Por qué la educación financiera es diferente para hombres y mujeres
La brecha de género empieza por la manera en la que ambos se forman, una decisión que va a impactar directamente en sus competencias
Las cifras llevan años repitiéndose, pero no por ello dejan de inquietar. Cuando se pregunta por conceptos financieros básicos, las mujeres responden con más frecuencia "no sé". Así lo recoge la Encuesta de Competencias Financieras delBanco de Españay la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y la tendencia no es exclusiva de nuestro país, sino que también se observa en Estados Unidos o Alemania. La brecha de género en educación financiera existe y la pregunta es por qué.
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Un estudio reciente apunta a que el origen puede estar en algo tan aparentemente simple como la forma en la que hombres y mujeres deciden formarse. El trabajo, titulado Exploring gender differences in the financial literacy decision-making, ha sido elaborado por Elisabet Ruiz Dotras y Josep Lladós, investigadores del grupo Digital Business (DigiBiz) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Su objetivo es analizar qué vías de aprendizaje elige cada género y cómo esa decisión condiciona después sus competencias.
Diferente formación
La principal conclusión del estudio es clara y es que hombres y mujeres no se forman igual. Ellas optan mayoritariamente por recursos gratuitos como educación formal, formación en el lugar de trabajo o contenidos en internet. Ellos, en cambio, despliegan un abanico más amplio y están más dispuestos a pagar por cursos especializados, másteres o posgrados.
"Nuestro análisis apunta que los hombres están dispuestos a invertir en su formación, mientras que las mujeres se limitan a opciones gratuitas o al autoaprendizaje", explica Ruiz Dotras, profesora de los Estudios de Economía y Empresa. La diferencia no es menor y es que, en un entorno saturado de información, distinguir qué contenidos son rigurosos y cuáles no lo son exige una base previa; sin ella, seleccionar bien se convierte en un reto.
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Más allá del nivel educativo
El estudio, realizado a partir de la información aportada por 865 estudiantes, tutores y asesores académicos de la UOC -con presencia equilibrada de hombres y mujeres-, revela además otro dato significativo: incluso entre personas con formación universitaria, el nivel de conocimientos financieros es bajo y las diferencias de género son notables. No se trata, por tanto, de una cuestión exclusivamente ligada al nivel educativo general.
Del informe se desprende también otro elemento relevante: quienes emplean múltiples fuentes de aprendizaje tienden a alcanzar mayores niveles de competencia financiera. Es decir, diversificar la formación importa, y si uno de los géneros se mueve en un marco más limitado de opciones, la brecha puede ensancharse.
Toma de decisiones
Las consecuencias de esta formación van más allá de aprobar o suspender un test: "Hombres y mujeres tocamos dinero cada día. Entonces, ambos debemos tener conocimientos financieros y competencias que nos ayuden a tomar las mejores decisiones", subraya la investigadora. Sin embargo, en muchos hogares, las decisiones económicas de mayor calado -la compra de una vivienda o la solicitud de un préstamo- siguen recayendo mayoritariamente en los hombres.
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Una cuestión de seguridad
Esta desigualdad formativa impacta de lleno en la seguridad, en la capacidad de reaccionar ante un intento de fraude, en las posibilidades de emprender y en la confianza con la que se afrontan decisiones clave a lo largo de la vida. "Cuantos más conocimientos tengas, más vas a poder aprovechar las oportunidades. Sin información, vas a delegar las decisiones en otra persona", advierte Ruiz Dotras, y delegar implica asumir que quien decide puede no estar eligiendo lo más adecuado a tu perfil de riesgo o a tus necesidades reales.
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Reducir la brecha exige, según los autores, diseñar políticas que tengan en cuenta estas diferencias de partida. No basta con ofrecer programas supuestamente neutros, sino que es necesario considerar las estrategias de aprendizaje que adopta cada género y fomentar que las mujeres accedan a formación financiera de calidad, más allá de las opciones gratuitas.
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