Vadim Baranov, protagonista de El mago del Klemlin, nunca existió, pero se cuenta que Vladislav Surkov se le parece mucho. Para Assayas y Carrère, guionistas de este filme construido sobre la novela de Giuliano da Empoli, Baranov es el pretexto para desnudar el texto. El texto madre se llama Putin y le insufla vida un camaleónico Jude Law que disfruta encarnando a los hombres que detentan el poder del mundo, sean estos papas, sátrapas o el mismísimo Enrique VIII.

Con Jude Law como Putin y con Paul Dano como Baranov, Assayas dedica dos horas largas pero nunca cansinas ni mucho menos huecas, a desmenuzar de forma revelada una figura sobre la que sigue habiendo más oscuridad que luz. Concebida al clásico estilo del cine político, sostenida como síntesis de la historia de la Rusia del siglo XXI, ante la pantalla vemos aparecer con ritmo inquieto y verbo tortuoso, un ensayo sobre, más que un hombre, un símbolo que descoloca a quienes se retratan a su lado. Sabido es que ante Putin se escenifican las contradicciones que caracterizan la estupidez del tiempo presente. Desde la derecha española a conocidos periodistas de medios conservadores de nuestro tiempo, con Putin como con Trump suele ocurrir lo mismo: se llenan de ignominia quienes se les acercan demasiado.

El mago del Kremlin (Le Mage du Kremlin)

Dirección: Olivier Assayas. Guion: Emmanuel Carrère y Olivier Assayas a partir de la novela de Giuliano Da Empoli. Intérpretes: Paul Dano, Alicia Vikander, JudeLaw, Tom Sturridge y Jeffrey Wright. País: Francia. 2025 Duración: 156 minutos.

Assayas, a través de esta ficción con pies de realidad, esboza un retrato al estilo del Fouché de Stefan Zweig, su biografía sobre el ministro del interior de Napoleón, el llamado genio tenebroso. Con ese otro genio no menos tenebroso llamado Baranov, vemos pasar ante nuestros ojos la ascensión y el afianzamiento de Putin, heredero de los restos de un imperio en ruinas y taxidermista de un estado fosilizado. Con Baranov como maestro de títeres de una Rusia afianzada en los restos de la guerra fría, Assayas y Carrère desnudan las miserias del nuevo milenio.

En su obscena palidez vemos recrear la transformación del orden comunista en un caos amoral. Con frases lapidarias y actitudes de estrategia y cinismo, ese Rasputin al que Paul Dano le confiere una presencia gelatinosa, recita una crónica sin desperdicio. En este fresco que no busca juzgar sino entender y en el que el elemento femenino resulta episódico, se ratifica que las intrigas del poder, el juego, es cosa de hombres huérfanos de escrúpulos.