Aprender a leer y escribir ha sido, seguramente, uno de los gestos más relevantes en la evolución de la especie humana. Una revolución que cambió el sistema cognitivo de las personas, las estructuras sociales y políticas, las formas de vida... Y permitió acumular y transmitir conocimientos, recuerdos, experiencias tanto en el espacio como en el tiempo. Hoy, en tiempos de Inteligencia Artificial (IA) la importancia de la escritura a mano está en entredicho por la omnipresencia de las pantallas, las aplicaciones de dictado y transcripción y otros instrumentos prácticos, pero también intencionados.

Y tanto el aprendizaje en etapas tempranas como la estimulación cerebral en la tercera edad pueden verse comprometidos, cuando no distorsionados, a pesar de que la ciencia demuestra que los beneficios de este baile de dedos, brazo, letras y papel son incontables. Por no hablar del papel que juega en la creatividad, la imaginación, la identidad y el bienestar. De todas estas cuestiones hablaron el sociólogo Sergio García, el comunicador Andrés Shoai y el científico Humberto Bustince en la primera mesa redonda del festival Itinerarios de Caligrafía, cuyo evento central se celebra hasta este sábado, 21 de febrero, con conferencias, talleres, visitas y otras actividades. Todo, de la mano de Sonia Beroiz, de Kö Estudio. Moderó el encuentro la educadora Glòria Jové.

Bajo el título Alfabetización tecnológica vs. analógica. Los riesgos de la pérdida de la escritura, los tres ponentes abordaron cuestiones que resuenan con fuerza en quienes se asoman a la IA sin tener claro cómo funciona, cuáles son los objetivos y los valores de quienes impulsan su uso y qué beneficios y perjuicios puede tener a corto, medio y largo plazo en distintos ámbitos como la ciencia, la educación, la salud o la cultura.

Civilización, valores, resiliencia

Sergio García, doctor en Sociología, especialista en educación y desarrollo social y profesor de Ciencia Política en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), articuló su argumentación en cuatro pilares. Con el primero subrayó el papel de la escritura en el origen de la civilización. Al principio, los Homo Sapiens se organizaban en grupos pequeños y ejercían muy pocas funciones, “pero todo cambió hace 6.000 años cuando aparecieron las primeras ciudades –Uruk, en la antigua Mesopotamia; otras en China, en Egipto– y se implantaron el sedentarismo, la religión, la arquitectura... Con miles de personas en el mismo lugar que tenían distintas funciones”. Soldados, agricultores, esclavos, comerciantes... y escribas. “Surgió la necesidad de registrar contratos, de crear y registrar leyes, de contabilizar alimentos... Y esta práctica se convirtió en fundamental”, agregó García, que, en segundo lugar, habló de la implicación de la escritura en la evolución de la especie.

“Estamos atravesados por la tecnología, pero, salvo los ingenieros, sabemos muy poco de lo que hay detrás de ella”

Sergio García - Doctor en Sociología

Y aquí habló de la “falacia economicista” en la que “hemos sido socializados”, en referencia a Emilio Muñoz, profesor vinculado al CSIC, que defiende que “mientras los políticos usan a los economistas como fuentes de excelencia para diseñar sus políticas públicas, resulta que el elemento clave para la evolución de la especie ha sido la colaboración, la sinergia, la cultura y la ética”. Y su registro, una pieza fundamental, más aun cuando, por primera vez, comenzaron a transmitirse conocimientos entre personas que no vivían ni en el mismo lugar ni en el mismo tiempo histórico. Y se pudo hacer gracias al desarrollo de tecnologías como la escritura en piedra, en conchas de tortuga, en piel de camello, en pergamino, en papiro... y a través de distintos métodos como la cuneiforme, los jeroglíficos, los ideogramas o el alfabeto. En este último caso, fenicios-griegos consiguieron que con apenas 30 signos se pudiera escribir todo. 

Mucho tiempo después, el invento revolucionario de la imprenta en el siglo XV permitió la difusión masiva. Más tarde llegarían el telégrafo, la telefonía, Internet y ahora la IA, cuyo impacto seguramente será igual o mayor que el del ingenio de Gutenberg, enumeró el ponente.

Glòria Jové, Humberto Bustince, Sonia Beroiz, Sergio García y Andrés Shoai. Iban Aguinaga

Paradoja y contraintuición

El tercer pilar de la intervención de Sergio García se apoyó en una paradoja. “Estamos atravesados por la tecnología, pero, salvo los ingenieros, sabemos muy poco de lo que hay detrás de ella”, afirmó. Asimismo, alertó frente a lo que llamó “dimensión contraintuitiva”. Y es que, aunque nos cueste conferir valores morales a un móvil, a una tablet o a un PC, lo cierto es que “en el proceso de diseño de los dispositivos se perciben las intenciones que hay detrás”. En este sentido, puso como ejemplo la irrupción del tractor en la agricultura y lo que supuso en términos de explotación de los campos, de dependencias de fertilizantes y mercados y también de desigualdad, ya que no todos los agricultores podían tener uno.

Todo esto generó brechas como las que hoy están generando las nuevas tecnologías digitales. Una de ellas tiene que ver con la adquisición, “ya que, como vimos en el covid, no todas las familias tenían dispositivos para que sus hijos estudiaran desde casa”; otra con el saber usar, que tiene que ver con el edadismo, y la última, con el abuso. Irónicamente, después de la pandemia, se está produciendo un fenómeno curioso: “Quienes menos poder adquisitivo tienen, más tiempo pasan ante pantallas, afectando directamente a rendimiento académico”. 

A modo de conclusión, García habló de escritura manual como una herramienta de resiliencia individual y colectiva. “Hay maneras de organizar la sociedad y la economía más o menos resilientes”, y esto conecta directamente con “la autosuficiencia”.

Si un sistema está anclado materialmente en lo local, será más independiente. “Lo vimos en la pandemia; de repente no había mascarillas, gel, algunos alimentos, papel higiénico... Porque el sistema ha desterritorializado muchas industrias básicas a lugares con mano de obra cualificada y barata”, apuntó el experto. Por eso “se están volviendo a anclar cerca determinadas industrias (energía, salud, etc)”. “Cuanto más nos desanclamos, más vulnerables somos. Y lo digital depende mucho del agua, de cantidades enormes de energía, de las tierras raras y de estabilidad geopolítica”; sin embargo, “la escritura a mano siempre está ahí si se va la electricidad, por ejemplo”, dijo. Pero, a la vez, no denostó la tecnología y su potencial para diseminar conocimientos. “Hay que conjugar la resiliencia con la capacidad de distribuir y compartir información”, destacó.

¿Todo es alfabetización?

En su caso, Andrés Shoai, investigador y consultor en Opinión Pública y Comunicación, investiga sobre cómo los algoritmos, los medios y el lenguaje moldean la percepción y la construcción social del conocimiento.

Durante su ponencia en Pamplona, se centró en la devaluación que ha sufrido en las últimas décadas la palabra alfabetización. “Durante siglos y siglos, solo significaba una cosa: aprender a leer y a escribir”. Al principio, solo una élite sabía, los monjes copistas, por ejemplo, pero con el tiempo, la lectoescritura “se consideró fundamental como instrumento de desarrollo y progreso”, indicó. Hasta que llegó “el big bang de la alfabetización en todos los campos”, tales como las emociones, las finanzas, la ciencia. Y en el ámbito mediático y digital, claro, donde con el cambio de centuria, se inició “un proceso interesante”. “Al principio, nos obsesionamos con el desarrollo de competencias digitales, y luego nos fuimos dando cuenta de que estábamos creando contenidos gratuitos para una gran corporación llamada Google”, compartió Shoai.

En su grupo de investigación también comenzaron a trabajar en la alfabetización algorítmica, recopilando, en primer lugar, las publicaciones existentes al respecto. Empezaron, hace unos años con unas 50 y ahora ya suman más de 1.600, “pero todavía no existe un marco de referencia que nos permita conocer desde la dimensión técnica hasta el aspecto crítico” de estas tecnologías. “Lo técnico está en primer plano, pero no se habla tanto de las intenciones que hay detrás de ellas”; ni de “los peligros” que acarrean.

“Al principio, nos obsesionamos con el desarrollo de competencias digitales, y luego nos fuimos dando cuenta de que estábamos creando contenidos gratuitos para una gran corporación llamada Google”

Andrés Shoai - Doctor en Comunicación

Frente a todo esto, la caligrafía viene a equipararse con la alfabetización básica, la primigenia, y tiene otros beneficios como situar al que escribe “en el aquí y ahora”, lo que “propicia la reflexión”. Y también el “diálogo comunitario” a través de talleres y otras actividades compartidas. Asimismo, se ha demostrado que la velocidad de la escritura en teclado no favorece la comprensión, ya que a mano el proceso cognitivo es diferente”. Será por eso que “cada vez hay más profesores que piden que no se use el ordenador en el aula”, agregó el comunicador.

Y Sergio García recordó que se ha visto que manuscribir “favorece las conexiones sinápticas”, de ahí que ya se esté aplicando en prevención del Alzheimer y en otros ámbitos de la salud y de la educación. “Ya solo por eso, merece la pena”, continuó.

"Quiero que los niños escriban a mano, así que, por favor, no les demos un móvil”

Humberto Bustince - Catedrático de Ciencias de Computación e IA en la UPNA

La infancia, mejor sin móvil

En el lado de la investigación científica se ubica Humberto Bustince, catedrático de Ciencia de la Computación e Inteligencia Artificial en la Universidad Pública de Navarra con casi 40 años de experiencia investigadora.

Partidario de que se aplique con rigor el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, “que no está en funcionamiento”, puso de relieve los avances que la tecnología ofrecerá en ámbitos como la salud o en la recuperación de documentos antiguos y en los estudios históricos en general. Al mismo tiempo, Bustince destacó que el primer acercamiento a la lectoescritura debería ser el clásico, pero se mostró preocupado por el momento que vivimos, “en el que un niño ya no tiene ni que escribir para mandar un mensaje; se lo dicta a una aplicación y esta lo transcribe”. “Yo quiero que los niños escriban a mano, así que, por favor, no les demos un móvil”, afirmó el profesor, que alertó de las enormes cantidades de energía que consumen las nuevas tecnologías. “Enviar una sola imagen por Whatsapp equivale al funcionamiento de cuatro bombillas durante 24 horas”, dijo, y aventuró que “el próximo apagón será digital”. Y “si entonces no sabemos usar lo manual...”  

Público en la conferencia. Iban Aguinaga

Por otro lado, remarcó lo que la IA va a suponer en términos de detección y cura de enfermedades, por lo que no se trata tanto de si es buena o mala, “sino de regularla bien”. Y de tener claro que estas herramientas procesan millones de datos en segundos, pero “no piensan, ni tienen sentido común ni objetivos”. Tampoco tienen originalidad, ya que “aprenden del pasado”, de la información registrada durante siglos por humanos como Humberto Bustince, aunque, como contó, el 90% de su ponencia fue creada por Chat GPT. Esta crónica ha sido escrita a partir de las notas recogidas en 30 páginas de libreta.