Uno de los apartados de la regla 12 se refiere a las amonestaciones por conducta antideportiva y en él se enumera un listado de situaciones por las que el árbitro debe enseñar tarjeta amarilla al jugador que las cometa. Dejando claro que pueden existir otras, porque la casuística es infinita, la regla refleja trece de estos casos. Nos vamos a referir en este artículo al primero de ellos: “Intentar engañar al árbitro, p.ej. al fingir una lesión o aparentar haber sido objeto de una infracción (simulación)”.

Asistimos continuamente en los partidos de fútbol, sin que importe la categoría, a fingimientos que afectan de manera muy alarmante a la estabilidad física de esos jugadores que algunos llaman “listos”, a mí se me ocurren otros muchos adjetivos para definirlos y no son tan cariñosos, el caso es que se “desmayan”.

Se puede entender, más o menos, que el delantero que entra en el área contraria y es encimado por un adversario pierda el sentido del equilibrio con facilidad y tienda a caer de bruces al suelo para ver si el árbitro le concede un tiro de penal, es difícil valorar el grado de fingimiento que pueda haber en ello y en cualquier caso puede ser justificable que entre el cansancio y el contacto físico caiga aunque haya en ello algún intento de sacar tajada.

La que no tiene ninguna justificación es esa otra situación en la que, con el juego detenido, se produce alguna discusión, un ligero empujón y un hombretón de ochenta kilos perfectamente musculado y en plena juventud se desploma como si hubiera sido alcanzado por un rayo. Despliega inmediatamente todo tipo de aspavientos, a veces hasta le cuesta decidir dónde le duele y otras la televisión descubre que entre los dedos busca afanosamente con la mirada la reacción del árbitro para ver si lo ha engañado y consigue expulsar al jugador que, aunque lleve camiseta de otro color, es un compañero de trabajo.

¿De verdad nos parece que este sujeto es “listo”? ¿No nos damos cuenta que hay niños muy atentos y el día menos pensado veremos a un alevín de nueve años tirarse al suelo como este payaso?

Mi opinión es que tanto los árbitros, como los comités de competición y los legisladores del fútbol deben proponerse acabar con esta lacra del mismo modo que acabaron con los escupidores, con castigos ejemplares.

Sobre este asunto algo tienen que decir también los aficionados y los periodistas, no se les puede reír la gracia a estos elementos lamentables. Aunque sean de nuestro equipo. ¿No les da un poco de vergüenza?

Formación del Comité Navarro de Árbitros de Fútbol.