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“No distingo entre humor femenino y humor masculino”

Viñetas, música y chocolate. Son las tres pasiones de esta ilustradora que hoy ofrecerá una charla en El Corte Inglés dentro del Salón del Cómic de Navarra

“No distingo entre humor femenino y humor masculino”

pamplona - La conferencia será a las 19.30 horas. Media hora antes, Laura Santolaya firmará ejemplares de su primer libro, Los lunes me odian, también protagonizado por P8ladas, su álter ego. Y en la misma sala de Ámbito Cultural podrá visitarse hasta el día 26 la exposición de sus trabajos, titulada Prohibido escuchar canciones ñoñas.

¿Qué significa estar en el Salón del Cómic de su tierra y qué le parece que se organicen esta clase de eventos?

-Todo lo que tenga que ver con el cómic, con la cultura, con el arte y sobre todo con la ilustración me parece estupendo. He asistido dos años a la programación de aquí y siempre pensaba que me encantaría que me invitaran, fantaseaba con la idea de hacer alguna exposición en Pamplona, así que este año estoy muy ilusionada.

Además, así va avanzando en ese propósito de que ‘P8ladas’ sea al menos tan conocida como los Sanfermines.

-(Ríe) No sé si eso es un sueño, una utopía o qué... Al principio me costó porque fuera de Pamplona, de Navarra y del norte en general no se conoce mucho la palabra pochola, y era un término raro para la gente. Pero todo lo que tenga que ver con mi tierra, me encanta.

¿Cómo surgió este personaje y por qué decidió crear un álter ego en lugar de cualquier otra historia?

-Hace ya unos cuantos años que me vine a vivir a Madrid y cuando empecé a trabajar en la empresa en la que sigo ahora mismo, tenía los problemas típicos de todo el mundo cuando llega a una gran ciudad. Trabajas muchas horas, fuera de casa, hay mucha presión, estrés, y decidí abrir un blog que se llamaba Prohibido escuchar canciones ñoñas, que es el título de la exposición que tengo ahora en Pamplona, y ahí empecé a a escribir, contando en tono de humor las cosas que me pasaban. Poco a poco fui ilustrando esas historias, y como tenía que crear un alias, utilicé la palabra P8ladas. Pochola porque era como me llamaba siempre mi abuela.

¿Y el número ocho?

-Pues lo usé porque siempre he tenido bastante obsesión con ese número. Y así los dibujos se quedaron ya con ese nombre.

Su formación, en cambio, no tiene nada que ver, ya que se licenció en Publicidad y Relaciones Públicas. ¿De dónde surge su interés por el dibujo?

-Mi abuelo era escritor y pintor, entre otras cosas, y a mí siempre me gustó dibujar, aunque lo que hacía era más realista, paisajes y cosas así. Es verdad que siempre en el colegio era la que dibujaba bien, pero estuve muchísimos años sin dibujar y nunca pensé en el cómic ni nada por el estilo. Ahora me arrepiento un poco, porque si hubiera aprendido algún programa de diseño, me habría facilitado mucho la vida.

Porque sigue un proceso bastante artesanal.

-Sí. Empecé sacándoles fotos a los dibujos y si quería hacer una línea un poco más gorda, tenía que volver a hacer el dibujo entero; era una locura. Luego empecé a usar algún programa para pasar las ilustraciones al ordenador y colorearlas, pero la verdad es que todo el proceso era bastante rudimentario. Cuando ahora pienso cómo lo hacía, digo ‘¡madre mía!, tardaba cinco horas... Menos mal que mis padres me regalaron un iPad y, aunque les decía que nunca iba a acostumbrarme a eso y que prefería el boli, no sabía de qué estaba hablando, porque me ha facilitado mucho la vida. Así no tengo que hacer doble trabajo.

¿Cómo es ‘P8ladas’, qué temas le preocupan?

-Creo que es un poco rebelde, a veces políticamente incorrecta y eso también hace que sea capaz de decir cosas que a todos se nos ocurren, pero que no somos capaces de decir. Me gusta dibujar las cosas que me pasan en la oficina o las del día a día, desde ponerse a régimen hasta las resacas. También utilizo al personaje para dibujar cosas más de actualidad en algún que otro diario.

Como es lógico, el personaje habrá evolucionado a la vez que Laura Santolaya.

-Sí, sí, al principio era un poco más reservada, no me atrevía a decir según qué cosas por si alguien se las tomaba a mal, pero eso es inevitable, no puedes gustar a todo el mundo y el hecho de frenarte por no molestar al final también frena tu creatividad, tu manera de dibujar y tu forma de expresarte. El qué dirán o el qué pensarán es una barrera y hoy en día creo que ya la tengo superada, y más cuando te lanzas a las redes sociales, donde todo el mundo se cree capaz de decir toda clase de cosas. Ahí la gente llega a hacer comentarios que cara a cara no se atrevería a hacer, pero ya no por el contenido, sino por la educación y el respeto. Pero, bueno, los que publicamos cosas en Internet tenemos que superar estas situaciones.

¿Qué pasa con el chocolate, parece la criptonita de ‘P8ladas’?

-(Ríe) Sí, y la mía también. Siempre me ha encantado, había veces que me sentaba delante del ordenador y no me salía nada, de repente me levantaba, comía un poco de chocolate o de helado y parecía que me ayudaba, así que se me ocurrió usarlo como criptonita del personaje.

También lucha un poco contra todo lo ñoño.

-Así es, usar ese elemento fue para mí una manera de sacar esa rabia de cuando te levantas a las seis de la mañana, hecha polvo, se te ha acabado el café, el cuerpo no te arranca y viene alguien y te dice ‘¡vamos, va a ser un día genial!’ Era un modo de reírte de ese buen rollo y de decir que no hace falta que todo sea estupendo, que puede ser una mierda y reírte de ti misma igualmente. Con mis dibujos busqué darle ironía a esas situaciones.

Como creadora seguro que no pretende dirigirse solo a un segmento del público, ¿pero el personaje quizá es más para mujeres?

-Sí, en la página de P8ladas (www.p8ladas.com) la mayoría del público es femenino, pero hay algunos diarios on line en los que he publicado que me han permitido hacer historias no tan frívolas, sino relacionadas con temas de actualidad. Y ahí es todo lo contrario, de hecho en esas páginas la mayoría de los lectores son hombres. De todas formas, yo no distingo entre humor femenino o masculino, lo que pasa es que, como soy mujer, muchas veces ilustro temas con los que me siento más identificada, como depilarme o cosas así.

Supongo que el objetivo de un dibujante es encontrar un espacio fijo para publicar y difundir su trabajo de manera constante.

-Y de hecho tengo varias colaboraciones fijas. Desde hace varios meses publico en el diario digital Cuarto Poder, he publicado también durante varios meses en revistas como Grazia y estuve durante un año en el Huffington Post. Esa clase de trabajos te permiten llegar a un tipo de público al que tú por tu cuenta y a través de las redes sociales no llegas.

¿Cuáles son sus referentes en el mundo de la ilustración? Al ver y leer a ‘P8ladas’, una piensa en Maitena, por ejemplo.

-Maitena me encanta. Tengo muchos libros suyos y me gusta muchísimo su humor. Aparte, podría dar un montón de referencias, pero muchos son o extranjeros o antiguos, y reconozco que, al final, mis compañeras ilustradoras son las que tomo de referencia, porque son las que trabajan en torno a los mismos temas que yo y tienen un humor que me gusta... Por ejemplo, Moderna de pueblo, Ana Belén Rivero, Agustina Guerrero... Las conozco y me gusta mucho lo que hacen.

¿Le gustaría dedicarse a esto por completo?

-Me encantaría, me lo paso en grande dibujando. Lo que pasa es que durante muchos años he estado desarrollando una carrera profesional en temas de comunicación e innovación en la consultora en la que trabajo y tengo la suerte de que eso también me gusta. Aunque sí que es cierto que una cosa es trabajo y otra es pasión, y si me pudiera dedicar a dibujar desde que me levanto hasta que me acuesto, sería genial. Ojalá llegue ese día.

Para terminar, no podemos olvidarnos de la música.

-La música me gusta tanto como dibujar. La utilizo como fuente de inspiración, más que nada porque, salvo cuando duermo, escucho música todo el día. Por ejemplo, en la exposición Prohibido escuchar canciones ñoñas hay una canción que me sirvió para dibujar una viñeta. El chocolate, la música y los dibujos son muy importantes (ríe).