"Nos apetecía poner la cámara en los márgenes y mostrar la cara desconocida de esa Mallorca de postal"Filmax
David Ilundain (Pamplona, 1975) aborda con los "nervios" lógicos el estreno en salas deMallorca confidencial,su tercer largometraje como director. "Estás presentando un curro que te ha costado mucho tiempo sacar adelante y que ahora lo recibe la gente, así que es normal, tienes que estar nervioso; si no, mala señal", comenta. Después de By deUno para todos,el director navarro afronta un thriller inspirado en hechos reales, los que llevaron a la caída de Francisca Cortés Pinazo, la Paca, conocida matriarca de Son Banya, poblado chabolista de Palma de Mallorca, y una de las mayores narcotraficantes del Estado, cuya detención y la de su clan tuvo lugar en 2008.
En la película de Ilundain, la Paca es la Chusa y la actriz que la interpreta es Lolita Flores, que no hacía cine desde Rencor, estrenada en 2002. Junto a ella, Asia Ortega como Nela, la sobrina de la matriarca, una mujer que ha perdido a su familia por culpa de la droga y quiere un destino diferente para ella. Completan el reparto Elena Furiase, Amin Hamada, Manuel Chacón, Pep Tosar y Jordi Sánchez, entre otros intérpretes.
David Ilundain responde desde Mallorca, donde presentó la película el martes 26 de mayo, concretamente desde un coche camino al aeropuerto y de ahí a Madrid, donde presentará hoy su película, una nueva historia que, como sus dos largos anteriores, se basa en la realidad.
¿Cómo llegó a este proyecto?
La producción de la película se sostiene sobre tres patas. Luis Ortas, que es la parte mallorquina a través de Cinética, contactó en su momento con Valerie Delpierre en Barcelona. Como yo ya había trabajado previamente con Valerie, nos sentamos a hablar de la propuesta. Después se incorporó la guionista y empezamos a desarrollar todo. Ha sido, básicamente, un trabajo de equipo que se fue amasando poco a poco.
El guion lo firma Amelia Mora, que recientemente tuvo mucho éxito con 'La infiltrada'. ¿Cómo fue el proceso de escritura sabiendo que la historia se basa en hechos reales?
Además de ser una guionista con muchísimo oficio, Amelia es mi vecina y mi amiga, así que trabajar con ella fue muy fácil. Desde Mallorca nos llegó una gran cantidad de documentación y un trabajo previo muy exhaustivo que sirvió como inspiración. A partir de ahí, Amelia construyó una historia que no deja de ser ficción.
"Lo que sí une todas mis películas, más allá del género, es un profundo interés por los personajes. Me gusta analizarlos bien para que el espectador conecte con ellos, los entienda y no los juzgue a la primera"
Basada en hechos reales.
Yo siempre digo que todo se basa en hechos reales, porque nunca escribimos de la nada. Sin embargo, los personajes de la película no son calcos exactos de las personas reales con las que pudimos hablar. Son una amalgama de toda la información recogida para poder crear las tramas. Le dimos total libertad a Amelia para separarse de la realidad donde lo necesitara. Lo verdaderamente importante era construir un buen thriller que nos permitiera adentrarnos en los códigos de un poblado a las afueras de Palma de Mallorca. Normalmente asociamos la isla con la postal, las vacaciones y lo idílico. Nos apetecía mucho mostrar esa cara desconocida, el fuera de campo y la temporada baja. De todos modos, es una realidad exportable a cualquier sitio: hablamos de un poblado en los años 2000, la etapa final de lo que llamábamos los supermercados de la droga, que existían a las afueras de casi cualquier ciudad.
Después de una película de corte casi documental como 'B', y de un drama como 'Uno para todos', ahora cambia radicalmente al thriller policial. ¿Cómo ha sido la inmersión en los códigos de este género?
Me gusta pensar que son las propias historias las que te marcan las necesidades y el camino a trabajar. No busco un estilo personal rígido por el que se me tenga que reconocer, prefiero ponerme al servicio de la historia. Lo que sí une a todas mis películas, más allá del género, es un profundo interés por los personajes. Me gusta analizarlos bien para que el espectador conecte con ellos, los entienda y no los juzgue a la primera. Bueno, que los juzgue si quiere, porque cada uno entra al cine con su propia mochila, pero al menos que haya existido un espacio de interconexión con ellos.
¿Cómo consiguieron que Lolita Flores se sumara al reparto para dar vida a la protagonista?
La verdad es que no hubo que insistir demasiado. Fuimos a verla al teatro, donde llevaba más de tres años llenando salas con un monólogo (Poncia). Hablamos con ella, lo vio muy claro desde el principio y enseguida nos dijo que sí. Fue nuestra primera y única opción real, y el tiempo ha demostrado que ambos acertamos con la decisión.
HABLA LOLITA
Al finalizar el rodaje, la actriz y cantante Lolita Flores se emocionó. "Llevaba mucho tiempo sin hacer cine y tenía muchas ganas», declaró la intérprete. Y añadió: "Esta profesión a veces te baja la autoestima a patadas, pero todos me la habéis subido como actriz y como mujer".
¿Tenían claro desde el diseño del proyecto que ella era la actriz idónea?
Sí, sabíamos que podía conectar muy bien con el personaje, y lo defiende con una fuerza increíble; llena por completo la pantalla. Ha sido un auténtico placer trabajar con ella. Resulta bastante incomprensible que desde 2002, cuando ganó el Goya por Rencor, no haya tenido un papel protagonista en el cine. Creo que esta película le da el regreso cinematográfico que merecía.
Ella misma ha comentado en la promoción de la película que no ha hecho más cine simplemente porque no la llamaban. Es sorprendente viendo el magnetismo que tiene.
Es de ese tipo de actrices a las que no tienes que pedirles fuerza, en todo caso, al revés. Hay que aprender modular la potencia que ya tienen de manera natural. Lolita llena la pantalla ella sola. Ha hecho televisión y series, pero era una anomalía llevar tanto tiempo sin verla en la pantalla grande en un papel principal.
"Resulta bastante incomprensible que desde 2002, cuando ganó el Goya por 'Rencor', Lolita no haya tenido un papel protagonista en el cine; ella sola llena la pantalla"
Lolita también ha mencionado que se modificaron cosas del guion durante el proceso porque el texto original estaba "muy apayado".
Sí, y no solo ocurrió con ella, sino en general. Cuando trabajas con códigos culturales que no son estrictamente los tuyos, tienes la obligación de aprenderlos, madurarlos y dejarte guiar. Hablamos mucho con ella, con otros actores gitanos e incluso con los figurantes. Cuando rodábamos secuencias con mucha figuración, yo les preguntaba directamente cómo hacían las cosas en su día a día. En cuanto cogían confianza, me decían con total honestidad: 'Esto así no se hace, cámbialo'. Fue un proceso de aprendizaje continuo para todo el equipo.
Retratar una cultura ajena exige un esfuerzo extra para no caer en el cliché o el arquetipo.
Absolutamente. Tienes que ser mucho más exigente contigo mismo y cuestionar los prejuicios que puedas traer de casa. Hay que dialogar mucho y buscar los matices, porque repetir lo que la sociedad ya piensa de antemano sobre ciertos colectivos no aportaría nada artísticamente. Trabajamos a fondo para construir personajes de carne y hueso dentro de una narrativa que nos permitiera mirar hacia los márgenes, que son lugares donde habitualmente no se coloca la cámara.
Esa mirada rompe con la imagen idílica de la isla. En toda la película apenas se ve el mar un instante.
De hecho, rodamos a finales de invierno para que la luz jugara a nuestro favor, y la climatología acabó siendo una aliada inesperada. Nos llovió muchísimo. Es algo muy incómodo para trabajar, pero visualmente le dio a la película una atmósfera fantástica de barro y polvo que se transmite de forma muy orgánica en la pantalla.
El rodaje se dividió entre Mallorca y Cataluña.
Sí. La parte más laboriosa requería reproducir un poblado desde cero. Encontrar la localización adecuada fue complejo y la transformación posterior exigió un trabajo inmenso por parte del equipo de arte. Decidimos rodar esa infraestructura más cerca de donde residía la mayoría del equipo técnico, en la zona al sur de Barcelona, cerca de Sitges.
Más allá de los códigos del thriller, late una historia muy clásica: un viejo orden que se desmorona y una nueva generación que lucha por abrirse paso.
El género te da las luchas de poder y las disputas sucesorias por el control del negocio, pero el valor diferencial de esta historia es que son las mujeres quienes lideran ese conflicto y pelean por mantener unida a la familia, que en el fondo opera como una empresa. Ese punto de vista enriquece mucho la película y tanto Asia como Lolita lo defienden de forma magnífica.
En el reparto también encontramos a Elena Furiase, aunque curiosamente apenas comparte plano con Lolita, su madre.
Es algo que nos preguntan con frecuencia. Elena entró en el proyecto más tarde, a través de su representante. Hicimos una prueba específica para ese personaje, que no estaba pensado para ella inicialmente. El papel requería hablar íntegramente en mallorquín. Elena se lo trabajó muchísimo y en el casting no encontramos a nadie que lo hiciera mejor, así que se ganó el puesto por mérito propio. Efectivamente, solo comparten una secuencia en la que ni siquiera coinciden en el mismo plano; apenas llegan a mirarse.
Escena de la película.
Ha pasado de dirigir proyectos más modestos a una coproducción internacional más ambiciosa. ¿Cómo ha sido gestionar una maquinaria de este tamaño?
Ha sido complejo. La película tuvo un proceso de financiación largo porque teníamos claro que un buen thriller no se puede filmar con un presupuesto demasiado escueto. Tardamos en sacarlo adelante. La entrada de Bélgica en la coproducción aportó elementos muy interesantes, como la música, que es de una compositora belga que entendió los códigos de la historia a la perfección. En este oficio hay que armarse de paciencia e insistir mucho para que los proyectos lleguen a buen puerto. No creo que las películas sean mejores o peores por el tamaño de su presupuesto, pero un mayor volumen implica más equipo y retos logísticos diferentes. Al final, debes pelear por el dinero que la historia necesita. A veces toca hacer la revolución con recursos mínimos, pero nuestra industria ya está capacitada para disputar presupuestos más altos si la producción lo requiere.
En sus trabajos anteriores ya ha explorado los lodos de la corrupción. Aquí regresa a ese ecosistema político, judicial y policial, pero desde otra perspectiva.
En esta ocasión la corrupción se mueve en la superficie, no es el núcleo narrativo, pero planea sobre todo el metraje. Lo hablamos mucho durante la preparación: un negocio de dimensiones tan gigantescas como el narcotráfico no puede funcionar únicamente en los márgenes de la exclusión social. Ese volumen de dinero se mueve hacia arriba y toca muchas puertas, y es necesario visibilizarlo.
Vivimos en una sociedad con un sesgo evidente: no hay problema en asociar la delincuencia con determinados colectivos marginales, pero cuesta más asimilar que los delitos de cuello blanco implican a empresarios, jueces o funcionarios.
Inevitablemente. Es una de las grandes preguntas con las que el público puede salir del cine. Todos cargamos con estereotipos y, si no nos confrontamos con ellos, los perpetuamos. La película no pretende dar lecciones, sino sembrar el debate para que cada espectador lo elabore tras el visionado.
David Ilundain, en el Festival de Málaga con Lolita y Asia Ortega.
Compaginar la promoción de un estreno con la preparación de su próximo rodaje en verano debe ser una locura. ¿Se puede adelantar algo del nuevo proyecto?
Es verdad que se me han solapado los tiempos y tengo la cabeza un poco loca, pero ya estamos muy cerca de rodar. Será una película muy diferente, volvemos a una escala de producción más pequeña. Me hace muchísima ilusión porque las cuatro protagonistas son chicas jóvenes sin experiencia previa. Estamos ensayando y trabajando muchísimo con ellas. Por ahora no puedo desvelar mucho más.
P: En cualquier caso, que se acumule el trabajo es una gran noticia en una industria donde cuesta tanto levantar los proyectos.
Totalmente. En este oficio a veces trabajamos bajo una especie de bulimia: unas veces te atragantas de proyectos y otras no tienes qué comer. Es así, de modo que cuando llega la ola, no queda otra que surfearla de la mejor manera posible.