Mikel Huerga | Gran Maestro navarro de ajedrez

Ajedrez | Mikel Huerga: "Ser Gran Maestro me ha quitado una espina, hubo momentos en los que pensaba que no lo lograría"

07.03.2022 | 00:02
Mikel Huerga en su escuela de ajedrez. Foto: Cedida

Mikel Huerga es el primer navarro en conseguir la máxima distinción que entrega la Federación Internacional de ajedrez tras catorce años intentándolo

En 2008 Mikel Huerga conseguía el título de Maestro Internacional de ajedrez. Ese mismo año, Usain Bolt y Michael Phelps sorprendían al mundo en los Juegos Olímpicos de Pekín, Carlos Sastre se llevaba el Tour de Francia y Pau Gasol aterrizaba en Los Angeles Lakers donde ganaría dos anillos de la NBA. Catorce años después, Mikel Huerga logró su ansiado título, ser Gran Maestro, el más prestigioso que otorga la Federación Internacional de Ajedrez. Un camino a base de "esfuerzo y trabajo" como él mismo señala, y que le ha llevado a ser, con 32 años, el primer navarro en conseguir esta condecoración. Una vez logrado el hito, se quiere centrar en expandir el ajedrez en Navarra, "una comunidad referente a nivel nacional".

¿Qué siente después de conseguir el título de Gran Maestro después de tanto tiempo?

–Me he quitado una espina. En los catorce años que llevo intentándolo desde que conseguí el título previo, Maestro Internacional, hubo muchos momentos en los que pensaba que no iba a llegar, que iba a ser imposible. Conseguirlo me quita una gran presión y me da la satisfacción de ser la primera persona de la comunidad en tenerlo.

Es el máximo exponente del ajedrez navarro ¿Qué siente?

–Profesionalmente supone que me dedico en la expansión del ajedrez, formando a los jóvenes aficionados y tratando de que llegue a más gente. El título es muy adecuado para ser ese representante que buscan. También para que mis alumnos se den cuenta de que con trabajo y esfuerzo se puede llegar lejos.

Comenta que ha tardado catorce años en conseguir el título de Gran Maestro. ¿Suele ser el tiempo que tarda un ajedrecista en lograrlo?

–Hay de todo. Hay personas que el salto lo han dado muy rápido, pero no es lo habitual. La diferencia de nivel es un gran progreso y no se consigue rápidamente, salvo talentos extraordinarios.

¿Qué impulsos y motivaciones tuvo para intentar ascender durante más de una década?

–Hay mucha gente que, cuando llega a Maestro Internacional, no se plantean en llegar a Gran Maestro porque lo ven muy lejos. En mi caso tuve la suerte de que, muy rápidamente, me coloqué cerca del título. Era un objetivo que vi muy cercano, a pesar de que luego pasasen tantos años. Mi mirada siempre estaba puesta en lograrlo.

¿Qué camino siguió en los últimos años para alcanzarlo?

–He seguido todo tipo de estrategias y la gente de mi alrededor me recomendaban diferentes tipos de torneos. No teníamos claro cuál era la estrategia más adecuada. He probado desde torneos en el que era el claro favorito, hasta torneos donde había mucha gente claramente mejor. Pero no conseguía una respuesta clara.

¿Cómo consiguió dar el paso y lograr los puntos necesarios?

–Necesitaba enlazar varios torneos seguidos con victoria. Lo que me ha pasado durante estos años es que conseguía triunfos pero con derrotas de por medio. Lo que me acercaba al título también me alejaba. La clave era ser regular y es algo que nunca se me ha dado bien. He hecho torneos extraordinarios, pero perfectamente, al siguiente mes podía hacer un torneo muy malo. En los torneos previos al covid y posteriores, conseguí enlazar cuatro victorias que me colocaron a un tiro de sacar los últimos puntos.

¿La clave estaba en la regularidad o también varió la forma de afrontar las partidas?

–Lo he intentado todo durante estos años, unas aperturas u otras... Todo lo que se podía probar. Sabía que lo que necesitaba era una racha. Con un poco de suerte, estudiando y siendo cada vez más fuerte en el juego. Al final, tenía que llegar la racha; y llegó.

En esos últimos torneos. ¿Qué estilo de juego le funcionó?

–Hasta 2015 era un jugador muy experto en peón-rey, pero a partir de ese momento empecé a especializarme en peón-dama y en la apertura réti. He realizado muchos cambios en mi juego, antes era un jugador más de ataque, y poco a poco me he convertido en un jugador más técnico.

Esa modificación, ¿se produjo por un cambio de tendencia a nivel general, o respondía a qué era lo que mejor le funcionaba?

–El ajedrez a nivel de élite se ha ido, poco a poco, transformando hacia ese tipo de juego. Con ayuda de las computadoras, hoy en día los errores se pagan muy caro y en situaciones de ataque es más fácil cometer errores. En el juego más técnico puedes tener la posición más controlada.

Actualmente, ¿Cómo se definiría como jugador?

–Es muy curioso. La gente me define por características totalmente diferentes unos de otros. Hay personas que todavía me recuerdan como un buen atacante, pero hay otros que me definen como un jugador técnico. Siempre he intentado ser polivalente. En los torneos me fijo en el tipo de juego del contrario y actúo en consecuencia. Busco su debilidad.

Ese estilo puede ser más arriesgado en comparación con tener el planteamiento claro desde el comienzo.

–Sí, pero tener la estrategia marcada desde el comienzo te limita más. Estás forzado a seguir un camino y con toda la información que da internet sobre las partidas es más difícil. En cualquier base de datos de ajedrez hay cerca de mil partidas mías. Cualquiera que juegue contra mí puede ver las partidas y conocer mis estrategias. Tener varias formas de enfocar el juego me ayuda a ser imprevisible y a que mi contrario no pueda prepararse tanto.

El torneo clave que le dio el título de Gran Maestro fue el de Getxo. ¿Cómo lo afrontó?

–Aunque parezca que fue Getxo, los torneos fundamentales fueron los dos últimos en los que logré la subida de 2.470 a 2.495 puntos. En varios momentos en mi vida, había llegado a la puerta de los 2.470 puntos, pero no la había logrado sobrepasar. Estando tan cerca, el torneo de Getxo me hacía poder subir esos cinco puntos sin arriesgar contra rivales demasiado fuertes. En ese torneo no había ningún Gran Maestro.

¿Cuáles son sus próximos objetivos?

–Mi objetivo sería intentar mantenerme por encima de los 2.500 puntos, aunque va a ser difícil. A nivel deportivo, he cumplido los objetivos que tenía. Llegar a Gran Maestro cierra un ciclo muy importante. El siguiente reto sería ser campeón del Mundo, pero no estoy en edad para proponérmelo. Mis objetivos ahora son de promoción del ajedrez. Dirijo la escuela de la A.D. San Juan, El Huerto, San Cérnin y San Juan de la Cadena y quiero que el ajedrez llegue a más gente. Montar una escuela fuerte y que el ajedrez sea un referente. En ese sentido me siento muy identificado con Induráin, cuando cumplió sus objetivos deportivos se centró en la promoción del deporte. En alguna forma pienso algo parecido.

Hace dos años, en una entrevista para el Diario de Noticias, comentó que, "La cuarentena es un buen momento para que a la gente le pique el gusanillo". ¿Ha notado un incremento de interés en el público general?

–Durante el confinamiento, que coincidió con el lanzamiento de la serie Gambito de Dama, ya pensabamos que podía suponer un avance en el auge del ajedrez. Dos años después lo estamos notando. Donde antes teníamos diez alumnos, ahora tenemos cincuenta. Estamos viviendo una época dorada en el ajedrez.

¿El aumento de alumnos ha significado un aumento del nivel?

–Sin duda. Se puede decir que la cantera navarra es un referente a nivel nacional. Tenemos a Javier Habans que ha quedado varias veces campeón de España por edades y a otros dos chavales que han hecho varios podios en campeonatos nacionales. Estamos demostrando un nivel que nadie esperaría de una comunidad tan pequeña.

"En Navarra se está demostrando un nivel muy bueno y que nadie esperaría de una comunidad tan pequeña"

"Me siento reflejado en Induráin, cuando se retiró se dedicó a la promoción del deporte, pienso en hacer lo mismo con el ajedrez"

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