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Gabri GainzaCantante y guitarrista del grupo 'El Desván'

“Cuando viene, la suerte te tiene que pillar currando”

Este viernes El desván presenta su nuevo trabajo en la sala Indara

“Cuando viene, la suerte te tiene que pillar currando”Fernando Lezaun

Tras siete años de silencio, El Desván está de vuelta con nuevo álbum, La suerte también sangra. Este viernes los presentan en Indara, en un concierto para el que han prometido sorpresas.

 Siete años desde el último disco. Hubo una pandemia en medio, pero ¿qué han hecho en todo este tiempo? 

–La pandemia ha sido la excusa perfecta. Nosotros veníamos de hacer una gira corta del anterior disco y de meternos catorce conciertos teloneando a Marea. Acabamos el 28 de diciembre de 2019 tocando con Marea en el BEC. Queríamos aprovechar el tirón, estar uno o dos meses preparando la gira y salir otra vez a ver si quedaba algún rebufo de toda la gente que nos había visto, porque teníamos buenos comentarios, habían subido mucho a los seguidores en redes… pero no se pudo hacer. Cuando íbamos a empezar, ya se hablaba de que el bicho llegaba a España y al poco nos confinaron. Después ha habido dos cambios de guitarrista y el tiempo ha ido pasando. Es que ninguno vivimos de esto y tienes que respetar los trabajos, las circunstancias familiares… Así han pasado siete años.

Tengo entendido que nunca han estado realmente parados, que seguían quedando para ensayar. ¿Cuándo empiezan a nacer las canciones de este disco?

–Yo he estado un año entero compaginando la empresa que voy a montar y la música. Me encerraba en el local y me ponía a componer canciones.

¿Hay algún detonante, alguna canción que haya tirado de las demás o que resuma el espíritu del disco? 

–Hay una que no sé si tiene el espíritu, pero a mí sí que me lo da, y es el single, Respirar. Habla de ese hartazgo con la vida que llevaba y de las ganas que tenía de empezar una nueva etapa. Fue de los primeros temas en componerse. A partir de ahí, todas hablan de vivencias. Los temas los he escrito yo, música y letra, y luego con el grupo los arreglamos. Lo que pasa es que, escribiendo canciones, soy tan metafórico que nadie se entera de qué van. Es muy personal para mí este disco. 

El título, La suerte también sangra, recuerda a la frase de Picasso de que la inspiración te tiene que pillar trabajando. ¿Va por ahí?

–Tiene que ver, tiene que ver. Siempre me voy apuntando cosas para cuando entremos a grabar. Un día me encontré con unos amigos de mis padres por la calle, me dijeron que ya sabían que había dejado el trabajo y que estaba metido en otra cosa. En un momento de esa conversación me dijeron que yo era un tipo con suerte. Me quedé pensando que igual soy un tipo con suerte, pero si analizo mi vida también te digo que en muchas cosas que no he tenido suerte. Hay cosas igual se achacan a la suerte, pero yo sé que no he parado de currar. Como todo el mundo. Cuando viene, la suerte te tiene que pillar currando. El título de La suerte también sangra quiere decir que la suerte no viene sola, cuesta esfuerzo también. 

Esa idea está también en la portada…

–Para la portada me imaginaba a un boxeador con el árbitro levantándole la mano. El boxeador tenía que llevar un palizón encima, cara de cansancio… Lo hablé con Josu (Berriobeña, autor de la portada) y le gustó muchísimo la idea, pero quitó el ring, el árbitro y todo, se quedó sólo con el boxeador. Estaba de vacaciones en verano y me mandó lo que él decía que era un boceto. Le respondí que eso no era un boceto, sino la portada. 

"El mayor trabajo no ha sido tanto cerrar las salas, sino definir bien dónde estamos como grupo. En Pamplona, por ejemplo, no vamos a llenar la Tótem, pero si hacemos el Garazi se nos va a quedar pequeño"

¿Cómo ha surgido la colaboración de Carlos Escobedo en El error perfecto?

–Cuando trabajaba en El Dromedario me tocó currar con todos los grupos, y uno de ellos fue Sôber. Yo había escuchado algo de Sôber en su momento y se me quedó la idea de que no me gustaban. Cuando trabajé con ellos empecé a escuchar sus canciones y me gustaban todas. Me aficioné y me di cuenta de que había perdido mucho tiempo; tenía que haber sido fan de este grupo con 25 años y haberme ido a un montón de conciertos. He cogido mucha amistad con Carlos y ahora voy a un montón de conciertos suyos: con banda, acústicos… En el grupo tuvimos un debate sobre si había que hacer balada en el disco. Yo era antibalada, pero me convencieron. Se me ocurrió hacer una canción que hablase de todas esas conversaciones que he tenido con Carlos y de lo que su grupo supone para mí. Pero claro, muy metafórico, metiendo muchos títulos de canciones… Me pareció un guiño guapo hacer una parte lenta, rollo vals, y luego una parte cañera, rollo metalero. Como hace Sôber. 

Con esa historia, estaba cantado que tenía que colaborar.

–Le conté la historia a Carlos y se la mandé. Me dijo que estaba loco (risas), y que en ese momento estaba grabando, pero que la escucharía con calma cuando pudiera. Yo le pedí que la cantase conmigo, pero me contestó que si no le tocaba el corazón o si veía que no podía aportar algo, no lo haría. Me llamó a los siete días y me dijo que la había escuchado treinta y cinco veces, que estaba guapísima y que la iba a cantar. Le ofrecí mandársela para que la grabara en su estudio, pero quiso venir a Esparza. Fue muy bonito, muy emotivo.

Grabaron en Esparza de Galar, en Estudio Sonido XXI, con Javi San Martín.

–El primer disco lo grabamos allí. El segundo, con Kolibrí, y este, otra vez con Javi. Grabar con él es una pasada. Todo el rato nos está recordando que somos muy malos (risas). Nos reímos un montón, y nos pone las pilas. Tenemos mucha confianza en él, ha tomado muchas decisiones de producción. Nos entendemos bien.

Este disco se lo han autoeditado. ¿Qué tal la experiencia?

–¿Sabes cómo se titula nuestra gira? Volver nunca fue tan caro. Con eso te lo digo todo. Hemos gastado mucha pasta. No hemos escatimado en nada. Hemos sacado vinilo, y de la mejor calidad. El merchandising, lo mismo. Se lo decía a estos: yo he hecho las camisetas de Robe y ahora no voy a hacer para mi grupo una camiseta de 3 euros, como las del Eroski en San Fermín. Ganaremos menos, pero vamos a hacer camisetas en condiciones. Somos navarros. ¿Que no se puede? Pues por cojones.

¿Y lo de organizarse ustedes mismos la gira?

–El mayor trabajo no ha sido tanto cerrar las salas, sino definir bien dónde estamos como grupo. En Pamplona, por ejemplo, no vamos a llenar la Tótem, pero si hacemos el Garazi se nos va a quedar pequeño. Una sala de trescientas personas en Valencia nos sobra, igual tenemos que buscar una de cien. Eso ha sido lo difícil. Buscar qué sala, por condiciones, por precio, por aforo, y hasta cuánto había de riesgo. Hemos intentado compensar: sabemos que vamos a perder dinero en algunos conciertos, seguro, antes de cerrarlos. Pero en otros sabemos que vamos a ganar. Intentamos que la gira quede un poco compensada.

El primer concierto fue en Logroño. 

–Sí, estuvo muy bien. Entre que se habían vendido entradas y gente que vino de Pamplona, casi llenamos. Era una sala pequeñita, la Stereo.

Antes ha hablado de su trabajo en El Dromedario, donde trabajó con artistas de primer nivel como Robe o Sôber. ¿Se aprende estando con gente de ese calibre?

–Sí. Se aprende de todos. Una de las cosas que más me ha gustado ha sido darme cuenta de que, no siempre, pero casi siempre, el artista no es como lo pintan. Antes de trabajar con Robe, yo tenía una concepción suya de tipo especial, siempre enfadado, siempre criticando… Pero yo no he visto eso. ¿Que se enfada? Sí, claro, y mi padre también se enfada, y no es una mala persona. Claro que se enfada, pero siempre con motivo. Y luego se le olvida al minuto. Su equipo es gente muy curtida en todo esto. Aprendes de todo: de sonido, de montaje… Aprendes que te apetece quejarte de cansancio y no se te pasa por la cabeza hacerlo, porque estás con veinte personas que están tan cansadas o más que tú, y siguen de risas. De eso sí que aprendí de una barbaridad. Ha sido una experiencia extraordinaria.

¿Se marcan expectativas para el futuro?

–No nos hemos marcado ninguna meta. La meta era grabar, que llevábamos siete años sin disco de El Desván. ¿Alguna meta? Me lo estoy planteando ahora que me lo preguntas, fíjate. Nuestro objetivo es disfrutar. Con la edad que tenemos y las circunstancias de cada uno, no aspiramos a vivir de la banda. Es nuestro ocio. Otra cosa es que queremos hacerlo de la manera más profesional posible, pero lo que queremos es reírnos, tocar y disfrutar de la música. En esto creo que hablo en nombre de todos. Bueno, y si se puede recuperar algo del dinero que hemos puesto… (risas).