Jesús García Gazólaz: "El hallazgo del Hombre de Loizu supone tener físicamente al primer protagonista de la Historia de Navarra"

27.03.2021 | 18:53
Jesús García Gazólaz, arqueólogo de la Sección de Registro, Bienes Muebles y Arqueología del Gobierno de Navarra

El arquéologo forma parte del equipo multidisciplinar de 26 especialistas que durante este año se va a encargar de la investigación del 'Hombre de Loizu'

Hace dos semanas, en el valle de Erro presentaban en sociedad a "El Hombre de Loizu", el esqueleto humano completo mejor conservado y más antiguo hallado en Navarra, con 11.700 años. Se trata de un varón de entre 17 y 21 años cuyos restos ya han sido extraídos de la cueva Errotalde y ahora están siendo analizados en el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria. Los resultados del estudio permitirán determinar las causas de su fallecimiento y conocer más sobre la vida y el tipo de dieta que llevaba un individuo que vivió en la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno, una época de la que apenas se conservan restos humanos.

A nivel arqueológico, ¿qué ha supuesto este hallazgo?

–Supone tener físicamente al primer protagonista de la Historia de Navarra, al menos hasta el momento. Y lo más sorprendente, sin duda alguna, es su excelente estado de conservación y su carácter casi único en la Península Ibérica.

¿Qué condiciones se han dado para poder encontrar los huesos de esa manera tan intacta?

–La dinámica del sistema kárstico ha permitido que la galería que contiene los restos se fosilizara y dejara de estar activa tras el depósito funerario, y sólo incidiera en pisos inferiores salvándose así de cualquier alteración. Al mismo tiempo, provocaba que su acceso fuera cada vez más complejo, evitando que se convirtiera en una cueva muy frecuentada.

Por suerte, los miembros de Sakon sí accedieron al interior. ¿Cómo es la cueva por dentro?

–En realidad, es un manantial que se manifiesta a lo largo de un sistema kárstico relativamente sencillo, desarrollado a lo largo de una falla presente en el macizo montañoso de Aintzioa. Tiene, por el momento, hasta 4 niveles. En el más bajo es por el que discurre en la actualidad el río, y los dos más altos, hoy fósiles e inactivos, son los que alojan los restos del Hombre de Loizu. Esta última parte es sumamente angosta, sinuosa y de techos bajos, de ahí lo complejo de los trabajos.

En efecto, ha sido necesario extraer los huesos que se encontraban en posición anatómica para su posterior estudio. ¿Cómo ha sido este proceso?

–La extracción de los restos ha sido un operativo muy complejo, en donde el papel del grupo de espeleología Sakon ha sido clave. Al fin y al cabo, el esqueleto se encontraba en un punto muy profundo de la cavidad, con un acceso muy pero que muy incómodo, hasta el que había que llegar con las personas adecuadas y un amplio, delicado y caro equipo de materiales específicos. Sin duda alguna, lo más difícil ha sido introducir y luego sacar toda la infraestructura necesaria para llevar a cabo todos los trabajos en el interior de la cavidad.

Según parece, el cuerpo se encontró cubierto de sedimento rojizo, posiblemente por haber estado envuelto con algún sudario. ¿Puede darnos alguna pista sobre la existencia de rituales funerarios?

–No es exactamente así. Solamente en la zona de la cabeza hemos hallado una sustancia que parece preparada, probablemente a base de ocre, arcilla y materias grasas, y que ahora intentaremos dilucidar si la llevaba aplicada directamente o si la extendieron en el suelo antes de depositar el cuerpo. Sobre el tema del sudario, lo más preciso es decir que el cuerpo debió ser introducido, al menos, con una serie de ligaduras inmovilizando las extremidades, en una especie de empaquetado. Lo cierto es que de esa época conocemos muy poco de los rituales funerarios. Tenemos mucha más información sobre los modos de vida que sobre sus ritos en torno a la muerte. En todo caso, las primeras necrópolis aún tardan unos milenios en aparecer, así que la mayor parte de casos que se conocen son enterramientos aislados.

Otro aspecto llamativo es la presencia de un orificio en el cráneo, que podría deberse al impacto de un proyectil. ¿Puede aportar algún dato sobre el origen de la violencia?

–En este sentido, hay que ser muy prudente, pues aunque el cráneo presenta un traumatismo que pudiera estar relacionado con un episodio violento, es todavía pronto para valorarlo. De tal forma que es una lesión que también podría tener otras explicaciones patológicas, así que hablar de violencia en muy prematuro.

¿Y los restos de carbón encontrados en las paredes? Algunos dicen que puede indicar el uso de antorchas para iluminar el interior.

–También en este punto hay que ser prudentes, ya que se han tomado muestras para comprobar si se trata de restos carbonosos o de óxidos de manganeso que también están presentes en la cavidad. Pero es cierto que se localizaron en un punto que pudo ser una zona de tránsito con el cadáver.

El hallazgo va a permitir estudiar las poblaciones humanas en la transición de la última glaciación a los tiempos geológicos modernos. ¿Qué información se podrá obtener sobre este periodo a partir del estudio de los huesos?

–En lo que se refiere a información global de la época, los restos nos aportarán datos sobre la dieta que tuvo a lo largo de su vida, las enfermedades que pudo padecer, etc. En definitiva nos hablarán de su calidad de vida, lo que será un buen referente para contrastar con los datos que tenemos de los lugares de habitación. Existe una ingente cantidad de publicaciones de carácter científico sobre este periodo, aunque quizá no tanto a nivel divulgativo.

¿Qué información hay hasta ahora del inicio del Holoceno en Navarra?

–En Navarra, hasta la fecha se han excavado tres contextos arqueológicos en cueva: Berroberría, en Urdazubi/Urdax, Abauntz, en Ultzama y Zatoya, en Abaurrea Alta. Y además hay un cuarto yacimiento, Portugain, en la Sierra de Urbasa, en donde al cobijo de un abrigo rocoso estuvieron fabricando herramientas de sílex. Representan muy bien ese momento tan importante de cambios medioambientales.

¿Es una casualidad que todos se sitúen en el Norte?

–Por el momento parece que buscan intencionadamente refugio en cuevas y abrigos, y claro, esos se localizan mayoritariamente en la mitad norte de Navarra.

¿Qué características presentan estas cuevas?

–El interior de estas cavidades digamos que no tienen unas características singulares, pero lo que sí es cierto es que suponen una colonización de territorios cada vez más altos y profundos dentro del Pirineo.

¿Existen otros restos similares al Hombre de Loizu en Navarra?

–De una cronología mayor a la del Hombre de Loizu tenemos un molar perteneciente a una persona que habitó la cueva de Alkerdi (Urdazubi-Urdax) hace 25.000 años. Pero claro, es sólo un diente, no un esqueleto completo. Y, posterior en el tiempo, tenemos a la mujer de Aizpea (Aribe) del final del periodo mesolítico, hasta ahora la mujer más antigua de Navarra.

Así que el Hombre de Loizu desbanca a la mujer de Aizpea como esqueleto hallado más antiguo.

–Hay que tener en cuenta que se llevan casi 4.000 años de diferencia (Aizpea está fechada en el 4.600 a.C) y, aunque con nuestra perspectiva temporal actual los veamos próximos entre ellos, son decenas de generaciones los que los separan. Pero hay un hecho fundamental y es que, en el caso de Aizpea, fue enterrada en un lugar donde vivió el grupo mientras que en el caso de Loizu, no es una cavidad usada como vivienda.

Los hallazgos de los últimos años en Navarra están sacando a la luz el inmenso patrimonio histórico-arqueológico que tenemos. ¿Es Navarra un gran laboratorio de estudio de la Prehistoria?

–En algunas épocas lo fue, con los trabajos de Jose Miguel de Barandiarán, o más tarde con Ignacio Barandiarán, Pilar
Utrilla y María Amor Beguiristáin, pero hace hace ya muchos años que los estudios de la Prehistoria de Navarra están muy abandonados.

Y dentro del contexto europeo, ¿a qué nivel estaría el hallazgo del Hombre de Loizu, por su estado de conservación y antigüedad?

–Hay un dato revelador en este sentido. Estoy seguro de que, en el próximo manual universitario de Prehistoria europea, el Hombre de Loizu figurará sin ninguna duda.

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