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Asier EtxeandiaMiembro de Mastodonte

"Lo que hacemos es terapéutico y sagrado"

El segundo disco de Mastodonte, ‘Belleza y perdón’, todavía no ha visto la luz al completo, pero eso no ha sido impedimento para que el grupo agote las entradas para su concierto de este sábado 16 en el Teatro Gayarre

"Lo que hacemos es terapéutico y sagrado"La Caña Brothers

Antes de grabar este nuevo disco, el grupo llegó a plantearse su propia continuidad. ¿Qué sucedió y qué les impulsó a seguir adelante?

La verdad es que plantearse la continuidad es una constante del grupo. El hecho de no dar por sentado algo igual hace que lo valores más y le des la importancia que tiene. Tienes que saber hasta qué punto lo que estás haciendo te salva y da sentido a tu vida. Eso es lo que nos pasa a Enrico (Barbaro) y a mí. Nos preguntamos para qué seguir, si no ganamos ni un duro con lo que hacemos y la industria musical es tan jodida. Es muy difícil vivir de la música en este país si te sales de unos cánones. Enrico me preguntó para qué hacemos esto, y yo le contesté que porque es lo que hacemos. La pandemia nos jodió bastante. El primer disco lo autoprodujimos, y justo cuando teníamos una serie de bolos en Madrid, residentes en un teatro, con todas las entradas vendidas, que por fin íbamos a recuperar el dinero y desahogarnos, llegó la pandemia y nos arruinó. Lo que hacemos es terapéutico y sagrado. Yo no hago esto para ganar dinero, sino porque lo amo. Es la forma que tengo de exorcizarme, de ser quien soy. Me hace feliz componer canciones, crear un concepto, escribir letras, cantarlas, la puesta en escena…

Desde fuera igual se tiene una visión idílica del mundo de la música, pero sorprende que un grupo como Mastodonte, muy conocido y que llena los recintos en los que actúa, no pueda vivir de la música.

En este país ya no se gana dinero vendiendo discos. Igual si tienes una discográfica que te adelanta el dinero… pero no es nuestro caso. Los grupos que quieren sobrevivir y ganar dinero se matan a bolos. Eso significa muchas horas de carretera, mucha inestabilidad, poco tiempo en tu hogar, mucho hotel, mucho ensayo… Mucho curro. Está muy bien porque, en el momento que empieza el show, eres el hombre más feliz del mundo y todo cobra sentido. Es amor al arte, pero con todas las letras.

En su caso, más amor al arte, si cabe, porque tiene su carrera de actor, en la que no le falta trabajo.

Yo lo tengo bien por eso, no tengo problema. Puedo dedicarme a esto porque no me va mal como actor y trabajo mucho. Lo compagino: entre semana trabajo y los fines de semana me voy de gira. No tengo descanso.

“Para mí la belleza es todo lo contrario a lo que aparece en las redes sociales. Esa comparativa constante es la fealdad absoluta”

Hábleme del nuevo disco, ‘Belleza y perdón’.

El disco llega después de estar en un momento muy introspectivo. El perdón siempre me ha conmovido mucho: que te perdonen, perdonar a los demás, perdonarte a ti mismo… es balsámico, una liberación inmensa. En principio, la banda crece con el concepto del mastodonte como un gran peso del que tenemos que escapar. El peso de la vida. En el primer disco hablábamos de eso, y en este disco hemos encontrado dos grandes motores para seguir adelante: el perdón y la belleza. Pero no la belleza de los cánones, sino la belleza de lo que hacemos, del error, de ser distinto, de sentirte vulnerable, de la naturaleza… Son dos conceptos que me emocionan muchísimo, la catarsis de empezar de nuevo. Casi todas las canciones iban hacia un lugar de auto ayuda, de recordar por qué estamos vivos, de reírnos de nosotros mismos, de hacer autocrítica, de fomentar la mejor parte de ti mismo… Todo esto lo hemos envuelto en un sonido positivo, emocionante, que conmueve. Enrico hace la dirección musical y yo me encargo del concepto, tanto en los textos como en la puesta en escena, con todas las herramientas que me permite el teatro.

Cuando hablan de belleza, entiendo que no se refieren a esa falsa belleza que mostramos en las redes sociales. De ellas hablan en la canción ‘La verdad’.

Claro. Para mí la belleza es todo lo contrario a lo que aparece en las redes sociales. Eso es la fealdad absoluta, esa comparativa constante. Incluso lo que se supone que es políticamente correcto, para acabar siendo todos iguales. Me gusta la belleza de lo diferente, de la contradicción, del amarse a uno mismo y la locura del de en frente. Y te lo dice un gran consumidor de Instagram, porque ahora mismo, que estoy de hotel en hotel, de AVE en AVE y de avión en avión, estoy todo el día en Instagram. El móvil es el compañero inevitable y el gran enemigo. Sé de lo que hablo.

“El perdón siempre me ha conmovido mucho: que te perdonen, perdonar a los demás, perdonarte a ti mismo... es balsámico”

Es curioso, porque las redes no dejan de ser como el traje del emperador: todos sabemos que la gente solo ofrece su mejor perfil, pero actuamos como si fuera real.

Sí. Es como un wanna be; lo que nos gustaría ser, que tampoco está mal. Yo suelo poner cosas que me hacen gracia y frases de auto ayuda que me emocionan brutalmente, que no significa que las lleve a cabo hasta el final. Suelo compartir cosas de arte, de música, de poesía… o gilipolleces. Es entretenido. Eso sí, nunca leo lo que me responden. Jamás, ni para bien ni para mal. Hace poco he descubierto que tengo como tres mil mensajes que me han mandado, sin leer. No me interesa lo que me digan. Si ves mi muro, lo utilizo para promocionar mi trabajo y el de Mastodonte. En las historias cuelgo cosas que me hacen gracia. No hay que darle más importancia a las redes, porque son una absoluta mentira. Y nos hacen menos libres.

De eso también habla la canción: “Nadie es tan libre como dice ser”.

Claro. Estamos acojonados, hay unos linchamientos enormes a partir de lo que dice un anónimo. Es terrible, una especie de caza de brujas que me aterra. Esa ha sido otra gran fuente de inspiración para el disco. Estamos cagados de miedo y no nos atrevemos a hacer lo que de verdad nos gustaría hacer.

“En esta sociedad nos viene bien una nueva espiritualidad que busque un bien común diferente; y alejarnos de supersticiones y castigos”

En otra de los adelantos del disco, ‘Gran pájaro azul’, abogan por crear una nueva religión. ¿Falta espiritualidad en nuestra sociedad?

Yo creo que sí, absolutamente. A mí se me ha puteado mucho desde pequeño con una idea de una religión cristiana para mí equivocada. Eso me ha dejado lleno de traumas. Estudiando y estudiándome a mí mismo, me he dado cuenta de que los dioses paganos eran mucho más efectivos, porque potenciaban lo mejor de ti mismo. La diosa naturaleza, el dios del vino, el dios de la guerra, la diosa de la belleza… Invoca lo que necesites en el momento que lo necesites. Quiero creer que, si existe un Dios, habita entre nosotros mismos, en nuestra mejor versión; la más empática, la más libre, la más compasiva, la más inteligente… Hay que avivar esa llama. Yo le he puesto nombre a la mía: un gran pájaro azul. Y le rezo. Ese tipo de dioses son los que nos vienen bien en esta sociedad. Una nueva espiritualidad que busque un bien común diferente. Y alejarnos de todas estas mierdas de supersticiones y de castigos que no han hecho más que dividirnos.

¿Cómo se presenta el concierto del Teatro Gayarre? Las entradas están agotadas, y eso que el disco entero todavía no ha visto la luz…

Sí, me lo acaban de decir. Es una gran alegría, porque me encanta el Gayarre, me encanta ir a Pamplona. Es un flipe cada vez que vamos, siempre pasan cosas mágicas. Hemos estado hace unos días en Gijón y la gente reía, lloraba… Es muy catártico lo que hacemos, pero es difícil de explicar, tienes que verlo. No sabes dónde catalogarlo, y me enorgullezco de ello.