Los ojos de Nicolás Combarro muestran espacios “fantasmagóricos”: lugares que una vez fueron y que hoy ya no están habitados, pero que aún activan la memoria del pasado desde una perspectiva silenciosa y desconocida. De esta manera, la exposición Mirar a otro lado, presentada en el Museo Universidad de Navarra (MUN), se plantea como un diálogo entre sus seis últimos proyectos en torno a lo que ha perdido significación, a través de una reflexión sobre las ideologías ocultas en la arquitectura y los márgenes de la historia estatal.
La muestra reúne más de 200 obras desarrolladas durante su residencia artística Tender Puentes, impulsada por el MUN. Este proceso llevó a Combarro a trabajar con distintos archivos, entre ellos la fotografía Francia 1939. Campo de concentración de Bram. Dormitorio, tomada por Agustí Centelles durante su cautiverio. A partir de esta investigación —y del descubrimiento de lo ocurrido en ese lugar, desconocido para gran parte de la historia— el artista encontró un punto de partida para construir un diálogo donde prevalece la “tensión entre el documento del espacio y la subjetividad”.
Este primer hito le permitió continuar su indagación sobre los campos de concentración en España, planteando el trabajo como un ejercicio de conocimiento radicado en la experiencia. En el Estado llegaron a existir más de 300 campos de concentración, en los que fueron internadas entre 700.000 y un millón de personas. Una realidad que permaneció en gran medida oculta durante décadas y cuyo estudio se amplió tras la desclasificación de archivos militares en 2018.
Combarro centra su atención en el reconocimiento de arquitecturas que hablaron de la violencia del país. El artista regresa a estos espacios de noche para “enfrentarse a lo que queda de ellos y bañarlos con luz, haciendo visible lo invisible”. Ilumina únicamente el elemento arquitectónico que desea destacar, dotándolo de una fuerte carga simbólica, casi como un monumento a la memoria.
Entre las obras destacan los restos del campo de nueva construcción de Miranda de Ebro (Burgos), modelo para otros centros en la península; el Fuerte de San Cristóbal, símbolo de la represión franquista; y la desaparecida Cárcel de Carabanchel, construida por los propios presos. En todos estos lugares, el artista parte de un riguroso proceso de documentación, estudio y análisis histórico.
Junto a las obras se presenta un fondo documental compuesto por planos, postales, fotografías, protocolos oficiales y otros materiales recopilados por Combarro. Ante la escasez de archivos oficiales, el artista completó la investigación con el proyecto Arqueologías, donde reúne restos “menores” hallados en estos espacios, representados mediante pequeñas esculturas translúcidas, fotografías y una proyección que sintetiza la arquitectura de los campos de nueva planta.
Proyectos que dialogan con la memoria arquitectónica
En Mirar a otro lado, la serie Materia del silencio dialoga con otros proyectos de su trayectoria en los que Combarro interviene tipologías arquitectónicas que resisten al paso del tiempo.
Entre ellos se encuentra Sotterranei, donde el artista se adentra en los subsuelos de Roma y Nápoles para revelar una realidad oculta; o Desvelar, desplazar, centrada en los restos de la antigua Fábrica de Tabacos de Madrid, hoy espacio cultural. Ambas series emplean la proyección de luz como estrategia de intervención artística. La serie Arquitectura espontánea recopila ejemplos de autoconstrucción y arquitecturas no regladas mediante ejercicios formales e imágenes documentales. A ello se suman Arquitectura oculta, dedicada a las llamadas “obras negras” —edificaciones abandonadas e inacabadas— y Serie negra, centrada en el patrimonio minero e industrial.
“En todas ellas hay un intento de utilizar el lenguaje artístico para hablar de contextos complejos fuera del circuito habitual de comunicación”, afirma el artista. Su trabajo activa la memoria desde la distancia temporal, permitiendo que las intervenciones hagan resurgir los olvidos inscritos en la arquitectura.
Una exposición sobre memoria, ideología y mirada
Todas estas intervenciones confluyen en el atrio del MUN, donde se hace visible la metodología de trabajo de Nicolás Combarro: documentación, archivo, intervención lumínica y resignificación simbólica. La exposición funciona como un catálogo de acciones que investigan las ideologías inscritas en la arquitectura, así como las tensiones entre realidad y ficción, memoria y olvido, lo individual y lo colectivo. Lejos de proponer una evasión, Mirar a otro lado plantea un ejercicio de atención. Frente a la monumentalidad de los grandes relatos arquitectónicos, Combarro dirige la mirada hacia los márgenes: espacios olvidados, estructuras inacabadas, huellas industriales y subterráneas que contienen capas de memoria.
La muestra invita a cuestionar qué historias decidimos preservar y cuáles relegamos al silencio, recordando que toda arquitectura —incluso la aparentemente invisible— es también un posicionamiento ideológico. En ese gesto de iluminar lo oculto, el artista no solo interviene espacios, sino también nuestra manera de mirar.