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Voy a estar bien

24.09.2020 | 01:40
La actriz de 'Nosotros nunca moriremos', Romina Escobar.

El argentino Eduardo Crespo vuelve a dedicar una delicada cinta, 'Nosotros nunca moriremos', al duelo

Por segunda vez, el director argentino Eduardo Crespo le dedica una producción a su padre. Más concretamente, al duelo que siento tras su muerte. Lo hizo primero con el documental Crespo (La continuidad de la memoria) y lo hace ahora con Nosotros nunca moriremos, cinta que compite por la Concha de Oro con más de un actor no profesional.

"Quise hacer un documental sobre mi pueblo con mi padre, pero él falleció y se acabó convirtiendo en una película muy personal sobre el duelo. Tenía ganas de llevarlo ahora a la ficción con más reposo y distancia", contó el realizador, acompañado por, entre otros, la actriz Romina Escobar.

Ella y el actor no profesional Rodrigo Santana, que hace de su hijo, viajan al pueblo en el que acaba de morir su otro retoño. La cinta, de este modo, narra el transcurrir de esos primeros días, entre asuntos administrativos y descubrir la vida que llevaba allí su hijo mayor. Todo ello salpicado de silencios, pocas expresiones y mucho sentimiento. "Tiene que ver mucho con cómo se viven los duelos en los pueblos. Las palabras se sustituyen por gestos, esperas, tiempos muertos... aspectos en los que me apetecía indagar", apuntó Crespo.

En lo que se refiere al reparto, el autor seleccionó a Escobar gracias al coguionista y productor de la cinta, Santiago Loza, una madre en la ficción "que viene a tomarse el tiempo de escuchar a los jóvenes que quedaron en el limbo del pueblo. Escucharlos y abrazarlos, ampararlos". A Santana, en cambio, lo encontró rodando un documental sobre una escuela rural: "Sentía que este chico tenía una chispa con la cámara, me dieron ganas de ponerlo a actuar y así surgió la idea de la dupla madre e hijo".

el ritmo de la catástrofe Nosotros nunca moriremos se toma su tiempo para avanzar. Una velocidad a baja marcha, tal y como ocurre siempre ante las mayores adversidades. En el caso del filme, por la muerte de un familiar. En la vida real, por el coronavirus.

"Es un reflejo de ese tiempo que uno sacó de dentro, más afectuoso y sensible, como que se cortó el ritmo autómata de hacer y hacer. Pero también de esa esperanza en que las cosas pueden ser mejores y lo importante son los vínculos", señaló el director sobre un filme que se libró por poco de la pandemia al grabarse en febrero.

La industria cinematográfica argentina, en concreto, y la sudamericana, en general, son las que más están sufriendo la crisis sanitaria. Buena prueba de ello es que Nosotros nunca moriremos es el único trabajo en la Sección Oficial de todo el continente, cuando el Zinemaldia siempre es su gran escaparate. El cine del otro lado del charco también está llevando a cabo su particular duelo.

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