Antonio Feligreras, transportista navarro en Reino Unido: "El pueblo inglés ha sido solidario al repartirnos comida durante esta semana"

Empleado de Transportes Oteiza, regresó el martes a Navarra y pudo pasar la Nochevieja con su mujer e hija

31.12.2020 | 15:41
Una pareja inglesa reparte comida a los transportistas desde un puente.

El transportista navarro Antonio Feligreras regresó este martes 29 de diciembre a su casa de Zizur Mayor, después de "la pesadilla", como él califica, que ha sufrido la última semana en Reino Unido.

El domingo 20 a eso de las 23.00 horas llegaba a las Islas con brócoli de Ribaforada para descargar en Maston, con la intención de regresar a Navarra antes de Nochebuena y comenzar unas semanas de descanso. Sin embargo, todo se truncó cuando Francia decidió cerrar las fronteras al detectarse una nueva cepa de la covid en Reino Unido.


Antonio Feligreras, en su camión aparcado en las instalaciones de Transportes Oteiza. Patxi Cascante

Miles y miles de camiones quedaron atrapados en tierras inglesas con la incertidumbre de qué iba a suceder. Este empleado de Transportes Oteiza decidió trasladarse a un área de servicio habilitada para ellos, en la que pagan 22 euros diarios por ocupar una plaza en el aparcamiento.

Allá coincidieron unos 50 transportistas de diferentes nacionalidades, y entre ellos había dos españoles: "Uno de Murcia y otro de Crevillente (Alicante), este último era un veterano de la conducción ya que nos contó que tenía 69 años y que continuaba activo por mantenerse ocupado. Estos días he convivido con ellos, y gracias al compañero murciano he podido tomar café caliente todos los días para desayunar. El resto de comida siempre estaba fría", relata.

Esa área de servicio disponía de restaurante, pero se mantenía cerrado por las restricciones derivadas del coronavirus. "Solo podías usar el aseo y el servicio de ducha. El miércoles 23 antes de abandonar esta zona de descanso, pude ducharme por última vez hasta el domingo 27", recuerda Antonio, de 49 años.

Francia anunció la víspera de Nochebuena que levantaba las restricciones, momento en que estos tres transportistas se incorporaron a una carretera comarcal para intentar acceder a la autopista que les llevara al Eurotúnel o al puerto de Dover. Ese miércoles 23 se encontraba en localidad de Lympne (Ashford) en el condado de Kent. "Me costó cubrir los primeros seis kilómetros seis horas. Y después de doce horas, sobre las once de la noche, alcancé a la autopista", relata Antonio, que desde 1996 trabaja en Transportes Oteiza.

NOCHE BUENA EN LA AUTOPISTA: "FUE RARO Y TRISTE"


No pudo celebrar la Nochebuena con su mujer e hija: este año se encontraba a unos 800 kilómetros de Navarra. "Viví una noche rara y una cena triste en la cabina del camión. Hablé a través de videollamada con ellas", confiesa Antonio. Tanto la Cruz Roja francesa como empleados de la cadena de comida rápida Domino's se acercaron hasta la autopista para repartir comida. "La Cruz Roja entregó un menú compuesto por un sándwich de jamón de York, paté, panecillos, yogur y agua; y los empleados de Domino's distribuyeron una pizza a cada uno", cuenta agradecido.


Kit repartido por Cruz Roja francesa a los transportistas. Cedida

Apenas durmió ya que cada cuatro horas las autoridades avisaban a los transportistas para que movieran el camión unos 400 metros cada vez. "Estuve prácticamente en vela. A las 3.30 nos despertaron para conducir unos metros y a las 7.30 de nuevo", rememora.

El día de Navidad continuaba en la autopista con el resto de compañeros. "A las 16.15 volvimos a avanzar y yo me quedé parado en un puente. El pueblo inglés se solidarizó con nosotros, y una persona me indicó que debajo de aquel viaducto estaban ofreciendo víveres", comenta.


Ingleses reparten de manera desinteresada comida a los transportistas de la autopista. Antonio Feligreras.

Antonio se acercó al sitio indicado, donde le dieron "un sándwich, un poco de fruta, barritas de chocolate, una especie de tarta casera y una botella de vino", enumera. También compartían medicinas, pero "como de eso ya tenía en el camión, no cogí", especifica. Todo esto ocurrió en Ashford-Maidstone.

En otra parte de la autopista, le tocó esperar debajo de un puente, y desde allí una pareja utilizaba una cuerda para descender una cesta con alimentos. "Ha habido mucha implicación de estas personas anónimas", reconoce Antonio, que finalmente pasó en la autopista desde la noche del 23 hasta la tarde del domingo 27. "¡Una distancia que normalmente cubro en un intervalo de entre 30 y 40 minutos, me costó cuatro días!", exclama.

Las autoridades inglesas colocaron baños portátiles, pero sin duchas. "Desde la pandemia, instalé en el camión una garrafa de 20 litros de agua, con grifo. Gracias a ella he podido, aunque sea, lavarme la cara y los dientes", especifica Antonio que suele realizar muchas rutas a Reino Unido durante el año.

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LA PRUEBA DE LA COVID: "EL TEST NOS LO HACÍAMOS NOSOTROS"


Todavía en la autopista, el sábado 26 los militares se acercaron hasta donde se encontraba Antonio para repartir las pruebas contra el coronavirus. "Cada soldado se encargaba de dos transportistas. Nos facilitaba el kit con el que teníamos que hacer el test, y debíamos esperar a que regresaran para comprobar el resultado que tenía una validez de 72 horas: una raya, negativo; y dos, positivo. En una hoja apuntaban nuestra identificación y la fecha, hora y resultado antes de que nos la entregaran", explica. Además, estos soldados repartieron comida: "Arroz y garbanzos. Agradecí comer caliente", destaca.

Ya el domingo 27 a la mañana pudo recorrer diez kilómetros "de un tirón", hasta que se paró nuevamente. La siguiente vez que arrancó el camión ya cubrió los últimos 20 kilómetros sin retenciones hasta el Eurotúnel. "Compré el billete para el tren y a la tarde ya estaba en Francia.

Allí me dirigí a un área de servicio para cumplir las horas de descanso, y por fin me pude duchar", repite. Ya el lunes aproximadamente a las siete de la mañana se dirigió a una empresa para cargar patata congelada que entregó en Burdeos el martes. "De allí puse dirección Pamplona", narra Antonio, que aparcó aquella tarde el camión en las instalaciones de Transportes Oteiza en el polígono Comarca II.

Así concluye la historia de este transportista que relata desde su casa de Zizur Mayor durante sus merecidas vacaciones. "Disfrutaré de la Nochevieja con mi mujer e hija, y espero que 2021 termine con este virus", desea.