“La seducción siempre tiene que pasar por los buenos modales”
Los días 21, 22 y 23, Arturo Fernández y Carmen del Valle llevarán a escena en el Gayarre la obra ‘Alta seducción’. Las entradas cuestan 8, 20 y 24 euros
Pegados al escenario. Arturo Fernández asume en esta obra los papeles de actor principal, director y productor. “A Pedro Osinaga le pasaba lo mismo, no sabemos vivir sin estar encima de un escenario. Si yo tengo 15 días libres, me aburro que me mato, no sé qué hacer. Mi profesión me lo ha dado todo; no sé si seré mucho, poco o nada, pero todo lo que soy se lo debo al público. Así, cada comedia que hago quiero que sea mejor que la anterior, y algunas veces lo consigo... pero nadie sale defraudado de un espectáculo mío. De esta forma, vives para el teatro, nuestra vida está más en un camerino y en un escenario que en nuestra propia casa. Cuando llegas a Madrid después de una tournée, te encuentras un poco fuera sitio y no te gusta la casa... porque estás acostumbrado a la casa del escenario; y no lo digo por los aplausos, aunque cuando la gente te espera para felicitarte por tu trabajo te sientes muy satisfecho por no haberte equivocado y por haberle dado al público dos horas en las que haces que se olviden de los pequeños o grandes problemas que puedan tener; y eso me llena de gran satisfacción”.
Pamplona - Sí, Arturo Fernández continúa utilizando su archiconocida muletilla de “chatín” para dar comienzo a la entrevista. Todo un clásico... en todos los sentidos. “Dudo mucho de que en el Gayarre se haya representado una comedia tan auténtica, encantadora y con tanto glamour como Alta seducción. Creo que es la mejor comedia que ha caído en mis manos, supera a todas”.
Bien, pongamos entonces sobre la mesa las claves de esta obra.
-Es un loco adorable. Hay escenas increíblemente divertidas y, al mismo tiempo, llenas de ternura; escenas con las que los espectadores, hombres y mujeres, se sienten muy identificados. Siempre digo que Alta seducción es de esas comedias que ya no se escriben. El público se divierte y, en cuanto sale, lo primero que hace es recomendarla. La relación de la pareja protagonista es muy sorprendente, se habla de amor, de sentimientos y de lo que puede llegar a hacer un hombre para no sentir que envejece y, sobre todo, para no creérselo. Es una comedia sobre los problemas por la diferencia de edad que existe en algunas parejas; pero también de principios. Creo, sinceramente, que es un recital de interpretación, de peso, de elegancia en decorados y vestuario. Es una comedia en estado puro.
Alta seducción cosechó un gran éxito hace 28 años, pero la sociedad ha cambiando, ¿ha tenido que adecuar la obra al momento actual o todavía se mantiene vigente?
-Se ha actualizado poco porque la seducción siempre existe. Quién se resiste a encontrar la mirada de una mujer joven en la barra de un bar, incluso aunque el personaje esté casado. Esas oportunidades, a cierta edad, no se dan frecuentemente y qué duda cabe que tienes que aprovecharlas. No me gusta descubrir la trama de la función, pero gira en torno al hecho de ese hombre que quiere sentirse joven al lado de una mujer de menos edad, y claro, las consecuencias luego son terribles. Es una cuestión muy actual pero con grandes sorpresas. Para que te hagas a la idea del alcance de esta función, en San Sebastián, el año pasado, estuvimos 11 días en cartel con ella, algo que no había sucedido nunca.
Hablamos de seducción, pero entiendo que siempre pegada al respeto y la educación.
-La educación, los buenos modales, el trato agradable, el respeto, todo eso es parte del éxito de un actor. En la vida todo el mundo seduce, el político para que le votes, el maître de un restaurante para que comas aquello que él quiere, el comerciante... La seducción siempre tiene que pasar por las buenas maneras, pero es que hoy lo que se ha instaurado es la vulgaridad, incluso en la misma política. Todo ha cambiado pero para mal, en cuanto a malos modales y respeto.
Esta comedia fue escrita expresamente para Arturo Fernández por María Manuela Reina , lo que le da cierta ventaja pero, quizá eso haga que se convierta en un reto mayor porque se da por hecho que la tiene que bordar.
-He tenido la gran suerte de saber elegir los buenos autores y, sobre todo, esos personajes que van con mi forma de actuar, con mi estilo y con lo que el público espera también de mí. Hay algunas comedias en las que he cambiado el tono, como Enfrentados, en la que interpretaba a un sacerdote, pero hasta en el papel de un cura se adivinaba cierta forma mía, esa galanía, porque también hay sacerdotes que son atractivos (risas). En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la alta comedia es lo más difícil de representar para un actor, no es el drama, ni mucho menos. Y con alta comedia me refiero a la que huele a Channel Número 5, no la de la carcajada por la grosería. En la comedia se necesitan muchísimas cosas: saber moverse por el escenario, saber coger una copa, saber sentarse... Ya no se ven comedias tan bien vestidas, con decorado auténtico, hasta el punto de la gente pueda decir cosas como “así me gustaría que fuera mi apartamento o el bar al que voy”. Y, en este sentido, el público ya sabe viene a ver a Arturo Fernández, porque, lo siento mucho, yo no suelo cambiar. En la vida de los grandes actores, como Cary Grant, Gregory Peck o Burt Lancaster, si lees su biografía, te darás cuenta que nunca se ponen una joroba o una peluca porque la galanura requiere que no cambies, si yo me pongo un disfraz, la gente dirá: “Y Arturo Fernández, ¿dónde está?”.
Habla de la galanura, del aroma, pero la alta comedia también debe estar dotada de inteligencia.
-Yo estoy acostumbrado a hablar por lo que dice el actor, no por mí mismo. Eso hace que sea fácil interpretar, sobre todo en comedias como Alta seducción, que tiene unos diálogos inteligentísimos. Si el diálogo es auténtico, resulta fácil interpretarlo porque lo ve el espectador es una realidad, es lo que sucede en la calle o lo que le ha pasado a un amigo. La inteligencia se necesita pero sobre todo a la hora de elegir a ese autor que te va a ti, sin cambiar constantemente para no despistar al público. Repito, para un actor de comedia, lo más fácil es interpretar a un actor dramático, pero para un actor de drama es dificilísimo interpretar una comedia. Esto ya lo decía Groucho Marx y yo coincido con él.