'Genealogías femeninas': una exposición feminista que reescribe la historia del arte contemporáneo
La muestra en la Sala de Armas reúne 24 obras de artistas nacionales e internacionales y reivindica el coleccionismo como herramienta política para visibilizar a las mujeres en el arte.
A lo largo de muchos siglos de historia, el relato del arte contemporáneo se construyó sobre ausencias parecían naturales. Como nombres que desaparecieron, genealogías que no se trazaban, cuerpos que se trataban como objetos y no como sujetos... En definitiva, surgió un relato en el que la mujer se ausentaba a tientas y se asentó como una tradición injusta. Frente a esto, la colección de Pilar Citoler se opone a esta circunstancia y pretende transmitir otra herencia: la de una conciencia política ejercida a través de la mirada. De esta forma, Genealogías femeninas en la Nueva Colección Pilar Citoler, que puede visitarse en laSala de Armasdel 12 de febrero al 17 de mayo, presenta una exposición feminista que pone en escena una forma de coleccionar entendida como una toma de posición política y social.
El coleccionismo como gesto político
Desde 1969, Citoler ha ido reuniendo piezas que dialogan con las vanguardias históricas y con las prácticas más recientes, configurando primero la Colección Circa XX —hoy depositada en el Museo Pablo Serrano de Zaragoza— y después ampliando ese archivo vivo que es la Nueva Colección. Lo que esta exposición subraya es que, en ese proceso, no solo se acumulaban obras: se estaba heredando y reformulando un gesto político. Uno que desplaza el centro del canon sin proclamas estridentes, pero con la persistencia de quien sabe que cada elección estética también es una declaración ideológica. "De alguna forma, lo que se pretende con esta exposición es traer la biografía de Citoles a esta sala, donde se hace mucha política cultural para la ciudadanía, con el objetivo de dar significado y apoyar a las mujeres que son violentadas de distintas maneras", ha expuesto Alicia Ventura, comisaria de la colección, que fue la encargada de presentar junto a Maider Beloki, concejala de Cultura, Fiestas y Deporte del Ayuntamiento de Iruña.
La mujer, en el centro de los debates contemporáneos
La muestra, de 24 piezas, reúne obras de una veintena de artistas que dialogan con los debates contemporáneos, como el poder y la desigualdad, la memoria histórica, la representación de la mujer en los medios de comunicación, el territorio, la inclusión, el cuerpo como territorio político o la imagen como campo de disputa, entre otros muchos temas que subyacen en esta colección. "Aunque la mujer ha ganado camino en los últimos años, no hay que olvidarse de cuando nadie más lo hacía", ha advertido Ventura.
Entre los nombres presentes figuran el colectivo ruso AES+F, Miguel Aguirre, Ana Laura Aláez, Carmen Calvo, Soledad Córdoba, Alberto García-Alix, Cristina García Rodero, Flor Garduño, Sanja Iveković, Concha Jerez, David Latorre, Ouka Leele, Antoni Miralda, Isabel Muñoz, Rosa Muñoz, Erica Nyholm, José Ortiz-Echagüe, Ixone Sádaba, Carlos Pérez Siquier y Miguel Ángel Tornero. Trayectorias consolidadas y sensibilidades distintas que, reunidas bajo la mirada de Citoler, adquieren una resonancia común. Y todas estas miradas de artistas marcan un mensaje claro —con la generosidad de que permiten a los comisarios reinterpretar sus obras—: mostrar que "ellas estaban ahí. Que hubo mujeres que lucharon por vindicar nuestros derechos y ahora tenemos que utilizar el arte contemporáneo como vehículo para reivindicar el feminismo". Pero también para luchar contra "los radicalismos extremos" a través de la reflexión que estas obras pueden generar en el público. En especial, entre la gente joven que "no tienen tan presente la memoria histórica. Esto va de recorrer la historia para reconfigurar el presente y el futuro", ha sostenido.
Así, en el conjunto puede leerse una transformación: de la representación directa de la mujer a la formulación conceptual; del retrato a la metáfora; de la presencia física al signo. La evolución no es lineal ni programática, pero sí reveladora. Lo femenino deja de ser motivo para convertirse en estructura crítica, en herramienta de cuestionamiento del propio sistema artístico.
Pero esta exposición subraya algo más preciso: el coleccionismo como gesto político. Frente a un canon históricamente construido desde la exclusión, la mirada sostenida de Citoler ha ido desplazando el centro. No desde la estridencia, sino desde la constancia. Así, Genealogías femeninas no impone una tesis, sino que propone una lectura: la de una colección entendida como archivo vivo donde cada obra, al incorporarse, altera el equilibrio y reescribe la historia desde dentro.
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