Tierra Estella es para Pedro Salaberri (Pamplona, 1947) paisaje con historia y, sobre todo, “paisaje tranquilo, campo abierto en el que ves muy bien las nubes, la lluvia, sientes el viento... todo”.
Una “enorme habitación espaciosa y luminosa” a la que el pintor-caminante rinde su personal homenaje con una exposición inaugurada este martes 10 de marzo en el Museo Gustavo de Maeztu de Estella-Lizarra.
"La despedida más hermosa"
Hasta el próximo 7 de junio puede disfrutarse en la sala de exposiciones temporales esta muestra, titulada Viaje a Estella y con la que Camino Paredes se despide como directora del Museo estellés.
“No podría imaginar una despedida más hermosa de mi vida profesional que hacerlo acompañada por los paisajes de Salaberri”, escribe Paredes en el extenso catálogo editado con motivo de esta exposición, que reúne 23 pinturas. El libro, sin embargo, reproduce más de 60 cuadros dedicados por el pintor pamplonés a Tierra Estella.
“Tierra Estella es paisaje abierto y tranquilo donde ves muy bien las nubes, la lluvia, el viento... todo”
“Quería dejar constancia de que he pintado mucho esta tierra, es un paisaje que me encanta y que he recorrido mil veces”, dice Salaberri, apuntando que “Estella es importante” para él “desde hace muchos años”. Desde aquel 1973 en que el artista realizó su primera exposición en Pamplona, y también su primera individual en Estella-Lizarra, entonces en la Casa de Cultura Fray Diego.
La muestra que ahora protagoniza es la quinta que lleva al Museo Gustavo de Maeztu, donde empezó a mostrar su arte hace 30 años.
Sin embargo, ésta es la primera vez que concibe una exposición específicamente en torno a la ciudad y, por extensión, a Tierra Estella, “incluido el tramo del Camino de Santiago Francés que discurre por ella, desde las estribaciones del Alto del Perdón hasta Puente la Reina, la primera etapa de un camino de concordia, de paz, un viaje físico muy grato, pero también sentimental”, cuenta el pintor.
La misma sensación de descubrimiento
Mientras el catálogo incluye obras de diferentes épocas, y muestra estadios de la evolución pictórica del artista, en el recorrido expositivo, más restringido por exigencias de espacio, “los cuadros son recientes pero los paisajes de los que parten son en varios casos casi el mismo lugar”, dice el autor refiriéndose a entornos como La Berrueza, “un espacio muy amplio cultivado con pueblos pequeñitos, muy cuidados, una zona muy tranquila donde parece que viajas cien años atrás”, o la Sierra de Codés, lugares que ha pintado una y otra vez y que vuelve a vivir “con el mismo placer, con la misma sensación de descubrimiento. Siempre quiero volver a todo lo que significa Estella para mí y que el viaje no se acabe. Me siento bien ahí”, asegura de esta tierra de “paisajes amplios, espaciosos” en los que el pintor ha encontrado “un caminar tranquilo por montes, caminos y puentes” junto a Mari Carmen, su compañera de vida.
“Nos gustan por eso, no son paisajes solitarios pero sí de poca gente. Son paisajes cultivados, pero no ocupados. Campos en los que sabemos que está el trigo que luego nos vamos a comer”, destaca Salaberri, que en estas tierras no busca la naturaleza salvaje. “Los Pirineos, por donde he andado tanto también, era una naturaleza más dura más indómita, maravillosa, pero otra cosa. Aquí los paisajes son civilizados, habitados pero no ocupados por polígonos industriales ni urbanizaciones enormes. Aquí ves muy bien las nubes, la lluvia, el viento..., todo”, dice.
Experiencia y vínculo con el territorio
El balcón de Pilatos, Monjardín, Lóquiz, el Pantano de Alloz, Arnotegui, el Santo Sepulcro, Monasterio de Azuelo, La Costalera, Yerri, Puente la Reina, vistas desde el Perdón, el Cabezón de Echauri, Eunate, puentes como los de Artabia, Acella o el de la cárcel, y, cómo no, el enclave donde se levanta el Museo Gustavo de Maeztu (plaza San Martín e Iglesia de San Pedro de la Rúa), han sido revisitados por la pintura de Salaberri en estos últimos años.
Y, como destacan desde el Museo estellés, esta insistencia del artista en volver sobre los mismos escenarios “no implica repetición, sino profundización. A través de distintas etapas, ha ido modulando su lenguaje pictórico, en la densidad de la materia, en la vibración cromática, en la construcción del espacio, manteniendo una coherencia estructural que define su identidad artística”.
“Cada cuadro nos invita a mirar con calma un territorio que es memoria compartida”
Viaje a Estella permite así “comprender la pintura de Pedro Salaberri como un proceso abierto y en constante evolución, donde el descubrimiento permanece activo pese a la reiteración del motivo. El retorno al paisaje no es un gesto nostálgico, sino una reafirmación de la experiencia y del vínculo con el territorio”.
En palabras de Camino Paredes, “cada cuadro en esta exposición nos invita a mirar con calma, a reencontrarnos con rincones conocidos y a sentir la hondura de un territorio que es mucho más que un escenario: es una memoria compartida”, dice la directora del Museo Gustavo de Maeztu, destacando que la manera de Pedro Salaberri “de recorrer caminos, observar montes y calles, escuchar a la gente y traducir esa experiencia en pintura ha construido un relato íntimo y a la vez colectivo, que nos pertenece a todos”.
Para el pintor, “es un honor” que Paredes le “invite” a su despedida –que, sospecha, puede ser también la suya en este espacio expositivo– y que su pintura “sea para ella sea un buen colofón”.
EN CORTO
- El horario de apertura del Museo Gustavo de Maeztu es de martes a sábado, de 9.30 a 13.30 horas en horario de invierno. En horario de verano, el Museo abre de martes a sábado, de 9.30 a 13.30 y de 16.00 a 19.00 horas. Los domingos y festivos, el horario es de 11.00 a 14.00 horas.
- La entrada es libre.
El artista
Pedro Salaberri (Pamplona, 1947) es uno de los pintores navarros más relevantes de su generación. Con una trayectoria consolidada, su obra se ha caracterizado por una dedicación constante al paisaje como eje central de su investigación artística.
Su obra parte de la experiencia directa del territorio, especialmente Navarra, que transforma en construcciones plásticas alejadas de la mera descripción para adentrarse en una interpretación personal basada en la memoria, la luz y la atmósfera.
Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona, Salaberri inició su andadura artística desde muy joven, participó en iniciativas culturales de referencia como los Encuentros de Pamplona de 1972. A lo largo de su carrera ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas, consolidando un lenguaje propio caracterizado por la solidez compositiva, la densidad matérica y una particular sensibilidad hacia el espacio.
En 2022 recibió el Premio Príncipe de Viana de la Cultura, uno de los máximos reconocimientos culturales otorgados por el Gobierno de Navarra, en reconocimiento a la solidez de su trayectoria y a su contribución esencial al patrimonio artístico de la comunidad.