una obra en Benidorm, que en estos momentos está paralizada en gran medida por las razones económicas... Tengo bastante trabajo.

Este año ha protagonizado un libro de Conversaciones con estudiantes

Muy bien, son estudiantes de los primeros años de carrera y son unas cosas muy sencillas, es un libro bastante didáctico, o por lo menos así lo han recibido.

Ha trabajado toda su vida como profesor...

Sí, ahora soy profesor emérito. Siempre me ha gustado mucho la enseñanza, me ha dado momentos de gran felicidad. No sé si he sido un buen profesor, pero a mí me ha traído muchos momentos muy agradables. El comunicarte con gente joven es una de las cosas más alegres y más buenas que pueden ocurrirte en la vida.

¿Cómo ve a esos estudiantes que empiezan hoy a formarse con la ilusión de hacer en el futuro sus propias aportaciones a la arquitectura?

Es que lo primero que hay que transmitir como profesor es la ilusión, una ilusión y un entusiasmo muy grande por lo que tienen entre manos, porque puede proporcionarles unas satisfacciones increíbles, y eso es lo primero que hay que tratar de contagiar como profesor a los alumnos. Todo lo demás, los temas funcionales, las medidas, las escalas, los conocimientos constructivos y estructurales..., todo eso viene por añadidura.