La eliminación de Osasuna en la Copa ha dejado un sentimiento generalizado de decepción en el vestuario, el cuerpo técnico y en la estructura del club. El análisis posterior al partido no se limita únicamente al resultado final, sino que pone el foco en el desarrollo del encuentro y en la manera en que se escapó una eliminatoria que, durante muchos minutos, parecía controlada.

Osasuna se adelantó 0-2 en el marcador y logró situarse en un escenario favorable, pero a partir de ese momento el equipo dio un paso atrás. El repliegue fue prematuro y permitió al rival asumir la iniciativa, ganar metros y aumentar su presencia en campo contrario. Con el paso de los minutos, el control del juego cambió de manos y la sensación de seguridad fue diluyéndose. En el club se considera que esa gestión del tramo final resultó determinante para el desenlace, con demasiados jugadores cerca del área propia y, sobre todo, con muy pocos efectivos intentando estirar al equipo para poder dar algún desahogo con balón lejos del área.

La autocrítica ha sido compartida tanto por la plantilla como por el cuerpo técnico. Internamente se reconoce que faltó continuidad en el plan inicial y mayor capacidad para sostener la ventaja a través del balón y la presión. La eliminación ha supuesto un golpe anímico, especialmente por tratarse de una competición que el club había marcado como uno de sus objetivos de la temporada.

Desde el club se insiste ahora en la necesidad de extraer conclusiones rápidas y reconducir la situación. El calendario no concede margen para lamentaciones y obliga a cambiar el foco de manera inmediata hacia la competición liguera. En ese contexto, el próximo compromiso ante el Oviedo adquiere una relevancia especial.

El encuentro ha sido elevado internamente a la categoría de final. No solo por la importancia de los puntos en juego, sino por la necesidad de ofrecer una respuesta competitiva tras la decepción copera. En el club se entiende que una reacción sólida serviría para cerrar el episodio de la Copa y reforzar la confianza del grupo de cara al tramo decisivo de la temporada.

Cabreo arbitral

En el seno del club existe un notable malestar por los arbitrajes recibidos, una sensación que se ha intensificado tras la derrota en Anoeta. Desde Osasuna se considera que varias decisiones han tenido un peso directo en el desarrollo de los partidos y han condicionado resultados en momentos clave. Uno de los ejemplos que más se repite en los análisis internos es la acción previa al 1-2 en Anoeta. En esa jugada, Rubén García recibe una falta clara que no fue señalada, lo que permitió la continuidad de la acción y desembocó en el gol del rival. En el club se entiende que se trata de una infracción evidente y que su no señalización tuvo una incidencia directa en el marcador.

Este contexto refuerza el discurso expresado por Lisci tras la derrota, cuando aludió de forma explícita al arbitraje y a determinadas acciones no sancionadas. Sus palabras han encontrado respaldo en los despachos del club, donde se comparte la percepción de que Osasuna no está recibiendo el mismo trato que otros equipos en situaciones similares. Pese al malestar, el club mantiene la intención de canalizar su protesta por los cauces habituales y centrar sus esfuerzos en lo deportivo.

Moncayola, sancionado

El Comité de Disciplina de la Federación Española de Fútbol sancionó con dos partidos al jugador del Girona Lass. Disciplina desestimó las alegaciones del Girona, que argumentó que los hechos no se produjeron según el acta arbitral, para tratar de dejar sin efecto la roja a Lass en la prolongación del encuentro y la sanción por producirse de manera violenta al margen del juego, una acción por la que el técnico Míchel pidió perdón a Osasuna al término del encuentro. También cumplirán un partido por acumulación de amonestaciones Jon Moncayola, David Do Carmo (Oviedo) y Pablo Maffeo (Mallorca).