La característica corna de pastor de Galicia, donde también, y como en Irlanda, Escocia y Bretaña, sonaba el kárnyx celta; el afectuoso hulusi de China; el sabio y anciano duduk de Armenia; la gaida de los Balcanes... Un recorrido por el mundo de la mano de la música. Es lo que propone Pangea, proyecto del investigador, luthier y multiinstrumentista Abraham Cupeiro, que esta semana colabora con la Orquesta Sinfónica de Navarra tanto en su programa educativo y social, con sesiones para 1.900 estudiantes de Navarra y La Rioja en el Auditorio Barañáin, como con el concierto para público general del viernes 20 de marzo, a las 19.30 horas, en el mismo escenario.

Fundación Baluarte invita con esta propuesta a realizar un recorrido sonoro por los cinco continentes. O por uno solo. Y es que su título hace referencia a la teoría que a principios del siglo XX defendió el metereólogo alemán Alfred Wegener que venía a decir que hace 300 millones de años el mundo estaba compuesto por un solo continente, Pangea.

“La única guerra en la que debería involucrarse el ser humano es la de salvar el planeta”

Abraham Cupeiro - Músico

Partiendo de esta idea, Abraham Cupeiro impulsó un proyecto con el que quiere “unir de forma metafórica la tierra a través de la música, pues es una necesidad vital que nos unamos para frenar la destrucción de nuestro planeta”. Y, en estos tiempos convulsos, cobra aun más significado, ya que se trata de “un canto a la diversidad, a no atacar al prójimo” y de una opinión firme: “La única guerra en la que debería involucrarse el ser humano es la de salvar el planeta”. ”Tenemos una vida muy corta y no podemos permitirnos el lujo de perderla dañando a los demás y al medio ambiente; eso es estúpido. Deberíamos ser capaces de tomar conciencia de la suerte que hemos tenido de nacer en la Tierra”, afirma el músico gallego, cuya formación clásica no le ha impedido tocar con bandas de folk, jazz, música antigua y estrenar piezas de autores contemporáneos. 

Instagram, YouTube

Embarcado desde hace años en la aventura de conocer, construir y recuperar instrumentos ancestrales a través de partituras que compone específicamente para ellos, Cupeiro disfruta especialmente con los conciertos escolares. “Para mí son casi los más importantes, en el sentido de que tenemos que enganchar a esta gente a este tipo de sonidos” de “instrumentos preciosos” de otro tiempo que vuelven a la vida en colaboración con músicos sinfónicos, apunta. Y subraya que hay que “desterrar ese mito de que a la gente joven no les interesa ni este tipo de música ni la historia”, porque los datos que maneja de sus canales de Instagram y YouTube se lo desmienten. 

En este sentido, el músico se ha asomado a las ventanas donde puede encontrar a esos espectadores, “pero sin infantilizar nada”. “Los niños y las niñas son muy inteligentes y, más que enseñar los instrumentos en sí, lo que he intentado desde el primer momento es emocionar con sus sonidos”. Lograr que conecten con nuevas generaciones  de público, de manera que “no caigan en el olvido”, es una de las mayores satisfacciones que Cupeiro puede sentir.

Más que ceñirse a tocar esos instrumentos, el músico se dedica a rescatar sus sonidos y “esas atmósferas del pasado”, para “componer mi propia música” y compartirla con otros músicos, en este caso con los de la OSN, “sacándoles todo el jugo” y poniendo en valor la “imperfección” de estos objetos. Esta característica “es lo que nos atrapa de ellos”. “Son instrumentos carentes de estrés, por así decirlo. Escuchar una caracola o un karnyx celta hace que algo resuene dentro de ti, y, al mismo tiempo, sus sonidos te parecen futuristas”.

Stade de France

La trayectoria de Abraham Cupeiro, que comenzó sus estudios en la infancia, adentrándose también en la música tradicional gracias a su entorno, le ha permitido “disfrutar” de todo tipo de melodías. Y tener una agenda más que llena. Tanto es así, que a Pamplona llegó tras su actuación del pasado día 14 de marzo en el Stade de France de París, donde asombró al numeroso público del partido de rugby Francia-Inglaterra dentro del Seis Naciones.

“Poder tocar en ese estadio y en un partido de dos selecciones legendarias ha sido una experiencia muy bonita”, confiesa, “orgulloso” de “poder llevar a esa palestra intrumentos perdidos en el tiempo” y recuperados para el futuro.