La aldea global

Quítate tú

19.02.2022 | 00:52
Txerra Diez Unzueta

Mientras que en tierras ucranias se desata la guerra y los ejércitos se preparan para arrasar vidas y haberes en un ejercicio estúpido de desolación, ruina y muerte, en tierras madrileñas se está librando un combate ciego, cerrado y fratricida a consecuencias del viejo juego quítate tú que me pongo yo en la lucha por el poder, dinámica vieja, ancestral y manida que frena los avances de la humanidad con dinámica vieja ancestral y manida. Dos frentes de guerra y una pasión homicida que por diversas causas, y sinrazones se instala en la actualidad buscando eliminar al contrario, someterlo a razones ajenas y hacer de la batalla germen de toda violencia. La tele de nuestros días sufrió un espectacular cambio cuando la tecnología permitió salir a la calle buscando la frescura de la inmediatez y vencer el lento narrar de las cadenas televisivas, frenadas por el lento sistema de producción que se vio agitado cuando la tele de nuestros días se hizo la reina de la inmediatez, el directo de los programas informativos diarios. A partir de este método, las guerras, las batallas se convirtieron en espectáculos sangrientos, donde los estados mayores de los ejércitos contendientes sirvieron una realidad distorsionado por intereses estratégicos y tácticos de los contendientes. Los míticos corresponsales de guerra, protagonistas de la realidad ofrecida en fragmentos en cada telediario han sido sustituidos por reportajes, producidos por cada ejército, en un afán de controlar y manipular lo que está sucediendo en los campos de batalla, permitiendo que los periodistas marchen empotrados en las unidades en su avance de guerra. Ofrecer la realidad de la guerra es un capricho generado por el poder de los medios de tal manera que las imágenes sirven para alimentar la moral de combate, la ambición del triunfo final o sembrar el miedo, el terror y domeñar la moral de combate tan necesaria para el avance bélico o la pelea partidista. Todo al servicio de quítate tú, para que me ponga yo, en un enfrentamiento en árido campo de batalla o lujosos y alfombrados despachos de la Puerta del Sol.

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