Los carteles proliferan en Pamplona y en otras localidades navarras. En antiguos comercios, en naves industriales, también en viejos pubs que fueron cerrando. Trasteros, self storage en inglés, el negocio de almacenar con comodidad y seguridad lo que ya no nos cabe en casa, lo que no necesitamos pero queremos guardar; las herramientas o los archivos del trabajo... Un sinfín de casuísticas que están impulsando un negocio rentable, del que participan fondos pero también pequeños inversores locales, que sigue creciendo en Navarra con nuevas aperturas y que, como tantas otras actividades, cuenta mucho sobre nuestro estilo de vida.

El mercado no deja de crecer en toda Europa. España, con dos millones de metros cuadrados destinados ya a este fin, se encuentra por detrás de Reino Unido, Francia y Alemania, si bien ya muy cerca de esta última, y con una ocupación media del 77%, según los datos de Fedessa, la federación europea de asociaciones del sector. Su último informe, publicado en octubre, retrata un sector en crecimiento, que incorpora soluciones tecnológicas para facilitar el uso, y bastante rentable, con un resultado bruto (margen EBITDA) que en el caso de España se aproxima al 40%. La renta media alcanza los 304 euros anuales por metro cuadrado.

En Navarra, el dinamismo del sector es elevado desde hace al menos seis o siete años, y se aceleró tras la pandemia. El desván, TodoKB, Storage Blue, Teguardo o Lock&Stock son algunos de los actores locales que han abierto instalaciones en los últimos años, aprovechando sobre todo antiguos locales comerciales que contaran con un acceso sencillo con coche. Grupos nacionales como Bluespace y Oh My Box también se han incorporado recientemente a un mercado que va agotando poco a poco los emplazamientos urbanos y que apuesta también por naves industriales, especialmente en zonas con mucha actividad económica. Solo en la Comarca de Pamplona hay una veintena de establecimientos.

Puertas metálicas en el interior de una empresa de trasteros. Iban Aguinaga

Nacido en Estados Unidos tras el regreso de cientos de miles de combatientes tras la Segunda Guerra Mundial, el sector se desarrolló de la mano del consumo al otro lado del Atlántico. Tardó en saltar a Europa, con Reino Unido como cabeza de puente, y desembarcó en España en los años 90, cuando la población vuelve a crecer con cierta fuerza de la mano de la emigración. “No da señales de disminución de ese crecimiento desde entonces”, explican desde la Asociación Española de Self Storage (AESS), quien considera asimismo que “el conocimiento por parte de los clientes ha ido en aumento debido a factores como la cercanía, la visibilidad de los centros ubicados en las proximidades de carreteras principales o lugares de alta circulación entre otros”. “Muchas personas y empresas —añaden— han descubierto en esta modalidad de servicio la solución a una necesidad”.

Por qué crece el negocio

Existen asimismo corrientes sociales globales y de fondo que explican el despegue de un sector aún relativamente emergente. La primera de ellas es el propio crecimiento demográfico: España está ganando alrededor de medio millón de personas al año, que necesitan espacio para vivir. En Navarra, el crecimiento poblacional es similar (1% anual), lo que se traduce en unas 6.000 personas al año y en un aumento en el número de hogares que no se acompasa con la construcción de viviendas, que resulta insuficiente. Cada vez más personas se ven obligadas por tanto a compartir vivienda y no disponen de espacio para guardar sus propias pertenencias.

La crisis de la vivienda no es ajena al despegue de este sector. No solo por su escasez, sino por su propio precio, que contribuye a reducir el tamaño medio de las viviendas que salen a la venta, adaptándose asimismo a la realidad de los nuevos núcleos familiares, que pocas veces pasan de los cuatro miembros. Somos menos en cada vivienda, pero sin embargo acumulamos un número creciente de cosas.

En un vistazo: El auge del almacenamiento en Navarra

  • Rentabilidad récord: El sector en España alcanza un margen EBITDA cercano al 40%.
  • Falta de espacio: La reducción del tamaño de las viviendas y el déficit de trasteros en barrios como San Juan e Iturrama disparan la demanda.
  • Nuevos perfiles: Nómadas digitales, deportistas y estudiantes universitarios consolidan un mercado que ya cuenta con una veintena de centros en la Comarca de Pamplona.
  • Tecnología: Para 2026, la gestión es 100% digital con accesos mediante aplicaciones móviles y videovigilancia 24/7.


La urbanización intensiva, con un volumen creciente de personas viviendo en ciudades, especialmente en grandes capitales, satura los centros urbanos, donde inicialmente se hace más visible la necesidad de nuevo espacio. Estos barrios céntricos son asimismo elegidos en muchos casos por trabajadores desplazados o nómadas digitales que quieren residir temporalmente en la ciudad y que encuentran en el trastero una extensión de su propia vivienda a un precio contenido.

Las cosas y el minimalismo

Vivimos asimismo en una contradicción. La globalización y el comercio electrónico han favorecido la adquisición de cosas, a veces de manera compulsiva; y, al mismo tiempo, fenómenos como Marie Kondo, la influencer japonesa apóstol del orden y el minimalismo, retratan una sociedad que busca espacios diáfanos y muebles ligeros en viviendas de 80 metros cuadrados. ¿La solución? Un trastero que no existe en casi todos los barrios construidos antes de los años 90.

El comercio electrónico, explican desde AESS, impacta asimismo en este negocio por varias vías. “Por un lado, los particulares tienen la posibilidad de vender a través de plataformas de segunda mano, pero mientras tanto necesitan espacio para guardar. Y hay asimismo pequeñas empresas de reparto especializadas en última milla que pueden guardar mercancía en entornos urbanos de forma segura y asequible”.

Inmobiliarias e inversores apuestan por este negocio. La rentabilidad final del negocio está impulsando la presencia de inversores inmobiliarios nacionales y también locales. Es el caso de Equalice, que mediante tokenización, permite invertir pequeñas cantidades y obtener rentas. Una de sus últimas apuestas es precisamente un negocio de trasteros ya en funcionamiento. Lo han adquirido, abonarán a los inversores rentas durante este año, y tienen ya cerrada la venta, a un precio superior al de compra, para dentro de unos meses. Un síntoma de las expectativas de crecimiento de este negocio.

El desarrollo tecnológico es otra de las palancas que, según CBRE, una de las consultoras inmobiliarias líderes del sector, está impulsando este negocio. En 2026, la mayoría de los centros de self-storage operan ya con acceso mediante aplicaciones móviles, videovigilancia 24/7 y gestión de contratos 100% digital. Esto reduce la interacción, ahorra costes y ha atraído a un público más joven y tecnológicamente nativo.

Estudiantes y rentabilidad en Pamplona

Todos estos vectores están impulsando en Navarra la actividad del almacenamiento, que encontró un terreno abonado en barrios de alta densidad y bloques de pisos de los años 60-70 (como en San Juan o Iturrama), que presentan un déficit crónico de espacio de almacenaje. Muchos de estos edificios no cuentan con trasteros originales en el sótano.

Te puede interesar:

Junto a ello, Navarra y sobre todo Pamplona cuentan con especificidades que añaden gasolina al negocio. La elevada tasa de actividad deportiva al aire libre (ciclismo, montañismo, esquí) incrementa la necesidad de trasteros para guardar material voluminoso que no cabe en pisos urbanos.

Además de ello, la capital de la Comunidad Foral cuenta con una población estudiante flotante de miles de personas, con un peso creciente del alumnado latino de alto poder adquisitivo. Esto genera una demanda estacional significativa, la de quienes alquilan pequeños espacios para dejar sus pertenencias durante los meses de verano o periodos de intercambio.