Paisaje de memoria, arte y sonido

Peio Aguirre, Koldo Almandoz y María Elorza, Lur Olaizola y María Sánchez exhibirán este martes sus trabajos en la sesión 'Paisaia', dedicada al panorama reciente del cine de no ficción vasconavarro.

16.03.2021 | 00:50
'Un retrato de N.B.', de Peio Aguirre. Foto: cedida

la sala Gola de Baluarte acogerá hoy, a las 16.15 horas, la sesión especial dedicada a lo más reciente y arriesgado del cine de no ficción realizado en Euskal Herria.

Así, dentro de Paisaia, este año se han seleccionado cuatro títulos queexploran a través de distintas técnicas –archivos fotográficos y epistolares, conversaciones telefónicas– biografías reconstruidas en voz en off, y propone una meditación sobre los recuerdos, los viajes vitales y el patrimonio histórico vasco. Varias de ellas llegan con varios premios en su haber y un notable recorrido por festivales. Se trata de Un retrato de N.B., de Peio Aguirre; Quebrantos, de Koldo Almandoz y María Elorza; Zerua Blu, de Lur Olaizola, y Agiña, de María Sánchez.

Peio Aguirre

Debut con el archivo fotográfico de Néstor Basterretxea

Peio Aguirre debuta en el cine con Un retrato de N.B., corto que traza una biografía de Néstor Basterretxea a partir de la colección fotográfica del artista, fallecido en 2014. Es, asimismo, una meditación sobre la modernidad y sus formas, sobre el paso del tiempo y la memoria. "Cuando desde la sala Artegunea de Kutxa, en Donostia, me propusieron comisariar una exposición sobre la faceta fotográfica de Néstor Basterretxea, propuse realizar un audiovisual a partir del archivo de fotografías. Un filme de archivo y de montaje que completara la exposición. Cuanto más trabajaba en ello, más se convertía en una producción de pleno de derecho", comenta el comisario y crítico de arte.

Aguirre conocía a la familia del artista de Bermeo de cuando comisarió su retrospectiva en el Bellas Artes de Bilbao en 2013. "Para mí era una oportunidad para regresar al caserío Idurmendieta, en Hondarribia, aunque ahora sin Néstor ni su mujer, María Isabel". Y encontró con "disponibilidad y generosidad total". "Estoy muy agradecido por ello, pues suponía que alguien ajeno entrara en el álbum, en el corazón de una familia", apunta. Su idea era "revisar todas y cada una de las fotografías, ya fueran documentación de esculturas o aquellas más íntimas. Quería hablar de la obra y del artista", señala el autor de este trabajo que desde el principio tenía claro que no quería hacer un documental sobre la obra y el pensamiento del artista. Esto ya lo he hecho en dos exposiciones y en varios textos. Deseaba algo más íntimo. Mi interés era ensayístico a la vez que documental. La búsqueda de una forma artística per se. Me intrigaba hacer algo breve, pero formal, poniéndome ciertos límites a la hora de trabajar, como por lo demás hacen ciertos documentalistas". En ese sentido, el ensayo se arma entorno a una serie de fotografías fijas, "al estilo de Chris Marker".

El título, Un retrato de N.B., "alude a que es un perfil de muchos posibles". "Las iniciales –con las que el creador firmaba muchos cuadros– señalan un misterio. ¿De quién es la biografía?", señala Aguirre, que de este modo también trata de situar al artista en "un contexto de universalidad". Y es que el filme habla de Basterretxea, "pero tanto o más de un tiempo, de cómo construimos la memoria. El motivo de la película es la historia".

Para el comisario es "muy importante" estar en Punto de Vista con su primera incursión en el audiovisual. "He venido otros años como espectador y es una gozada, pues siempre te llevas algo". Y le parece igualmente destacable que el festival se especialice "en audiovisuales arriesgados" y que el arte o el cine hecho por artistas tenga un papel relevante. "Es en ese territorio donde me siento más cómodo", termina.

Koldo Almandoz y María Elorza

Una 'radio-grafía'

La idea de Quebrantos surgió "al escuchar una entrevista en Euskadi Irratia donde una mujer hablaba de los malos tratos que sufría desde hace muchos años. Había algo cercano y terrible en sus palabras. Palabras que escuchamos casi a diario, por otra parte. Sin embargo, en esta entrevista hablaban de algo que hasta entonces no habíamos escuchado de una manera tan concreta: el papel de la tecnología en los casos de maltrato. Y sentimos que había un ejercicio y un desafío en convertir esa entrevista en una película". Así lo explican María Elorza y Koldo Almandoz, los directores de esta pieza que muestra interferencias, silencios y fisuras a través de la conversación entre dos mujeres.

El punto de partida estaba claro: el testimonio original de la radio. Desde ahí, "la primera labor fue acotar muy bien qué partes de la entrevista nos interesaban, lo cual conformó el armazón de la película". Luego vino la experimentación con combinaciones de distintas imágenes. "En ningún caso queríamos que lo visual fuera una simple ilustración de lo que se decía verbalmente, sino crear un diálogo entre ambos planos", añaden.

A Elorza y a Almandoz les gusta decir, "a modo de juego de palabras", que Quebrantos es "una radio-grafía", tanto "por lo radiofónico como por lo biográfico", porque "intentamos describir una realidad y porque aparecen, efectivamente, imágenes de radiografías". En ese sentido, esta es "una película de montaje" que tiene "algo de experimento". La edición la hicieron a dos manos, pero durante la filmación "cada uno buscábamos o filmábamos imágenes por nuestra cuenta y traíamos propuestas que íbamos probando juntos en la mesa de montaje. Fue un proceso de ensayo y error continuo, y el diálogo se daba precisamente ahí, en ese experimentar y ver cosas juntos".

El cortometraje se estrenó en noviembre y ya suma una treintena de festivales internacionales y unos cuantos premios. "No lo esperábamos porque somos conscientes de que no es una propuesta convencional". No en vano "nos han comentado que la película incomoda porque puede provocarte una sonrisa y luego congelártela", pero eso es, "en cierta manera, lo que buscábamos; nuestro punto de vista sin ser ni panfletarios ni autoindulgentes".

Por eso estar en Punto de Vista también les satisface, porque "es un festival donde todavía es posible encontrar películas que te sorprenden, desafían o incomodan. No es poco".

Lur Olaizola

Un viaje que parte de un cine y atraviesa la vida

Lur Olaizola estaba inmersa en una investigación que hizo en Euskal Kultur Erakundea (EKE), que desde 2007 está completando un archivo de memoria oral en Iparralde, cuando se encontró con una historia que parece el arranque de un cuento. "Yo tenía interés por acceder a la experiencia del público de cine en Iparralde y con una trabajadora del archivo localizamos una entrevista realizada a Mamaddi Jaunarena, donde ella relataba su fascinante experiencia". A saber: en 1951, en su pueblo, Ortzaize, vio una película que sucedía en Estados Unidos "y, al salir de la proyección, tuvo clarísimo que ella sí o sí tenía que conocer aquel lugar". En 1954 "consiguió hacer realidad su sueño y se montó en un barco que llevó desde Le Havre hasta Nueva York". Tenía 22 años y lo único que sabía era el punto de encuentro con la señora para la que trabajaría como criada. El viaje duró siete días y siete noches. "Era la única mujer a bordo y en esa época era muy raro que una chica tan joven viajara sola a Estados Unidos", dice la realizadora, que tras escuchar este testimonio se puso en contacto con Jaunarena, "que ahora tendrá 89 años", y fue a conocerla. Este es el "punto de partida" de Zerua blu.

Olaizola define la pieza como "una película de no ficción que tiende a la ficción". "La historia que cuenta y la manera en la que la cuenta tienen una textura de cuento". Por tanto, la palabra es "uno de los elementos clave" del filme. En particular, "las diferentes maneras en las que la palabra se materializa. En la película he combinado diferentes ejercicios de palabra y memoria", desde la entrevista con Mamaddi que se realizó para EKE, hasta la lectura de sus propias palabras a través de su nieta, Marine, "o la recuperación de los ejercicios de repetición con los que Mamaddi aprendió inglés cuando emigró". Zerua Blu obtuvo el gran premio al mejor cortometraje del Estado en Zinebi 2020 y su creadora está encantada de venir a Punto de Vista, "porque es uno de los festivales que más admiro".

María Sánchez

Acciones que se conectan como los crómlech

Agiña, de María Sánchez, está producida por el Museo Oteiza como parte del programa Hazitegia, promovido por Alzuza y por el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte "para generar nuevos espacios de reflexión en torno a la obra de Jorge Oteiza desde la creación contemporánea". Este proyecto también ha contado con la colaboración de Innova Cultural de Fundación Caja Navarra y Fundación la Caixa. Durante la estancia en la residencia de trabajo en ambos museos, Sánchez comenzó "a investigar los objetos personales, los rastros de Oteiza en diferentes personas y en el archivo audiovisual del museo. Y en el proceso aparecieron diferentes ideas conectadas con el tema del abandono y el vacío".

En ese punto pensó que el concepto de abandono podía tener alguna conexión con "trasladar a pescadores fuera del mar", comenta. A la vez buscaba un colectivo marcado en su carácter, en sus emociones, y que quizá ya traía un vínculo con mi idea de vacío". "Si te acercas a alguien que tiene lo que quieres, ¿lo podrías tener?" Esta pregunta está en el centro de una acción que comenzó como una caminata por el monte con pescadores y dio pie "a desarrollar nuevas acciones".

Sánchez cuenta que lograron realizar esa excursión "gracias a la complicidad de Xebe Amunarriz, pescador de Hondarribia", que buscó a todos los componentes del grupo. "Ninguno sabía adónde iba, fue parecido a una cita a ciegas... Y una vez estuvimos en el monte –Agiña, en Lesaka– les conté que estaba interesada en la figura de Oteiza y en la búsqueda de vacíos y que íbamos a recorrer una ruta de crómlechs que nos llevaría a un lugar muy especial, Agiña", donde está la Capilla de Vallet y la escultura del creador de Orio, ambas dedicadas a Aita Donostia. Así se fue gestando este cortometraje que se apoya en "momentos irrepetibles buscados que se conectan, como los círculos de piedras de la estación megalítica".

Para María Sánchez, regresar a Pamplona, a Punto de Vista "me devuelve otra vez al verano de la residencia y otra vez a Oteiza y a la vez a su pensamiento". Y es que, para la directora, los lugares y los objetos son importantes, "están como cargados, como puertas que enlazan y vinculan".