Como Elizabeth Gilbert –interpretada por Julia Roberts– en la película Come, reza, ama, la pintora Josune Iribarren también ha diseñado una triada –o, como ella dice, “el abc”– para homenajear el movimiento de las fiestas y el alma de Iruña: “Ama, Baile y Corre”. A través de 19 cuadros –obras que desnudan las emociones de la artista por su tierra– la pintora recorre las paredes de la Casa de Cultura de Zizur Mayor hasta el próximo 1 de marzo con el objetivo de colocar, una vez más, a su ciudad en el centro, pero a través de los tres hitos “que mejor representan los Sanfermines” a nivel de tradición y folklore popular: la celebración, el baile y los encierros que, como su obra, por medio de trazos que “crean volúmenes, capturan instantes y rebosa el movimiento”, expresa.
Aunque para llegar hasta el último cuadro –el que considera “la joya de la corona”–, Josune Iribarren tuvo que peregrinar durante cuatro años por su identidad artística y, de alguna manera, reconstruirla. Porque esta exposición nació desde una perspectiva algo más clásica, de manera que los primeros óleos y acuarelas muestran unas fiestas más “rígidas”, con unas líneas mucho más marcadas. O, al menos, más de lo que ella quisiera. Y, después, transita hasta el movimiento absoluto, lo distorsionado y difuminado. “Quiero que todo sea movimiento, que sea ritmo. Que lo veas y te transmita o te emocione. Quiero destacar los colores, porque todo es rojo y blanco, pero también hay amarillos y verdes. Son los juegos y luces del sol, del paisaje un poco más borroso, que le dan mucha viveza”, expresa.
Desaprender el arte
Y, a pesar de la belleza del resultado, Josune Iribarren reconoce haber sufrido durante el proceso porque ha tenido que “desaprender” todo cuanto ha conocido durante los 34 años que se lleva dedicando a lo que ama. “Los años no pasan en balde, te sueltas y empiezas a crear sensaciones muy bonitas. De hecho, es ahora cuando he empezado a dejar un poco más de lado los cuadros, a no retocarlo porque lo que yo quiero es eso, hacer sentir bien a la gente, que disfruten, que les guste... Soy muy academicista, me gusta el realismo, pero no quiero imitar nada. No tenemos que analizar nada, tan solo disfrutar de cada una de las pinceladas –o con la espátula, el trapo–. A mí me gusta que la pincelada hable y te provoque sensaciones”, asegura. Como las que ella siente por Pamplona. Tanto es así que de vez en cuando sueña con ser “la pintora de Navarra o de mi ciudad”, bromea. Porque todo lo que ha hecho se vincula con la capital de la Comunidad Foral de Navarra. “Creo que se me reconoce a través de esa temática, de mi estilo y de la intensidad de los colores. Me gustan los rojos intensos y eso representa, yo creo, muy bien a Pamplona. Y eso sintetiza mucho mi esencia. Me gusta mirar lo que yo amo a través de las sensaciones, de la mancha”, dice.
Otras perspectivas
En ese sentido, también hay que destacar de su pintura la búsqueda de perspectivas. Porque todo se diluye y, sin embargo, hay una armonía y precisión que hacen que cada uno de sus cuadros sean perfectos. Como una alpargata fija, pero deshilachada, los pañuelos al aire durante el chupinazo o los pies de los dantzaris. Todo esto no es más que “una forma de representar que Pamplona es una ciudad viva y alegre. En la exposición no hay tristezas, de ahí que sean tan importantes el color y ese sonido que nace del movimiento”. Y, de alguna manera, esta exposición sobre los Sanfermines no es más que el relato de una ciudad contado a través de los ojos de una mujer que ama a su tierra.