DEFINE el diccionario el término fallido como frustrado, sin efecto, fracasado y es estado habitual en el negocio de la tele que se convierte en estercolero o cementerio donde van a parar ruinosos planteamientos, torpes argumentos, deficientes presentaciones o ralos lanzamientos. La teoría y práctica de la industria enseña que nadie posee la clave del éxito y casi todos juegan muchos boletos al número del fracaso, del fallido, que día tras día se cobra víctimas incruentas en las parrillas de las distintas cadenas por el rechazo del personal televidente. El mundo de la tele que está hecho para ganar dinero, déjense de engaños, requiere respuestas inmediatas a las señales de aceptación o rechazo de un nuevo producto por parte de los espectadores que son medidos día a día para saber preferencias, gustos, inclinaciones o rechazos. Es un mercado que como pocos en nuestra sociedad de consumo acepta o rechaza lo que se le propone para la diversión y el entretenimiento, con respuesta inmediata. La sentencia diaria del audímetro desencadena un proceso de decisiones que sin tiempo para respirar obliga a retirar una serie, suspender un programa o paralizar la grabación de más episodios. Es la temida suspensión, retirada o eliminación de productos que no han funcionado en las preferencias de la audiencia y que se convierten en elementos fallidos de la programación en los que no se invertirá ni un euro más. Los ejecutivos viven un sinvivir de cambios, ajustes, eliminaciones tras el éxito que les permita sobrevivir en esta jungla de plástico y fantasía. No hay tiempo para el asentamiento y el reposo, hay que triunfar inmediatamente y la dinámica de la industria del show exige clavarla a la primera, porque no hay tiempo que perder con fallidos, fracasados y desgraciados. Es el implacable mundo de la fantasía televisiva. Esto es todo.
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