El Palacio del Condestable acogerá hasta el próximo 1 de marzo una nueva exposición del artista navarro Chuma Arguiñáriz, una propuesta que convierte la memoria de la imprenta tradicional en materia artística y que tiene como título Sobre Aluminio. La muestra, inaugurada el pasado viernes 21 de enero, reúne una serie de pinturas realizadas sobre chapas de aluminio, concretamente las planchas empleadas durante años en procesos de impresión offset. La exposición se plantea un diálogo entre el oficio y la creación contemporánea. No se trata únicamente de un soporte poco habitual: las piezas conservan, en muchos casos, restos de antiguas imágenes y textos en el reverso, huellas de su uso industrial que ahora forman parte del relato artístico. Esa doble condición –objeto técnico y superficie pictórica– dota a la obra de una dimensión simbólica que conecta pasado y presente. Y, de esta manera, la obra del artista servirá para que la ciudadanía navarra conozca el pasado y disfrute de la vida que puede renacer una vez se rescatan los objetos.

Arguiñáriz inició su trayectoria profesional en una imprenta puntera de la época, donde trabajó como diseñador en un equipo reducido. Aquellos años estaban marcados por procesos completamente manuales y por una cadena de trabajo hoy prácticamente desaparecida. Los bocetos se elaboraban recortando fotografías de revistas y componiendo los textos con letras adhesivas como Letraset o Decadry. Era el tiempo previo al llamado “arte final”, cuando cada detalle exigía precisión artesanal y la creatividad convivía con la técnica en cada fase del proceso.

La evolución de las impresiones

El recorrido por la imprenta incluía el laboratorio de fotomecánica, donde los fotolitos se montaban y se “insolaban” sobre planchas de aluminio previamente emulsionadas. En la planta de manipulado, un grupo numeroso de mujeres se encargaba de doblar, encartar, grapar y encuadernar los trabajos, cerrando el ciclo productivo antes de su distribución. Más allá, en la sala de máquinas, convivían impresoras tipográficas y offset –como Heidelberg o Roland– junto a la linotipia, una máquina que fundía barras de plomo mientras el operario componía los textos mediante teclado. Algunos titulares todavía se armaban letra a letra desde las cajas del chibalete, en un ejercicio de paciencia y destreza manual.

rescatar el pasado Con esta exposición, el artista rescata aquellas planchas de aluminio que un día sirvieron para trasladar palabras e imágenes al papel y les otorga una nueva vida. El aluminio deja de ser un simple soporte técnico para convertirse en superficie pictórica y en símbolo de una época en la que el trabajo gráfico combinaba técnica, precisión y artesanía. Las obras no ocultan el pasado del material, sino que lo incorporan como parte esencial de su identidad.

La muestra, instalada en el Condestable de Pamplona, propone así una reflexión sobre la transformación de los procesos creativos en la era digital y rinde homenaje a quienes formaron parte de aquel universo profesional. En un momento en el que la inmediatez tecnológica domina la producción visual, la propuesta de Arguiñáriz recupera el valor del tiempo, del proceso y de la materia. Podrá visitarse hasta el 1 de marzo.