pamplona. No ha sido fácil convencerle a Antonio Cancelo para que aceptase esta entrevista y analizar la crisis que atraviesa Fagor, bajo el argumento de que no conoce con precisión la situación por la que atraviesa el símbolo del movimiento cooperativo vasco. Sin embargo, su experiencia no solo al frente del Grupo Mondragon, sino como fundador de Eroski, hacen que sea un interlocutor clave para poder conocer en profundidad lo que ocurre en las empresas de economía social.
Para un expresidente de Corporación Mondragon, ¿qué supone que Fagor haya presentado un preconcurso de acreedores?
Fundamentalmente, una sensación de tristeza porque algo que ha sido tremendamente importante en el desarrollo del cooperativismo y que fue la base de la que se derivó todo su desarrollo posterior, se ve abocado a unas circunstancias difíciles en las que hay mucha gente que está sufriendo mucho. Es un sentimiento de pérdida y de tristeza porque algo se va, pero, a continuación, viene un proceso de reflexión que me lleva a decir que se van a volver a manifestar el empuje y la fuerza que ha demostrado este movimiento en las circunstancias más o menos adversas. Tengo la convicción de que dentro de unos años habrá proliferado un gran número de proyectos alternativos donde aquellos valores iniciales van a reverdecer.
Dentro de la Corporación se ha producido el cierre de cooperativas por no ser competitivas. ¿Qué diferencia existe con Fagor, su número de socios, el símbolo, etc?
Es verdad que los seres humanos estamos apegados permanentemente a los símbolos pero, desde mi perspectiva y situación actual, a mí el símbolo me preocupa menos. Me preocupan las consecuencias de una situación que afecta a un número muy importante de personas.
Usted, que ha dirigido Corporación Mondragon, ¿cree que es posible reubicar en el Grupo a 1.630 socios de Fagor Electrodomésticos?
Depende de la situación que tengan las cooperativas. De lo que sí estoy absolutamente convencido, porque conozco el espíritu de la casa, es de que habrá una voluntad rotunda para buscar el encaje a la mayor parte de las personas posibles. Ahí se muestra, una vez más, un principio de fortaleza del movimiento cooperativo de Mondragon, porque eso no pasa en el cooperativismo en general. La función de reubicación de los socios, que está perfectamente definida, ha funcionado siempre y, desde luego, ahora va a funcionar.
¿La crisis no está limitando esos mecanismos de intercooperación y solidaridad, cuando las propias cooperativas han rechazado la demanda de financiación de Fagor?
Está claro que la solidaridad tiene unos límites. Yo soy solidario contigo hasta el límite en que pongas en peligro mi pervivencia. No se puede ser infinitamente solidario porque, desgraciadamente, los recursos son limitados. Eres solidario desde el principio de la voluntad, pero en la cuantía tienes unos límites.
¿Esos mecanismos no fueron puestos en cuestión por las cooperativas Irizar y Ampo, que abandonaron la corporación en desacuerdo con las ayudas que se daban a Fagor Electrodomésticos?
En primer lugar, Fagor Electrodomésticos no tuvo que ver con esa situación, sino que fueron otras circunstancias, porque esas cooperativas participaban en las decisiones de ámbito estratégico y corporativo que se tomaban. Creo que la Corporación es ahora más necesaria que nunca. Otra cosa es que una cooperativa que tomó la decisión de irse le vaya bien, de lo que no puedo por menos que alegrarme. El tejido empresarial vasco en su conjunto está carente de estructuras similares a la Corporación Mondragon.
¿Quizás lo que ha fallado es que algunos creían que esos mecanismos eran permanentes?
Los mecanismos siguen siendo válidos y además no tienen final. Lo que tienen son limites. Los límites son la capacidad conjunta que existe sin poner en peligro al propio conjunto. Es la cuantía del problema la que hace que los instrumentos tengan límite.
¿Esta crisis tiene también su origen en la ausencia de medidas de corrección internas por parte de unos socios que sabían o deberían conocer la situación de la cooperativa?
Es la consecuencia del juego de ser simultáneamente socio y por lo tanto trabajador, y empresario. Ese es el drama. En una sociedad de capital, el drama habría estado en que los accionistas no habrían podido ampliar el capital y entonces la empresa hubiera abocado a una situación de dificultad. Cuando el mismo individuo ocupa la doble función se produce esa circunstancia. La situación no afecta a una entidad por el hecho de ser cooperativa, sino por el hecho de ser empresa. Esto conviene diferenciarlo con suficiente nitidez. No hay un problema de cooperativismo, sino de una empresa que está en un mercado maduro que ha sufrido deterioros de una gran cuantía desde hace cinco años. En esas circunstancias, cualquiera que sea la fórmula jurídica de la empresa hubiera producido consecuencias similares.
Entonces, ¿por qué los socios de Fagor se manifiestan contra la Corporación? ¿No es una protesta contra las decisiones que ellos mismos han tomado?
Hay que entenderlo. El drama humano es brutal. Son tantas familias las que se ven abocadas a una situación de incertidumbre que no les queda más que reaccionar de alguna manera. Reaccionan de la forma que tienen a su alcance. Yo comprendo perfectamente este tipo de reacciones de los socios. Tendría que haber un proceso racional muy frío el que llevase a manifestar esta contradicción. Es normal que estas cosas ocurran.
¿Tan negro está el futuro?
Sobre todo incierto. No sé la situación real, pero creo firmemente que se van a poner en marcha todos los mecanismos que tengan el conjunto de las cooperativas para paliar la situación al máximo posible.
¿Viendo como se comportaba el mercado no hubiera sido conveniente que Fagor Electrodomésticos hubiera dado un giro de 180 grados en su actividad?
Quién sabe. No me atrevo a decir nada porque los que han tomado las decisiones durante este tiempo tenían mucha más información de la que yo tengo. La caída del mercado ha sido tan brutal en tan poco tiempo que apenas te da tiempo para reaccionar. Hay que reconocer que Fagor ha hecho ajustes durante todo este tiempo. No se puede decir que no hayan reaccionado. Todas las actividades relacionadas con los hogares han sufrido reconversiones muy profundas.
¿El futuro pasa por seguir en la línea blanca o en dedicarse a otras actividades distintas?
No es un problema de Fagor Electrodomésticos sino de todas las empresas, sean o no cooperativas, que tienen que estar adecuando su oferta a la evolución del mercado. Cuando el mercado cambia y lo hace de forma tan brusca, y la demanda disminuye a un ritmo tan brutal, hay un momento en que parece que no hay capacidad de respuesta. Si en una planta se están haciendo lavadoras, difícilmente se va a poder hacer otro producto. Son procesos de una auténtica reconversión y para ello hace falta mucho tiempo.
¿Usted cree que Fagor Electrodomésticos seguirá en el futuro?
Espero que sí.
¿El aumento de tamaño con la compra de la francesa Brandt ha podido perjudicar a la cooperativa?
La adquisición de Brandt se podrá discutir ahora a posteriori, pero el principio que impregna esa apuesta es rotundamente válido. Las cooperativas y las empresas de capital que mejor funcionan en esta situación de crisis son las que abordaron los mercados exteriores con energía y éxito. Que había que hacer un desarrollo exterior es absolutamente evidente. De hecho, hoy en día, las cooperativas que tienen más fortalezas son las que están en los mercados exteriores, incluso, aquellas, que se salieron de la Corporación.
¿Pero el problema es que hubo que digerir una empresa que era igual y a un precio desorbitado?
Si el mercado no hubiera caído al ritmo que lo ha hecho no estaríamos hablando del problema de Fagor Electrodomésticos. Habrá otra serie de razones aleatorias, pero, la razón fundamental y la que explica el problema de Fagor, es la caída de los mercados.
En una cooperativa, ¿qué es lo que prima más, la gestión de la empresa o el mantenimiento del empleo?
Es que no hay un antes y un después. Si el mercado pide reducir las plantillas para ajustarse a la demanda existente habrá que hacerlo, porque si no se hace, lo que se pone en peligro es todo el empleo. Otra cosa es que seamos suficientemente inteligentes como para poder mantener retribuciones adecuadas dentro del mercado en el que estamos y competir porque seamos más eficientes. Es decir, conseguimos más outpout con menos input. Esta es la cuestión. Ello exige procesos organizativos de trabajo inteligente que consigan equilibrar ambos aspectos. Hay que equilibrar las variables económicas con las sociales. Si no se hace ese equilibrio, se pone en peligro el proyecto.
¿Se está poniendo en cuestión que la crisis de Fagor Electrodomésticos tiene que ver con la prevalencia del individualismo frente a los valores del cooperativismo?
Nunca lo he vivido de esa forma. Además, tuve debates importantes en la época en la que yo era presidente de la Corporación. Los valores no han tenido nunca tanta virtualidad como en las últimas épocas porque se han institucionalizado. ¿Qué valores se han perdido? ¿El valor de la propiedad comunitaria, el de la distribución de beneficios en función de la aportación de cada uno al trabajo, el del compromiso retributivo solidario, el de la capitalización...? ¿Cómo se pueden decir que se han perdido los principios cuando en las cooperativas de Mondragon nadie se enriquece a título individual y hay gente comprometida en todo los ámbitos y, en particular, en el directivo, que tienen unas retribuciones más bajas que en el mercado?