"He descubierto que ser obsesivo es mi poder secreto"Iban Aguinaga
“Su trabajo es un ejemplo del poder que tiene el arte para transformar la vida”. Así ha descrito The New York Times la obra deAlan Berliner (Brooklyn, Nueva York, 1956).
El cineasta regresó a Pamplona para inaugurar la 20ª edición de Punto de Vista, festival que conoce bien desde los años de Carlos Muguiro, ideólogo de esta cita que ya es referencia mundial y que desde este año dirige Miquel Martí Freixas.
Encantado de volver a Navarra, el maestro del ensayo fílmico proyectó Benita, un retrato realizado a partir del material que la cineasta Benita Raphan, alumna de Berliner, registró en 40 discos duros, además de fotos, cuadernos, dibujos... que el realizador examinó minuciosamente. A lo largo de su carrera, con títulos que pasaron por Sundance o que se programaron en HBO, la directora, que se quitó la vida en plena pandemia, se interesó especialmente por la relación entre la salud mental, la innovación y la creatividad, construyendo piezas sobre personas atormentadas como la poeta Emily Dickinson, el matemático John Nash o el arquitecto Buckminster Fuller. Con estos mimbres, Alan Berliner traza un bello retrato en el que reflexiona sobre lo poco que conocemos a los demás y medita, con más dudas que certezas, acerca de los estímulos personales y la creación cinematográfica, acerca del dolor y la soledad, sobre el misterio de nuestros periplos vitales y la mortalidad.
¿Qué mensaje cree que transmite un festival como este, que resiste en un mundo volcado en el ocio y la evasión?
–Punto de Vista es, ante todo, una celebración del cine de todo el mundo y de la diversidad. Es una forma de explorar la condición humana en todas sus facetas. Además, un evento como este logra reunir a las personas y crear comunidad. Para una ciudad como Pamplona, supone un orgullo saber que existe este punto de encuentro anual que nos permite observar el mundo, hablar de él e intercambiar ideas. Durante una semana, los invitados muestran sus trabajos y se sumergen en una celebración intensa de las ideas. Esto otorga a la ciudad una reputación mundial como centro de pensamiento, de belleza visual y de intercambio intelectual que, aunque cambia cada año, siempre ofrece algo inesperado.
Ha inaugurado el festival con un retrato sobre Benita Raphan. Hace unas semanas apenas sabíamos nada de ella y hoy conocemos su cine y sus motivaciones. ¿Cree que el cine es una forma de inmortalidad?
–Es una excelente pregunta. Este es el cuarto retrato que realizo, tras los de mi padre, mi tío y mi primo, pero Benita es la primera que no pertenece a mi familia. Con cada uno de estos trabajos he buscado explorar el sentido de las vidas que vivieron. Algo que comparten todas mis películas es que muestran a personas normales, no a celebridades. Benita era una artista muy seria, una realizadora que, aunque tuvo hitos como participar en Sundance o recibir una beca Guggenheim, no era demasiado conocida. Hacer un retrato de ella permitía fijar su legado. Todas las personas merecen que su vida enseñe algo.
Aunque terminara trágicamente...
–Sí, su muerte fue trágica, se suicidó, y aunque nunca podremos saber con certeza qué lleva a alguien a tomar esa decisión, creo que explorando su vida podemos encontrar un sentido a su historia. Hay un poco de cada uno de nosotros en ella: sus frustraciones, su gozo por el arte o su amor por los animales. Pasé un año estudiando sus archivos: cuadernos, cartas, diarios, miles de fotos y vídeos. Mi papel fue transformar todo ese rastro material en una historia con sentido.
La familia de Benita le pidió que terminara la película que ella dejó inconclusa, pero usted prefirió hacer un retrato sobre ella. ¿Por qué tomó esa decisión?
–Sentí que si intentaba terminar su película lo haría como un extraño, alguien que mira desde fuera, y no creía que pudiera reflejar fielmente su espíritu creativo de esa manera. Mi decisión de hacer una película sobre ella fue un desafío mayor porque incluía su obra inconclusa dentro del contexto de su vida entera. Quería completar el puzle, no solo poner una pieza. Lo irónico es que, tras investigar sus discos duros, encontré un vídeo donde ella misma decía que ya no quería hacer aquella película sobre los perros (la cognición canina) que había dejado sin termina, sino que quería hacer un proyecto personal, veraz y profundo sobre su propia salud mental, algo que había ocultado durante décadas. Ni su familia lo sabía. Así que, en cierto sentido, terminé ambas películas: hablé de su creatividad y de sus desafíos con la salud mental, y de cómo todo eso influyó en sus elecciones vitales.
PROGRAMA PARA HOY
l Sección oficial. Daria’s Night Flowers y Esa otra selva blanca, 10.00h, sala de Cámara; Coroa de Espinhos, Wishful Filming y Sin ton ni son, 12.30h, sala de Cámara; Cairo Streets, I Lit My Fire!, 16.00h, sala de Cámara; Masayume, 19.00h, sala de Cámara; Fomos Ficando Sós, 21.30h, sala de Cámara.
l LAN, Doklab Navarra. Cineastas participantes en la residencia navarra de cine documental presentan sus proyectos ante un jurado de expertos. 10.00h, sala Luneta.
l ‘Benita’. Museo Universidad de Navarra, con Alan Berliner. 12.00h.
l ‘Forever Young: cine en relieve 2’. Mundos materiales, 18.30h, en la sala Corona.
l ‘Permanencia de lo efímero 2’. Colectivo NEOZOON. Navegar, observar, reeditar. 20.30h, en Golem.
l ‘X Films - Nayra Sanz 1’. Distopías alcanzadas. 21.30h, sala Corona.
FOCO ALIA SYED
l Género, colonialismo. La cineasta británica de origen indio presentará, a las 16.00 horas en la sala Corona, el primer programa del foco que le dedica este año Punto de Vista. Desde los años 80, Alia Syed ha rodado películas que se nutren de realidades personales e históricas para abordar la relación subjetiva con el género, el lugar, la diáspora y el colonialismo. Su obra se resiste a la linealidad de la cinta cinematográfica y a las estructuras narrativas tradicionales, recurriendo a la superposición y la repetición, entrelazando hechos, ficción, presente y pasado.
Tanto Benita Raphan como Alan Berliner hacen un cine de preguntas, de conflicto; un cine para intentar explicarse a sí mismos y al mundo. En su caso, ¿ha obtenido alguna respuesta tras todos estos años de trabajo?
–He aprendido que nuestras luchas y excentricidades son las que nos convierten en quienes somos. Para Benita, el arte era un lugar seguro. En el arte se acepta cualquier perspectiva: el cielo puede ser morado y las hojas rojas si así es como tú lo ves. El don del arte es cambiar la forma en que los seres humanos miramos el mundo. A ella ser realizadora la protegió, permitiéndole convertir sus batallas internas en nuevas formas de mirar.
¿Y qué hay de usted?
–A nivel personal, este trabajo me permitió mirarme a mí mismo. A veces la obsesión se ve como algo negativo, pero no se puede hacer una película así sin ser obsesivo. Tras pasar un año leyendo cada palabra que ella escribió, me di cuenta de que la obsesión es mi poder secreto. Es un regalo que Benita me dio: entender que nuestras debilidades pueden convertirse en fortalezas.
En la sala de montaje, ante tanto material de archivo, ¿cómo decide si una conexión es una simple coincidencia o una revelación profunda?
–El montaje es mi parte favorita del proceso. Soy obsesivo, pero, a la vez, muy organizado, así que creé un sistema que permite que esas conexiones surjan. Me mantengo abierto a descubrir cosas que no vi el día anterior. Al empezar un proyecto como este, no sé realmente qué voy a hacer; primero identifico las piezas del puzle. Es difícil de describir.
Berliner, en la Taconera.
Pruebe.
–Montar es un gozo, pero también es lo más difícil que hago. Creo que si encuentras la forma de divertirte haciendo lo más difícil, es cuando das lo mejor de ti y creces. Es un proceso laborioso, como el de un chef que prepara todos los ingredientes antes de cocinar. Cortar todo es más trabajoso que cocinar. Además de todo esto, también creo en la importancia de ser paciente y confiar en las corazonadas. Al principio puede ser un salto de fe, no sabes si lo que has sentido será posible, pero luego se convierte en lo que yo llamo una intuición sostenida. Requiere magia, paciencia y, de nuevo, ser obsesivo para terminar el puzle.
En su obra, el sonido parece casi tan importante como la imagen.
–Gracias por observarlo. El sonido es tan importante como la imagen en la vida misma. Cada segundo, cada ritmo y cada relación entre ambos elementos está hecha con un propósito e intención. Me gustaría ser capaz de explicar cada decisión: por qué hice ese corte o por qué puse ese sonido contra esa imagen. A veces genero secuencias enteras basándome solo en el audio. Una película no es solo poner imágenes y sonidos juntos; es componer desde dentro.
Berliner, en su película 'Letter to the Editor'.
Para terminar, ¿le preocupa que la sobreabundancia de imágenes en la actualidad les haga perder su valor?
–Es una cuestión muy relacionada con mi trabajo. Mi película Letter to the Editor tiene 7.776 imágenes, probablemente sea la película con más imágenes del mundo. Como artista visual, las imágenes lo son todo para mí y me encanta crear sentido a través de ellas. Benita también se expresaba así, capturando el mundo que la rodeaba constantemente. Vivimos en un mundo visual saturado, y mis películas son a menudo una metáfora de eso. En Wide Awake hablo de mi insomnio, que en parte viene de sentirme abrumado por tantos sonidos e imágenes. Soy una persona de detalles; he pasado años recortando fotos de prensa a mano y archivándolas en mi cerebro. Sigo sin dormir bien, pero he logrado sobrevivir y trabajar extrayendo sentido de esa hiperabundancia.