“La copla es la memoria sonora de nuestros antepasados”
Han pasado dos décadas desde que Diana Navarro irrumpió en el panorama musical con su primer álbum y la canción ‘Sola’; este sábado 31 de enero repasará su carrera en el Teatro Gayarre
PREGUNTA: Está celebrando sus treinta años como profesional de la música, pero imagino que como aficionada llevará toda la vida, ¿no?
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RESPUESTA: Desde que tengo uso de razón. Lo que pasa es que cuento a partir de mi primer contrato cotizado en la Seguridad Social, que fue con 16 años, en la Feria de Málaga, en el año 95. Me di a conocer en 2005, con el trabajo No te olvides de mí, donde estaba la canción Sola, que tiene ya casi veintiún años. Justamente los va a cumplir cuando vaya a Pamplona, el próximo sábado 31 de enero, que fue cuando salió el disco. Pero sí, es toda una vida dedicada a cantar, a aprender, a componer, a intentar hacer otras cosas, mezclar otros estilos, pero siempre inspirándome en la copla, la saeta y el flamenco, que son los estilos que yo siempre he vivido en casa.
P: El primer contrato llegó en el 95. ¿Siempre supo que quería dedicarse a esto?
R: Siempre lo sentí. Yo tenía 5 años y me subía a los escenarios a cantar en las fiestas de fin de curso y me sentía una superartista. No me lo cuestionaba. Me he empezado a maravillar y a asombrar de esa inconsciencia bendita que me ha traído hasta aquí hace poco, cuando te preguntas cómo es posible que no dudase, aun siendo tan difícil. Siempre me he subido a los escenarios en las fiestas de fin de curso, el día de Andalucía, que cantábamos el himno, en una agrupación de folclore… Con mi primer contrato iba de telonera de Massiel y de Anabel Conde, y ahí ya sentí que iba por el buen camino. Nunca dudé, siempre tuve esa inconsciencia. Es como cuando alguien te dice que es imposible; a mí, si me lo dijeron, no lo escuché. Yo tenía claro que quería ser artista.
P: Nunca dudó, y eso que los inicios fueron duros…
R: Sí, pero, como te decía, esa inconsciencia tampoco me hacía sufrirlo demasiado. Yo iba con una ilusión extraordinaria a cada actuación que me salía; aquí en Málaga había peñas, asociaciones culturales que hacían concursos de coplas y yo me presentaba a esos concursos, y los ganaba. Después me contrataban, por ejemplo, para amenizar la Comida de la Mujer de la peña, o los ganadores del dominó, cosas de este tipo. Yo iba como artista invitada a cantar en ese tipo de actos y siempre iba con muchísima ilusión. Ya después, cuando empecé a componer, a presentarme a certámenes y a concursos fuera de Málaga, en Andalucía, veía que la cosa iba avanzando. Pero todo fue gracias a esas ganas de aprender y a esa inconsciencia de no ver lo difícil que era.
P: En 2005 llegó su primer disco, con la canción Sola, que fue un gran éxito. ¿Qué supuso para usted?
R: Fue una experiencia preciosa y durísima.
“Soy una obrera de la música. Me dedico a trabajar, a echarle muchas horas, a mimar mucho todo lo que hago”
P: ¿Durísima?
R: Sí, porque consigo mi sueño, pero digamos que no estoy rodeada de las mejores manos. Yo solamente cantaba y dormía para poder dar lo mejor de mí. Me merecía muchísimo respeto el público y pensaba en todo el trabajo que me había costado y en que las canciones que hacía eran bastante difíciles, requerían de mucho cuidado y esfuerzo vocal. Siempre estaba cuidándome y no tenía mi autoestima y mi personalidad construida. Y eso sí fue una especie de vía crucis que a lo largo de los años ya fui recuperando y aprendiendo. Pero fue tan maravilloso como duro. Luces y sombras, como hay siempre en todas las áreas.
P: Se ha definido en alguna ocasión como una obrera de la copla.
R: Soy una obrera de la música. Me dedico a trabajar, a echarle muchas horas, a mimar mucho todo lo que hago, a intentar ser honesta, porque si a mí me gusta, entiendo que al público le puede gustar; o a mi público, que es muy fiel y lo adoro. No me dejo llevar por las modas. Puedo coquetear con ellas, como coqueteé con el trap, para mostrarle a mis sobrinos que se podía hacer un trap con una letra poética. Se me ocurrió cuando imité a Marífé de Triana en Tu cara me suena. Y dije, esto lo puedo meter por trap, que es una especie de letra de poliamor, para que vean que se puede hacer. Me inspiré en La Mala Rodríguez y en Beatriz Luengo. Pero no hago las cosas porque crea que van a vender, sino porque me emocionan.
P: La copla es un género muy tradicional, pero usted la renueva con sonidos actuales. ¿Es difícil encontrar el equilibrio?
R: A mí no me ha costado porque mi público me lo ha permitido. Y lo mismo hago la copla tradicional, a piano y voz, que la hago con ritmos electrónicos y sinfónicos. Conozco muy bien la raíz y por eso me gusta deconstruirla a veces y ofrecerla de otra manera. Mientras mi público me lo permita, seguiré en este camino.
P: La copla durante años ha estado un poco denostada. ¿Cree que está cambiando la visión del público?
R: Es que esto ha sido por desconocimiento. Es lógico que, para mucha gente, por esa asociación y esa coincidencia en fecha, se la denominara franquista, pero la copla es absolutamente apolítica. La copla siempre ha sido cultura de nuestro país y ha sido una manera que tenían las mujeres de expresarse; cuando no podían hablar, cantaban. Incluso el máximo exponente de la copla, el letrista Rafael de León, que para mí es uno de los poetas de la generación del 27, aunque no se le haya considerado como tal, escribía historias homosexuales, camufladas en letras heterosexuales. La copla es una reivindicación de libertad. En la época republicana ya existía la copla, pero en la época franquista se notó esa censura. Algunas letras tenían que ser más castas, por decirlo de alguna manera, por la censura. Doña Concha Piquer prefería pagar la multa y decía “apoyá en el quicio de la mancebía” en vez de “apoyá en el quicio de tu casa un día”.
P: ¿Y llega a las nuevas generaciones?
R: Sí. La gente joven se está interesando por este género por sus abuelas, por su memoria sonora. Todos conocemos una copla, a lo mejor sin saber por qué, y es por haberla tenido cerca de nuestros familiares. Es la memoria sonora de nuestros antepasados, yo creo que eso es algo muy potente e incluso muy sanador.
P: Su primer éxito fue Sola, y ahora lo celebra con un single lleno de guiños a esa canción y a su público, que se titula Ya no estoy sola.
R: Estoy súper agradecida. El resumen de mi carrera es gratitud, porque sin el público nada de esto sería posible. En veinte años ha evolucionado todo tantísimo, tan rápido, la industria musical está tan rara, hay tanta oferta… Por desgracia, en la pandemia ha muerto mucha gente, mucho público al que le gustaba la copla porque era mayor. Que yo siga estando presente y que mi público me permita seguir haciendo lo que más me gusta me parece un regalo, por eso digo gratitud. La canción Ya no estoy sola es una carta de amor a todas las personas que han creído en mí. En los conciertos, bajo al público a cantársela a la gente, a agarrarle la mano y a mirarle a los ojos, es un momento muy bonito.
P: Lleva ya unos cuantos conciertos. ¿Qué podemos esperar del del Pamplona?
R: Muchas sorpresas y mucha emoción, todo el mundo está saliendo muy muy contento. Ya hemos estado en Mérida, en Villajoyosa, en Valencia, en Oviedo… En todas partes ha sido muy emocionante. Estoy deseando ir a Pamplona. Además, te puedo contar como anécdota que nunca he cantado en el Teatro Gayarre, pero sí grabé allí el videoclip de Mira lo que te has perdido, que es una canción de mi segundo disco, de 24 rosas. Cuando grabé el videoclip dije cómo me gustaría cantar en este teatro, y dieciocho años después lo voy a conseguir.
P: Celebra ahora el camino andado. ¿Qué le pide al futuro?
R: Salud y cordura. No le pido más, porque con salud se puede conseguir casi todo.