Por el inapelable éxito de público, este Cuento de Navidad, puesto en música por Casalí, y llevado a escena por la Ópera de Cámara de Navarra, va a tener la misma vigencia que el propio Dickens. Y es que el impacto de aquella gloriosa representación de hace trece años (DN.29-12-2012) alcanza la misma tesitura de emoción en la nueva y sólida, en todos los aspectos, producción de este año.
Con algún añadido que la enriquece todavía más, como la poderosa estructura que preside la puesta en escena, e, incluso, el movimiento de actores, consolidado milimétricamente en ese espacio. Ciertamente los números corales, que además, se desarrollan en ese aroma dancístico de los musicales, hacen las delicias de los más pequeños; pero es la intervención de los solistas, con García Noáin, a la cabeza, y el magnífico hilván de los tres fantasmas, los que completan y consolidan todo como ópera, o sea arte total. G. Noáin, tiene muy bien asimilado el rol de Scrooge, teatralmente lo borda, y musicalmente, luce potencia y autoridad.
Los tres fantasmas (Julen-Vergara-Fresán) lucen una compenetración magnífica, creando los tres (como un solo personaje), el ambiente fantasmagórico-cómico que envuelve al protagonista; sigue siendo inolvidable su baile del tango. No se ha podido elegir mejor intérprete para encarnar a Tim (niño) que la cristalina voz de Idoia Martínez, que, así mismo, encarna, muy bien teatralmente, el desamparo del muchacho. Los dos personajes más comprometidos vocalmente, con requisitos de potentes agudos, el de Sra. Dilber y el de Carol fueron resueltos con solvencia por Itxaso Moriones y A. Jiménez, respectivamente. Ayudó, en su teatralidad, el espectacular vestuario (con algo de Reina de la Noche, mozartiana) del Espectro del futuro.
Ópera de Cámara de Navarra.
Cuento de Navidad: ópera en un acto con música de Íñigo Casalí y libreto de Pablo Valdés basado en Dickens. Con A. G. Noain al frente del reparto. Joel Reynoso, piano. Patxi Ruiz y Luis Ramos, percusión. Coro de la OCN, Erika Imizcoz, directora. Ión Barbarin, escena y coreografía. Jesús Echeverría, dirección musical. Museo UN. 30 de diciembre de 2025. Se agotaron las entradas. (de 12 a 16 euros, con rebajas)
Pero, por encima de las individualidades, lo que destaca de este espectáculo, es la fluidez y conjunción de todo y el magnífico concepto coreográfico, no sólo de los bailes grupales, sino del movimiento teatral de los personajes. Como va dicho, los números bailables, excelentes en la sincronía, se ven muy bien enmarcados con el decorado; y no deja de asombrarnos el partido dancístico que Ion Barbárin consigue sacar al coro que dirige Erika Imízkoz (mucho trabajo y ensayos, claro). Las dos alturas (casa de Scrooge, y calle) son fundamentales para el desarrollo de la trama y su esplendor estético. El vestuario y las luces, el apropiado. La versión musical fue en reducción piano-percusión: funcionó bien, con un Jesús Echeverría muy atento y controlador desde un lateral del escenario, haciendo que no echáramos en falta, casi, a la orquesta. Mención especial para el pianista Joel Reynoso (pechar con reducciones es especialmente arduo).
En torno al espectáculo, el Mun programó una chocolatada, con precios muy asequibles para todos, que contribuyó al ambiente festivo. Es verdad que el Cuento de Navidad es especialmente dramático y moralizante, más si añadimos el matiz tan actual de los desalojos (“que no, que no / que de mi casa no me muevo yo”), pero Casalí consigue, con su música tarareable y llenar de optimismo estar a la altura del final feliz del cuento.