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¿Verano sin música en la plaza del pueblo?

22.06.2020 | 01:01
Una actuación de la orquesta Nueva Etapa.

Acostumbran a animar las fiestas y los eventos de pueblos, clubes, peñas... Y lo están pasando mal. Pocos se han acordado de las orquestas durante la pandemia y también se sienten olvidados en la desescalada.

centenares de conciertos cancelados, decenas de miles de euros perdidos y un verano incierto. Es el panorama al que se enfrentan los músicos de las orquestas, grupos y solistas que habitualmente actúan en las fiestas y otros eventos de los municipios de Navarra y que a día de hoy no se sienten atendidos por el Gobierno foral, y del que esperan respaldo para que los municipios "se atrevan a tomar la iniciativa". En su opinión, no habría problemas de seguridad para retomar las verbenas, como ya están haciendo en otras comunidades como Galicia, por ejemplo. Se juegan mucho.

                 La orquesta Ingenio durante una actuación en Vitoria-Gasteiz

"La verdad es que solo nos están llamando de los municipios para suspender y para convocarnos ya para el año que viene, dejándonos este sin ninguna opción", comenta David Méndez, manager y empresa de la orquesta Nueva Etapa. En su caso, como en el del resto, llevan parados desde el 14 de marzo y en estos meses han perdido 23 conciertos. Javier Arrondo, de la orquesta Ingenio, cuenta que desde el decreto del estado de alarma han dejado de hacer 20 actuaciones. Chuchín Ibáñez se suma a la conversación y estima que ha perdido 50 bolos. Francisco Barquero, de Jamaica Show, habla de 90 cancelaciones. En cuanto al impacto económico, el real "no tiene tanto que ver con los ingresos que hemos dejado de recibir, sino con los compromisos de todo tipo que hay que seguir atendiendo; ya vamos por 30.000 euros en lo que va de año", dice Méndez. Y añade que la mayor pérdida es la emocional. Arrondo (Ingenio) habla de 15.000 euros de pérdidas hasta la fecha, pero avisa de que "lo peor está por llegar", ya que "dejar de trabajar los meses de julio, agosto y septiembre nos va a dejar muy tocados". Sin los bolos, la venta de disco y el merchandising, Chuchín calcula que han dejado de percibir unos 18.000 euros. Barquero (Jamaica) afirma que si se suspende toda la temporada, "como parece", dejarían de ingresar casi 600.000 euros". "Si el Gobierno nos tiene en cuenta y pone ayudas acordes a las necesidades, igual podemos aguantar, si no, mantener la empresa será muy difícil", apunta.

                 Imagen promocional de Jamaica Show

Radiografía

Puestos de trabajo

En cada concierto, Nueva Etapa pone a trece personas en el escenario, 8 músicos y 5 cantantes-bailarines, a las que hay que sumar técnico de sonido, técnico de iluminación y técnico de vídeo. También a alrededor de cuatro personas –"el equipo de montaje varía dependiendo del aforo"– y al chófer del camión. Méndez cita, asimismo, a las empresas de service: arreglistas, coreógrafo, soporte técnico, nave para el vehículo, cuartos de ensayo... Javier Arrondo comenta que la plantilla de Ingenio se compone de 17 trabajadores: 11 en el escenario, un ingeniero de sonido, un técnico de luces y montaje, 3 de montaje y una administrativa. Chuchín Ibáñez trabaja en distintos formatos, desde solo hasta con Los Charros, de ocho músicos. También actúa con piano, trompeta, coros... dependiendo de los presupuestos, "más dos personas fuera del escenario con la ayuda técnica, la oficia y el merchandising". Y en Jamaica Show son veinte personas: 14 en escena (7 músicos, 5 cantantes y 2 bailarinas/acróbatas), más seis técnicos, chóferes y montadores. Los cuatro quieren también mencionar la economía indirecta que se genera en torno a sus actividades, como el consumo que hacen en hoteles, bares y restaurantes, etcétera. "Muchos pueblos pagan a las orquestas y mantienen la actividad cultural todo el año con lo que recaudan en las barras que explotan durante las fiestas", agrega Francisco Barquero.

Todos recuerdan que ahora venían los meses más fuertes. "Trabajamos todo el año, pero en los meses de verano son los que más actuaciones concentran. En 2019 hicimos 60 conciertos y para estos meses teníamos 65. Hasta el 14 de marzo habíamos hecho siete y mucho nos tememos que vayan a ser las únicas, salvo, quizá, en diciembre. Si esto no cambia, será catastrófico", lamenta el manager de Nueva Etapa. Su colega de Ingenio confirma que el 80% de su quehacer habitualmente tiene lugar en verano. "Si no podemos trabajar en esta temporada, que es nuestro soporte..."

Chuchín da la temporada "por perdida". "Con lo suspendido ya y con lo que vamos suspendiendo, y sin fiestas... es imposible remontar. Ojalá podamos hacer alguna programación cultural alternativa", dice. Entre diciembre y octubre, Jamaica suele hacer unos 105 bolos, pero hasta marzo solo había hecho 18, "y los demás están casi todos cancelados". "Va a ser muy difícil aguantar sin ayudas. Intentamos adaptarnos a las exigencias para tratar de trabajar algo, pero aun así los ayuntamientos en su mayoría se resisten", indica Barquero.

                  Uno de los muchos conciertos que ofrece en distintos formatos Chuchín Ibáñez

Volver a trabajar

Respetar los protocolos es posible

David Méndez comenta que tanto Nueva Etapa como Orquesta Jamaica e Ingenio han mantenido algún encuentro en el departamento de Cultura, "y estamos pendientes de una reunión con la consejera, Rebeca Esnaola". "Lo único que hemos pedido es que nos dejen trabajar. Ahora mismo se pueden mantener todas las actuaciones que teníamos comprometidas al aire libre, realizándolas según los protocolos marcados, que consisten en tener al público sentado, no más de 400 personas, lo que supone montar sillas, desinfectarlas, aforar el espacio, suministrar gel, controlar la entrada y salida del público...", señala Méndez. Al Ejecutivo foral "le hemos pedido más específicamente que, así como ha aconsejado, casi coercitivamente, a los municipios suspender las fiestas, haga lo mismo para que mantengan las actuaciones que tenían concertadas, aunque sea otros días. Porque si desde el Gobierno no se apoya y facilita, muy pocos municipios van a tomar la iniciativa".

El empresario califica de "positivas" las ayudas habilitadas por el Gobierno central para amparar a los autónomos, pero "el problema es que el sector lleva desestructurado mucho tiempo, rozando la precariedad, y muchos profesionales se han quedado fuera". Y aparte de todo lo que indica Méndez, Javier Arrondo suma que si finalmente no van a poder trabajar, "nos den soportes para poder mantener a flote nuestras empresas". Chuchín cree que sería bueno que los miembros del sector se reunieran, y estos, a su vez, con las instituciones "para buscar soluciones entre todos". Con respecto a las ayudas, como las de cese de actividad, por ejemplo, "mejor el golpe contra una colchoneta que contra el suelo", comenta.

La vuelta a la normalidad, a actuar, es clave para estos cuatro representantes de orquestas y grupos. Para lograrlo, Francisco Barquero propone que el Gobierno foral "anime –¿obligue?– a los ayuntamientos a que cumplan los compromisos", y que estos también habiliten "una partida para sufragar los gastos especiales que supone las medidas de seguridad". En su caso, Chuchín sugiere que, dado que los municipios ya tenían consignados los presupuestos para sus respectivas fiestas, "podrían emplear parte de ellos en organizar semanas culturales, tardes con programaciones, siempre respetando la normativa de seguridad". "La gente de las localidades disfrutaría y nosotros podríamos facturar algo", insiste.

Javier Arrondo opina que, al igual que otros sectores se están reinventando, ellos también pueden hacerlo. "Nosotros perfectamente podemos hacer un concierto controlando el aforo; es verdad que no será igual que una verbena, pero estamos en una situaciones excepcional, por lo que trabajaremos en condiciones excepcionales. No pueden dejarnos atrás", asevera. Por último, David Méndez defiende que las instituciones deben "cambiar de rumbo". Las entidades locales "tienen que mantener las actuaciones comprometidas, buscando nuevas fechas si fuera necesario". "Pero que no se destinen esas partidas para otras necesidades, resolviendo nuestros contratos unilateralmente y dejándonos en el desamparo total". Y considera que los porcentajes de indemnización por suspensión o por aplazamiento a causa de la covid-19 "son totalmente insuficientes". También sugiere que el Ejecutivo "abra una línea de crédito para que los municipios puedan correr con los gastos que les supondría mantener las actuaciones: sillas, control de aforo, desinfección..." "En algunos sitios, esos gastos serían menores, ya que cuentan con terrazas de bares en las plazas, así que con actuar en el centro sería suficiente", añade. Pero si, al final, "se sigue apostando por no desarrollar los conciertos", reclama un "plan serio" de compensaciones al sector. "En definitiva, que no nos den la patada y nos obliguen a vivir un año al aire. Las ayudas que existen actualmente no dejan de ser pan para hoy y hambre para mañana", termina.