Reyes Calderón: "Me meto tanto en mis personajes que duermo más segura con un cuchillo en la mesilla"

10.03.2022 | 19:25
La escritora y profesora universitaria Reyes Calderón, retratada en el Pasadizo de la Jacoba.

Reyes Calderón (Valladolid, 1961), autora de la saga de éxito de la jueza Lola MacHor, ahonda en la psicología de los asesinos en serie en la nueva trama policíaca de 'El juego de los crímenes perfectos'

Ha dado un descanso a la jueza Lola MacHor para construir una nueva protagonista: la joven, fuerte y valiente doctora Paloma Padierna, que encarna el particular homenaje de Reyes Calderón a los sanitarios y su labor en esta pandemia. Una atmósfera de la que surge su nueva novela, El juego de los crímenes perfectos (Planeta), ambientada en Madrid.

Aludiendo al título de su novela, ¿existe el crimen perfecto?
Si lo entendemos como aquel cuyo autor no está en la cárcel, que nunca le hemos pillado, desde luego que existe; la policía tiene crímenes sin resolver, tendríamos que pensar que son perfectos. Y estoy convencida de que hay alguno que no ha pasado por un crimen pero lo ha sido.

Supongo que en literatura se aspira más a la trama perfecta, porque si el crimen fuese perfecto no habría investigación ni resolución.
Exactamente. Bueno, puede haberlo, pero sí, lo que queremos, por lo menos yo como escritora, es encontrar la trama perfecta.

La idea de esta novela surge en pleno confinamiento.
Sí, sobre todo por dos motivos. El primero, que es el que encendió más mi mente criminal, fue enterarme de que no se podía hacer ningún tratamiento con cadáveres durante la pandemia, o sea, no se podían hacer autopsias. Y claro, si uno quiere envenenar a su marido, a su mujer, a su vecino, pues lo lógico sería que esa muerte pasara por un covid y como no se podía hacer una autopsias, en esos jaleos que teníamos, sería un crimen perfecto. Y el segundo fue ver esas imágenes del Palacio de Hielo de Madrid en Hortaleza en el que no se veía el hielo porque habían puesto unas tiras, en horizontal y en vertical, para soportar que los ataúdes no tocaran el suelo. Y me pareció horrible pensar que mi familiar muerto estuviera en la E57. Y se me vino enseguida a la cabeza: cuando podamos volver a ver el hielo, esto habrá acabado. Claro, no sabíamos que iban a venir tantas olas, pero en aquel momento, ver el hielo era la esperanza. Y por eso empecé la novela como una pista de hielo en la que todo es hielo a excepción de un ataúd no reclamado sobre el que es necesario investigar.

Vive en Madrid desde hace 3 años, después de 33 en Pamplona. ¿Qué encuentra en la gran capital de diferente o de singular que le sirve de inspiración literaria?
Bueno, Madrid es una capital pero más amigable que otras que conozco, que Londres o París. Y es una ciudad muy vivible. Así como Navarra me acogió francamente bien, Madrid también, nunca me he sentido extranjera, de fuera, y por supuesto nunca excluida. Y yo, que soy una turista permanente en Madrid, puedo ir muchas veces a los mismos sitios. Y me permito el lujo de ir al Museo del Prado, sentarme delante de un cuadro y ponerme a escribir. Estar en ese entorno rodeada de ese arte me inspira muchísimo. Me incita. Como decía Umbral, Madrid es más que una ciudad una excusa para escribir.

Con la construcción de la protagonista, la doctora Paloma Padierna, una mujer joven, fuerte y valiente, rinde su personal homenaje a los sanitarios.
Sí. Me apetecía tener este aplauso en palabras para los sanitarios; en mi casa hay tres médicos a los que no he podido ver durante toda la pandemia, pero sí que he estado viviendo sus miedos, sus preocupaciones, viendo qué era no tener un respirador para poder poner a un paciente y saber que se iba a morir, no tener medios. Son una gente extraordinaria, y además en el mundo médico, si vas como observador, hay por detrás todo un ecosistema que es fascinante, y que es el que se refleja en la novela, la vida interna de un hospital, y de esta chica que solo pide dormir, porque está agotada. Pero hay un asesino que no está dispuesto a dejarle dormir.

¿Qué pesa más en su proceso creador y en esta novela en concreto, la pasión e intuición literarias o la investigación?
Es una mezcla. Mi pasión está muy reflejada en los personajes, en moldear esas almas que luego van a tener nombre y cuerpo y con las que vamos a identificarnos. Pero esos personajes tienen que vivir un relato que me permita atraer al lector, agarrarle de la mano y arrastrarle deprisa por toda una novela. Las dos cosas van juntas.

En el asesino en serie también se combinan dos cosas, pasión y frialdad. ¿Cómo es su psicología?
Un asesino en serie es incapaz de ser social, no empatiza con el otro, y sin embargo tiene una pasión fundamentalmente narcisista que es quedar por encima de la sociedad, ser admirado por eso que él considera que es un arte, el arte de matar, y por eso esa gente manda a los periodistas una nota, toma imágenes, prepara los escenarios con mucha anticipación, son muy organizados, llevan sus armas al sitio; tienen todo muy planificado. Calificamos sus acciones de inhumanas porque no entendemos qué pasa por esa mente. En algunos casos hay una enfermedad de base psiquiátrica, pero en otros no sé hasta que punto hay una parte de enfermedad que puede ser genética o no, o tiene su origen en el ámbito y la manera en que se ha educado; puede ser gente que ha sido muy maltratada de niña, que no conoce lo que es el cariño y el amor, que no sabe amar. Son personas frías, llanas, carentes de sentimiento. Y se convierten en psicópatas. Por eso, hay que insistir en que los niños necesitan cariño, que les achuchen, que palpen ese amor.

¿Dónde ha buceado para investigar para esta nueva trama?
En este caso había que mirar el tema del Palacio de Hielo, había que entrar mucho en los hospitales, y hacer mucha investigación en temas de ludopatía. Hay una base de investigación que muchas veces no se percibe, es el sustrato donde se apoyan las tramas y lo que da solidez y verosimilitud a la novela. Y en este caso me ha llevado más tiempo que en otros.

Ha dicho alguna vez que sus personajes se vuelven tan reales que duerme con un cuchillo en la mesilla.
Sí. Sé que me lo tengo que hacer mirar y que es absolutamente ilógico. Pero cuando una está escribiendo, todo el mundo está dormido, se oye crujir la madera, se oye un ruido en la pared y estás encarnando a un asesino en serie sobre el que escribes en primera persona, se pasa miedo. Yo me meto tanto en los personajes que lloro y río con ellos, pero cuando lloro también tengo esa sensación de miedo. Y aunque es absurdo, pues con un cuchillito en la mesilla por si acaso se duerme más segura.

¿La experiencia de semejante nivel de inmersión la vive en solitario o la comparte con su entorno?
La vivo solo yo. Es algo interior pero sobre todo muy íntimo. No podría compartirlo con nadie. Si no no sería mi personaje, sería el de otro.

En esta novela vuelven a tener un importante papel los juegos matemáticos. ¿Qué es para Reyes Calderón la matemática?
Es un tipo de orden muy armonioso. El orden es que cada cosa esté en su sitio, mientras que la armonía es que sonidos diferentes casen todos ellos bien. Entonces, escribir una novela con personajes diversos y con una trama compleja donde el lector se sienta en su casa, requiere bastante orden. Pero es mucho más difícil encontrar la armonía, porque cada personaje es de su padre y de su madre, y en la tarea de lograr que esos elementos puedan formar juntos una orquesta, que casen, mi forma de pensar más matemática me ayuda mucho.

Con la irrupción de Paloma Padierna ha dado unas vacaciones a la jueza Lola MacHor. ¿Será un descanso largo?
Espero que no, espero que vuelva pronto. Y no sé, habrá que ver si podemos presentar a Lola y a Paloma, supongo que se llevarán bien. Por la edad, podría ser una hija de Lola.

¿Tiene ya en mente una nueva trama o todavía no ha salido de ésta?
Sí. El proceso de corrección de una novela de este tipo lleva prácticamente un año, y en este año ya he estado haciendo otras cosas. Pero de momento no puedo hablar de ello.

En este sentido, ¿de qué ve necesario hablar hoy desde la literatura?
Pues de lo que ha traído consigo la pandemia; físicamente ha afectado a muchos, pero psicológicamente a todos. Nos ha dado una clave de vulnerabilidad que se nos había olvidado, pensábamos que éramos Superman. Y eso ha tenido un aspecto positivo, hemos recuperado muchos de los valores que habíamos perdido, hemos recuperado la familia, la amistad, la concordia, incluso se han unido las generaciones, ancianos con niños, hemos sido una sociedad muy ética, primero vacunamos a los ancianos. Y sería una pena olvidar esos valores. Además, creo que todos hemos salido de ese confinamiento con tantas ganas de vivir las pequeñas cosas: un paseo, volver a ver pájaros, respirar. Es una gran lección de esta pandemia y teníamos que hablar de ello. Porque cuando uno habla de lo bueno, enseguida se agranda al compartirlo; y cuando hablas de lo malo y compartes tus lágrimas, las lágrimas duelen menos. Es el momento de decir: bueno, ya hay hielo en el Palacio de Hielo, ahora vamos a patinar. Vamos a vivir, a recuperar la esperanza y a intentar no perder estos valores que quizá tanta tecnología nos había arrancado.

"Quería aplaudir con palabras a los sanitarios y reflejar el ecosistema fascinante que hay detrás del mundo médico"

"La pandemia nos ha dado una clave de vulnerabilidad que se nos había olvidado, ha tenido su aspecto positivo"


LA NOVELA

Editorial: Planeta.
Páginas: 512.
Precio: 20,90 euros (tapa dura con sobrecubierta) y 9,99 eBook.
Sinopsis: El Palacio de Hielo de Madrid, habilitado como morgue en la pandemia, no puede cerrar sus puertas porque el ataúd no reclamado de una anciana lo impide. El inspector Salado y su ayudante Jaso acompañan al juez Calvo a la inspección preliminar, que les depara una sorpresa: en su interior hay un varón con traje a medida y un Rolex de oro en la muñeca. Y se desata un macabro juego: una cadena de muertos que tienen en común la firma, en el certificado de defunción, de la doctora Paloma Padierna, joven internista en el Gregorio Marañón.

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