Con el buen sabor de boca que habían dejado los conciertos de la noche anterior, la Ciudadela volvió a llenarse para acoger la segunda y última jornada del Festival En Vivo. El sábado, la música comenzó temprano, a las 16:30, con las actuaciones de Mon Dvy, Lisasinson, Süne y Janus Lester. Entre grupo y grupo, Sara Goxua se encargó de poner banda sonora bailable a los tiempos de espera.

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Fotos del concierto de Janus Lester en el Festival En Vivo de Pamplona Iban Aguinaga

A las 22:00 de la noche, con suma puntualidad, Nil Moliner y su banda salieron a escena. Su pop brillante deslumbró desde el primer acorde al público que abarrotaba el recinto, y eso que estaba oscureciendo. Música vitalista, cargada de optimismo en cada golpe de batería, en cada rasgueo de guitarra y, sobre todo, en cada frase entonada por la estupenda sección de metales.

Esta última es la da una personalidad diferente a la propuesta del catalán. Después de interpretar varias canciones de su último álbum, Nexo, (Nuestro jardín o Tenerte cerca, con ese cariñoso guiño al No es lo mismo, de Alejandro Sanz, cuando dice eso de “que a lo mejor me lo merezco, vale…”), recordó sus numerosas visitas a Pamplona: Subsuelo, Indara, Zentral, Baluarte, Navarra Arena… o la misma Ciudadela, una tarde que llovió.

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Fotos del concierto de Nil Moliner en el Festival En Vivo de Pamplona Iban Aguinaga

Y continuó con su permanente incitación al baile: Dos primaveras, con percusiones tropicales; Soldadito de hierro, con cierto de aire de balada, pero igualmente celebrada con saltos y brazos al cielo; Libertad, con coros gospel y ese estribillo que logra condensar buena parte del espíritu que, por lo que parece, pretende imprimir a sus composiciones: “una explosión de euforia y libertad”. Así, desde luego, parece que lo percibe su público.

Y hay que mencionar al público: el del sábado fue más numeroso que el del viernes, y también más heterogéneo, con muchos niños en el parque. Siempre es bonito ver a familias completas coreando una canción y a grupos de adolescentes abrazándose al lado de gente más mayor. Así sucedió en Good day, en la que dispararon cañones de fuego, o en Luces de ciudad, más rockera. Se despidieron con Tu cuerpo en braille y Me acuerdo de ti, en medio de una gran ovación. 

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Fotos del concierto de Sidonie en el Festival En Vivo el pasado viernes Iban Aguinaga

Tras el descanso de rigor, llegó el turno de ETS. Los alaveses venían a Pamplona después de clavar una pica en Madrid (Movistar Arena) y otra en Barcelona (Palau Sant Jordi). Estos dos conciertos multitudinarios dan fe del buen momento que vive el combo, y en la Ciudadela les salió todo rodado. Tenían el público a favor; Iñigo, cantante del grupo, manifestó en entrevista concedida a este periódico que Nil Moliner le ha inspirado mucho, y lo cierto es que sus propuestas tienen ciertas similitudes (el eclecticismo, los metales, el positivismo…), aunque cada una con su propia personalidad. Es natural, por lo tanto, que los dos proyectos compartan seguidores.

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Fotos del concierto de León Benavente con Cristina Martínez (El Columpio Asesino) en el Festival En Vivo Iban Aguinaga

El concierto de ETS comenzó con la canción que da título a su último álbum, Konkista, y la conexión con la concurrencia fue inmediata. Las siguientes piezas sonaron encadenadas, sin apenas pausa entre ellas: Gelditu denbora, Egingo dugu eztanda, Sumendiak… Pronto llegaron las sorpresas: en la festiva Etorri gugana, subieron varias personas del público a cantar junto a Iñigo. Después, sería el cantante el que bajaría a darse un baño de masas; primero, desde el foso (Guretzat), y luego en mitad de la muchedumbre, en la parte más electrónica del show, haciendo que la Ciudadela se convirtiera en una improvisada discoteca al aire libre.

Hubo momentos más tranquilos (como el de Eutsi eskutik, a piano y voz, o la emotiva Abuela maitea), aunque, por lo general, los metales, los toques electrónicos y la actitud arrolladora de Iñigo mantuvieron el ritmo en todo lo alto. Fue un cierre inmejorable para un festival que el público ha respaldado masivamente con su presencia (unas ocho mil personas han acudido al festival, según la organización) y que está llamado a consolidarse como cita fija en el panorama musical navarro.