La cineasta sueca Mika Gustafson irrumpe este viernes, 14 de junio, en la cartelera pamplonesa con su ópera prima, Paradise is Burning, un fascinante relato de supervivencia de tres niñas de 15, 12 y 6 años abandonadas por la madre, que defienden con uñas y dientes la vida que les pertenece. La cinta cerrará en Golem Baiona la 38ª edición de la Muestra Internacional de Cine y Mujeres con sendas proyecciones a las 11.00 y a las 19.30 horas, y, desde el sábado podrá verse en las salas de la plaza de Yamaguchi.

Presentará la película Laura Latorre, educadora social, terapeuta narrativa y escritora.

"Creo que la película habla de muchas cosas, y es que, como dijo Oscar Wilde, el verdadero arte refleja la visión del público tanto como la de los artistas. Lo que a mí me gusta de esta película es que es a la vez poética y punk en su tono cinematográfico y que nunca te compadeces de las hermanas, que son las reinas de la supervivencia con una sonrisa torcida", comenta Bianca Delbravo, que interpreta a Laura, la hermana mayor.

Como el resto del elenco, Delbravo es una actriz amateur que debuta en esta cinta gracias a que el guionista y socio creativo de la película, Alexander Öhrstrand, se enamoró de su voz profunda y rasposa, tan chocante en una niña de 15 años.

Vínculos que no se rompen

"Öhrstrand me explicó que, de alguna manera, Paradise is Burning habla de cómo algunos vínculos que se crean son tan fuertes que nada puede romperlos, ni siquiera algo tan horrible como convertirse en adulto. Y estoy de acuerdo con él", apunta Delbravo.

Inspirada en la Nouvelle Vague -en muchos momentos, las miradas de las protagonistas rompen las reglas y miran a cámara-, Gustafson buscaba "algo fresco y nuevo", apunta en las notas de producción de la cinta, y lo logra, de hecho, al contar desde un ángulo diferente e interesante una historia ya conocida de resistencia y superación, en este caso, de estas niñas abandonadas por una madre que suele desaparecer de vez en cuando, aunque esta vez parece definitivo.

A cargo de la hermana mayor quedan Mira, de 12 años (Dilvin Asaad), y Steffi (Safira Mossberg), de 6. La casa marcha sola gracias a pequeños robos en las tiendas y la única colaboración de sus vecinos de al lado, una pareja que tampoco puede considerarse un referente para ellas.

"Laura ha tenido que crecer rápido y luchar para proteger a su familia. Yo, sin embargo, la única pelea que he tenido en mi vida ha sido la coreografía que hicimos en la película, y a diferencia de Laura tengo una buena relación con mi madre y mi padre", explica Delbravo.

"Pero entiendo y me identifico con ella como creo que lo harán todos los que vean la película. Se preocupa profundamente por las personas que ama y no quiere que nadie tome decisiones sobre cómo debe vivir su vida; creo que la mayoría de la gente puede pensar igual", reflexiona la joven actriz sueca.

Ritos de iniciación

Como ave carroñera, sobrevuelan las llamadas de los servicios sociales, a los que Laura intenta engañar, porque sabe que optarán por separar a las hermanas y se las quitarán. Así que busca una madre que pueda responder a las llamadas y tranquilizar a los funcionarios.

En total libertad, sin horarios, ni restricciones, las niñas se apañan: son felices juntas, y su única familia son otras chicas que han llegado a los 18 sobreviviendo a sus familias de acogida.

La primera menstruación de Mira o el primer diente que pierde Steffi son motivo de celebración y fiesta; ritos de iniciación con los que Gustafson empodera a las niñas, a la primera, dejando que un vino tinto, tan rojo como la sangre, rebose su sonrisa inocente, y a la pequeña, tragándose su diente en lugar de ofrecérselo al Ratoncito Pérez.

Así cuenta las cosas Gustafson, con una frescura descarada. Es imposible no generar empatía y ganas de ayudar a estas niñas a las que todos han abandonado. Su padre (al que ni se nombra), su madre (no hay muchas explicaciones) y su única familia, una tía que no las puede ayudar porque también sobrevive en un circo, con el encargado de la ruleta de la fortuna. Ironías de la vida.

Paradise is Burning es una cinta feminista, empoderada y dura, y a la vez, tierna y dolorosa, pero también radiante y contemporánea. "Y también es divertidísima -aprecia Delbravo-. Si ves esta película y no te ríes, ¡te devolveré tu dinero!", bromea.