La dinámica de los últimos 4 partidos dice que el sábado perdemos en Getafe, lo que unido a resultados perfectamente viables como victorias en casa de Girona ante el Elche y de Mallorca ante el Oviedo nos mandaría a Segunda División. Hace unas semanas dábamos la vuelta festejando una casi segura permanencia y ahora estamos en estas. Pero es lo que dice la dinámica de resultados.
A mi lo que me dice es que jugamos muy dignamente y merecimos mínimo empate ante el Barca, que solo varios errores gruesos nos privaron de empatar o ganar en Levante, que ante el Atlético también hubo mala fortuna y que el domingo ante el Espanyol es cierto que salimos como a contemplar pero tras el afortunado 0-1 se dio todo para al menos puntuar.
No salió, como no está saliendo buena temporada a jugadores clave y entrenador, como no estamos viendo aportar goles a los medios que descarguen a los delanteros de esa presión solo para ellos y como no estamos teniendo la sensación de que el equipo llegue fresco física y mentalmente al final. Vale, bien, ¿y qué? De qué nos sirve todo esto si al final lo que cuenta se reduce a 95 minutos el sábado y darlo todo y más en un campo que no se te da especialmente bien pero que, con todo el respeto al Getafe, no es el PSG.
Así que es comprensible el miedo, el enfado si me apuran, pero no nos podemos permitir tirar ninguna toalla. Ni hoy, ni mañana, ni en el minuto 1, ni con 2-0 ni con nada. Hay que ir a tope y ya habrá tiempo pase lo que pase de hablar de la temporada, del entrenador y de la plantilla.
Ahora hay que dejarse de venganzas, de “ya avisé”, de cobrar reproches del pasado o toda esa enorme cantidad de disputas que genera el fútbol. Los jugadores tienen que salir a morder, con cabeza, y que luego sea lo que la pelota dicte, pero sin miedos. Si bajamos, bajamos, pero sin miedo. Miedo hay que tener a otras cosas, esto es lo que es. ¡Vamos!