Ante las obras de Ciga, el tiempo se detiene. No solo causa admiración la técnica del dibujo, la calidad de la pincelada, también y en especial el alma que contienen estos cuadros, en los que las miradas de los retratados, las luces de los paisajes, las costumbres y los tipos del Baztan..., son testimonio vital y social de una época que, a la vez, hoy, delante de nuestros privilegiados ojos, se vuelve atemporal, universal, eterna.

Todo esto, junto a las ganas de descubrimiento y aprendizaje que caracterizaron los años del pintor navarro en la Ciudad de la Luz, late en la exposición Ciga y París (1912-1914), que acoge hasta el 21 de junio el Palacio del Condestable (1ª planta). La muestra, que se inauguró ayer por la tarde en un acto que contó con la presencia de Gurutze Ciga, la única hija del pintor con vida, está comisariada por Pello Fernández Oyaregui, secretario de la Fundación Ciga y experto y apasionado conocedor de la obra del artista. La exposición conmemora el primer centenario de El mercado de Elizondo y de su admisión en el Salón de Primavera de París de 1914. Junto al célebre cuadro, propiedad del Ayuntamiento de Pamplona, se exhiben otras 25 obras realizadas por Ciga en su época parisina y un retrato de su mujer de 1917 incluido por petición de la familia. Los cuadros proceden de la Fundación Ciga, el Museo de Navarra y colecciones particulares, y se enriquecen con objetos relacionados con el artista expuestos en vitrinas.

La exposición ahonda en lo que supuso París como primer centro artístico a nivel mundial, donde eclosionaban las vanguardias. "Cuando el pintor llegó allí en 1912, París era la ciudad de la luz, del librepensamiento, meca del cosmopolitismo y la libertad. Hechizaba a todos los que iban allí de todos los lugares del mundo, y uno de ellos fue Javier Ciga, que llegaba de Pamplona, otra realidad, una ciudad pequeña que se asemejaba a un pueblo grande, con una economía poco desarrollada, de fuertes vínculos agrícolas y débil estructura mercantil, lo que se traducía en una ausencia de infraestructuras artísticas", relata Pello Fernández Oyaregui. En París Ciga coincidió con pintores como Renoir, Degas, Picasso, Utrillo, Modigliani, Braque, Matisse, Gertrude Stein o Gris. Allí continuó su formación en la Escuela de Bellas Artes y en las academias Julian, Grande Chaumière y Colarossi, donde realizó estudios de desnudos.

"Es una etapa muy singular, en la que Ciga descubre todos los ismos anteriores, fundamentalmente el impresionismo, del que tomó para sus pinturas muchos aspectos, la pincelada amplia, la influencia de Manet en los retratos parisinos... Y el plenairismo. Ciga siempre tuvo muy claro que hay que pintar del natural, tanto paisaje como retrato humano, ese es el ideal de perfección. Ese pensamiento muy clásico está muy arraigado en él", explica el comisario de la exposición, quien asegura que en esta etapa parisina Ciga "fue capaz de pintar algunos de sus mejores cuadros", aludiendo a la obra El mercado de Elizondo, el original desnudo de Combinación de la ruleta, así como sus obras del género del casticismo, retratos o deliciosos paisajes en tablillas de 10x15 en los que capta la atmósfera y la vibración de la luz en el momento. "Y aunque Ciga incorporó muchas cosas de lo que estaba viviendo en París, tampoco se dejó llevar por las vanguardias rupturistas del momento, el fauvismo, el expresionismo, pero sobre todo el cubismo y la abstracción, que hicieron tabla rasa del arte anterior. Ciga no siguió ese derrotero. El tenía muy claro cuál era su concepto de pintura e incorporó lo que creía que tenía que incorporar dentro de ese realismo perfecto que es su estilo", reflexiona Fernández Oyaregui.

El Gran Salón

Un triunfo para Navarra

El gran éxito en París le llegó a Javier Ciga con su participación en el Salón Oficial de la capital francesa, considerado el evento artístico mundial más importante, y como consecuencia con su ingreso como miembro de número en el Gran Salón de París. Un hito para la Navarra de la época, teniendo en cuenta que se contaban por miles los rechazados (en el Salón de los Rechazados). "Solo dos pintores en Navarra han tenido el honor de ser admitidos en el Gran Salón: García Asarta, del cual no se conservan las obras, y Ciga, que concurrió con El Mercado de Elizondo, del que afortunadamente podemos disfrutar aquí y ahora. Para Ciga, una persona entonces muy conocida en Pamplona pero muy desconocida en París, fue un gran triunfo ser admitido, y la prensa de aquel tiempo no ahorró elogios para aquel hecho", subraya Pello Fernández. El experto en Ciga califica su obra de "metapintura, por lo trascendente. Tiene una primera lectura fácil, porque podemos identificar lo que estamos viendo, pero también una segunda y una tercera lecturas mucho más profundas, que es lo que denominamos el realismo metafísico o realismo trascendente de Ciga. Por encima de todo, fue pintor de esencias y verdades, intérprete del alma y de la sociedad de su tiempo".

En cuanto a si Ciga -quien ejerció como concejal del Ayuntamiento de Pamplona por el PNV y no hay que olvidar que fue represaliado durante la Guerra Civil y sancionado económicamente- está hoy lo suficientemente valorado y es conocido como merece en Navarra, Pello Fernández cree que "entre la gente de cierta edad sí está muy interiorizada su obra, porque han convivido con ella. Pero no en las nuevas generaciones". "Nuestro gran reto -añade- es acercar Ciga a los jóvenes de ahora, y que lo vean y lo miren... Y, por supuesto, el reto de hacer un gran museo con Ciga, porque la obra está, y estamos con las instituciones viendo quién es el que recoge este legado que es tan importante y que se merece que tenga un espacio musealizado donde luzca en toda su grandeza".

El comisario de la exposición asegura que "quedarán por ahí muchas obras perdidas" del pintor. Una catalogación de 1992 recogía 348 obras de Ciga; en la que hizo él hace dos años la cifra ascendía a 650, y en estos momentos ya hay en torno a 750, con las que se han ido descubriendo en los últimos años. "Nos podríamos acercar pronto al millar de obras, porque tienen que seguir saliendo cuadros. Está el Ciga perdido en París, pero también en muchos otros sitios", afirma.

Dónde. Palacio del Condestable.

Cuándo. Hasta el 21 de junio, de lunes a viernes en horario de 18.30 a 21 horas, y sábados de 12 a 14 y de 18.30 a 21 horas.

Catálogo. El Ayuntamiento de Pamplona ha presentado el catálogo de la muestra como el primer número de la serie Revisiones. Artistas navarros del siglo XX, correspondiente a una "nueva línea expositiva". La obra recoge, en euskera y castellano, un estudio histórico-artístico de Ciga a cargo de Pello Fernández Oyaregui, y las fichas de los cuadros expuestos.

Actividades complemenarias. Conferencia de Pello Fernández Ciga en Paris (1912-1914), academias y salones, 29 de mayo a las 19 horas; y visita guiada con el comisario, 31 de mayo a las 19 horas.

Cuadros inéditos. El Condestable acoge varios cuadros de Ciga que no se habían visto antes, o algunos por lo menos no desde hacía mucho tiempo. El mercado de Elizondo, su gran obra, se guarda en el Ayuntamiento de Pamplona, que lo compró en 1983 por 5 millones de pesetas, con lo cual no está habitualmente accesible al público. Gitana y guitarrista ha llevado un periplo rocambolesco: Fernández Oyaregui lo tenía catalogado por una fotografía pero no tenía esperanzas en encontrarlo. "Un cuadro de hace cien años perdido en París... Y rastreando hace 3 años en Internet aparece en Alicante, y he conseguido que venga a Pamplona", cuenta. Las Chulas, de colección particular, solo se había visto en las exposiciones del 78 y el 98, la Cíngara no se ve desde la gran retrospectiva del 78, igual que el Retrato de D. Eugenio Gortari Polit, de colección particular. También 5 paisajes parisinos se muestran aquí por primera vez.