"Me gustan estilos muy distintos, pero lo que me cautiva al final es la melodía, más que la forma de cantar o el género"
Jaime Cristóbal, un histórico de la música independiente local (y nacional), presentará su nuevo álbum, ‘Anachronistic d’amour’, el viernes 2 de enero en Civican (Festival Santas Pascuas).
El anterior disco es de 2020; luego hubo un epé; ¿cuándo empezó a dar forma a este álbum?
Algunas de las canciones las empecé a escribir en 2020. No me siento todos los días con la guitarra, pero siempre hay ideas nuevas. Incluso después de hacer un disco, no me quedo tan quemado. Siempre estoy grabando alguna cosa, lo guardo y lo voy dejando. El epé que saqué me sirvió como campo de experimentación. Ahí vi el concepto del nuevo disco, por dónde quería ir. Me estaba permitiendo más libertades a la hora de grabar, mezclando instrumentos raros, sin pensar en que sonase muy canónico de pop o de rock. Pensé que para el nuevo disco quería un espíritu más libre, porque el anterior estaba muy bien, pero me quedó quizás ligeramente canónico, como muy correcto de arreglos.
Va grabando ideas; ¿en qué momento se da cuenta de que tiene un disco?
Siempre hay un momento crítico en que tengo cinco o seis canciones muy claras, y ahí es donde empiezo a cambiar de marcha. Hasta ese momento hago mis listas, mis carpetillas en Google Drive con ideas, mis notas… Cuando creo que tengo cinco o seis canciones que son buenas, empiezo a plantearme plazos y fechas de grabación. Esas canciones iniciales no pueden ser todas iguales porque me gustan los discos con variedad. Hay canciones que se auto eliminan porque se parecen estilísticamente entre sí. El criterio fundamental es que la melodía sea buena. Yo soy muy de melodías; me gustan muchos estilos muy distintos, pero lo que me cautiva al final es la melodía, más que la forma de cantar o el estilo. A partir de esas primeras cinco o seis canciones, se trata de ir rellenando el puzzle con piezas que den variedad para que no quede demasiado uniforme.
El título, ‘Anachronistic d’amour’, podría interpretarse como que el amor es algo anacrónico, pero creo que se refiere más a los sonidos e instrumentos…
Es amor por el anacronismo o anacronismo que nace del amor, algo así. Me inspiré en en una colección de cedés de música exótica y música lounge de los años noventa, que tenía unos títulos muy divertidos: Cha Cha Cha d’amour, Órganos en órbita, Saxophobia… Quería hacer algo que sonara más ligero, más divertido. El anterior disco me quedó más grave, más dramático, por lo que intenté expresar en él. Este título tiene una resonancia más de juego, de diversión.
Estaba pensando que la propia música pop, los discos, el formato físico y todo lo que hemos conocido se está convirtiendo también en algo anacrónico, ¿no?
Sí, es cierto. Yo, como oyente, sigo coleccionando discos de vinilo, me gustan mis cintas… Todo eso me atrae. Como oyente y como músico siempre hay vasos comunicantes, es algo que lo tengo presente. Tienes razón, pero bueno, te quedas en tu sitio en el mundo de la música. Las generaciones nuevas no están a esto; por más que se diga que vuelve el vinilo o el cedé, no deja se ser una anécdota. Es algo más de la gente que vamos quedando de aquella generación.
En su música se mezclan instrumentos y formas de hacer antiguas y otras perfectamente actuales, de ahí el anacronismo. Sin embargo, creo que tiene más peso el tono clásico. ¿Lo ve así?
Sí, porque al final me muevo dentro de los cánones de la música pop y rock, tampoco estoy haciendo unas experimentaciones muy radicales. Cuando hablo de mezclar me refiero más al detalle del arreglo, poner una voz con un eco super exagerado, o coger una canción que inicialmente sonaba como una balada de los años sesenta y meterle una caja de ritmos de los ochenta. No soy el primero en hacer cosas así, y no seré el último.
Hay una canción en el disco, ‘Vuela alto’, que está dedicada a un músico navarro fallecido, Daniel Ulecia.
Sí. Tenía una secuencia de acordes en esas carpetas que te comentaba. Después del fallecimiento de Daniel estaba viajando a Madrid, iba a ir a pinchar a un festival, y de repente me vino una melodía. El día anterior habíamos estado en el funeral y de alguna forma lo relacioné, y me salió una letra en castellano con esa melodía. Fue bastante rápido, eso que a veces no sé si es la inspiración o las musas o qué. Lo apunté en un cuaderno y ya tenía la canción.
Daniel Ulecia, Roberto C. Meyer, a quien dedicó una canción en su disco anterior, Josetxo Ezponda, que era algo mayor… ¿Qué queda de aquella generación independiente que había en Pamplona en los noventa, de la que usted también formó parte?
No lo tengo muy claro, porque tampoco hay ahora una generación que haya perpetuado o continuado eso. Es normal, el mundo ha cambiado muchísimo, igual que la música. Con esto no quiero decir que no haya grupos, eso existe todavía. Hay una generación interesante por aquí, gente como Apotheke y grupos así, muy jóvenes, que demuestran que todavía hay gente que quiere juntarse en un local y tocar juntos, que no todo es música hecha con portátiles. Pero no sé hasta qué punto ha habido un nexo de unión. Mi impresión es que los que quedamos de aquella generación somos los que seguimos haciendo cosas, gente como Germán Carrascosa, Iñigo Cabezafuego, Patricia (De La Fuente), yo mismo… incluso gente que empezó un poquito después, como Tamu, que estaba con Karateka. Tampoco hay que buscarle mucho más: es una escena que tuvo su momento y después de los noventa mucha de esa gente ya tomó otros rumbos. No veo que sea algo para mucha más gente que la que hemos sobrevivido, como público y como músicos.
La portada del disco es de Javier Aramburu, seguramente el mejor creador de portadas del pop español. Estaba medio retirado, ¿cómo han podido contar con él?
Técnicamente está retirado, o lo estaba, más allá de hacer portadas para su círculo de amigos de Donosti, Single, lo que hizo con Jota de Planetas… No las tenía todas conmigo, a pesar de que él nos hizo un buen puñado de muy bonitas portadas en los años 2000 y tuvimos mucha relación. El sello contactó con él y hubo suerte. Me da la impresión de que ese título tan bizarro del disco fue muy estimulante para él. Enseguida nos respondió diciendo que se le había ocurrido una idea al hilo del título. También le pasamos unas cuantas canciones que estaban en proceso de grabación y le gustaron. Para mí ha sido una de las grandes sorpresas, me dio mucho impulso para continuar y terminar el disco. Fue un reencuentro muy bonito, hubo un trabajo de comunicación muy rico; yo le mandaba canciones explicándole de qué iban y se le iban ocurriendo nuevas ideas, ha hecho también un par de portadas de single. Lo pasamos genial hablando. Sigue con su sentido del humor intacto, eso se refleja también en la portada; es un concepto ligeramente irónico el de insertar una guitarra eléctrica en un óleo como ese.
El disco ha entrado en muchas listas de lo mejor del año…
Sí. Ya me sorprendió con el disco anterior, que también lo seleccionaron en varias. Con Souvenir hicimos seis elepés, tuvimos cierta repercusión en el mundo indie, tocamos en el festival de Benicassim, hacíamos giras bastante extensas y teníamos buena crítica, pero jamás nos elegían en ninguna lista de lo mejor de año. Con estos discos nuevos de esta década esperaba seguir en la misma línea. Quizás hayan cambiado los medios, puede que haya habido una renovación entre la gente que elige. Igual también había un pelín de sexismo con Souvenir, más de una vez nos dijeron que un grupo con cantante femenina tenía techo en cuanto a alcance. También cantábamos en francés y eso te limita. Hacíamos lo que nos apetecía y no nos arrepentimos. Ahora canto en inglés, es una producción muy independiente… Estoy sorprendido y encantado.
¿Cómo va a ser el concierto de Pamplona?
Estoy contento porque voy a poder hacer un concierto con la banda y con Patricia apoyándome en las voces. Cuando hice la presentación en Madrid, tuve que ir con el formato reducido, el mundo del indie es muy precario; siempre fue muy precario, pero ahora lo es más, muchas veces no puedes casi ni cubrir los gastos. La ventaja de tocar en tu ciudad es que puedes.
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