Here I’m again, back on the corner again, back where I belong, where I've always been, everything the same, it don’t ever change, I’m back on the corner again, In the healing game (Aquí estoy de nuevo, de vuelta a la esquina, de vuelta a donde pertenezco, donde siempre he estado. Siempre lo mismo, esto nunca cambia, estoy de vuelta a la esquina, en el juego de la curación). Esta es la primera estrofa de The Healing Game, la canción que da título al aclamado disco que sacó Van Morrison en 1997 y que le puso de nuevo en la cúspide.
A mi me recuerda, lógicamente, a muchas personas, cosas y situaciones y una de ellas, ya lo siento, es a Osasuna. He visto a Osasuna acabar sexto en el 85, quinto en el 88, cuarto en el 91, cuarto en 2006 y varias virguerías más. Le he visto jugar dos finales de Copa, ascender tres veces y pasar muchas campañas amables en la máxima categoría, sin ir más lejos las seis últimas antes de ésta, pero, qué le voy a hacer, no se me quita del ADN que pelear por no descender y tener que afrontar partidos en los que te juegas la vida es parte de nuestra historia y de nuestro sino. Nos ha pasado en Primera entre 1980 y 1994, nos pasó entre 2000 y nos pasó en Segunda en 1997 y 2015, cuando hubo que firmar 4 victorias seguidas para no bajar a Segunda B y meter gol en el último minuto en Sabadell, respectivamente.
El aficionado viejo, quiera o no, está por tanto bastante hecho a estos trances. No sé yo si lo está el equipo. Hoy lo veremos, veremos qué equipo sale a jugar en Getafe y qué son capaces de ofrecer unos jugadores que hace un mes daban la vuelta de honor festejando una salvación que entonces se consideraba hecha y que hoy pueden caer al pozo de la Segunda. Yo confío en ellos. No me digan por qué. Porque son los míos, quizá, los únicos que tengo. Si no confiamos nosotros, quién lo va a hacer. ¡Hasta la victoria siempre! ¡O el empate!